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Miércoles, 3 de marzo de 2021
Ciudad Rodrigo al día

Camino hacia el precipicio

Mi pueblo, Villar de Ciervo, contaba con 1.368 habitantes en el año 1950, mientras que en 2019 había parado el contador en unos paupérrimos 278

¿Hace cuánto no escucháis hablar de la “España vaciada”?

En época de campaña electoral, raro es el día que no veamos alguna noticia en los telediarios o en la prensa sobre la despoblación en nuestros municipios más pequeños. Estamos hartos, también, de escuchar como los políticos de todos los partidos se deshacen en elogios hacia los pueblos, y ponen toda la carne en el asador para revertir esta problemática. ¿Cuánto persisten sus plegarias? ¿Un mes? ¿Dos? Ya se lo digo yo, señora; lo que tarde usted en meter la papeleta en la urna. Luego, amén.

Esta semana, mientras leía el libro El Águila, la dura vida de los campesinos, del párroco Estanislao Barrio Montes, he podido tomar conciencia de la verdadera realidad de todos estos pueblos que hoy en día siguen luchando para que sus caminos hacia el precipicio de la despoblación sean mucho más largos de lo que se espera.

El autor, a través de esta obra de teatro publicada, nos cuenta la ajetreada vida de una familia rural, humilde y campesina, que a través de unos diálogos rápidos y con un cierto toque de humor, pretenden inculcar al lector una enseñanza sobre los problemas del campo de antaño y los actuales, que aunque sean distintos en muchas ocasiones, también guardan ciertas similitudes con aquellos. En muchas de sus páginas se cuenta esa lucha generacional en la familia, que refleja la búsqueda, por parte de los integrantes más jóvenes, del camino que les lleve hacia nuevas libertades, hacia nuevos horizontes y lugares.

En los primeros compases del libro vienen especificadas las cifras de población de algunas localidades de la comarca, en referencia a los años 1950, 1970, 2010 y 2019. Extraigo una única conclusión: el hundimiento demográfico es demoledor. Mi pueblo, Villar de Ciervo, contaba con 1.368 habitantes en el año 1950, mientras que hace apenas dos, en 2019, había parado el contador en unos paupérrimos 278.


¿Por qué esta caída tan abrupta? La respuesta parece simple. Falta de oportunidades a nivel laboral, menores expectativas de vida y recursos culturales, sociales y económicos muy limitados. Ahora bien, llegan los meses de verano y las calles de los pueblos se llenan de gente, multiplicando su número de forma exponencial. La gran mayoría de esas personas comparte expresiones similares a las siguientes: “como el aire que se respira aquí, en ningún sitio”, “¡por fin puedo ver las estrellas al mirar hacia el cielo!”, “¡qué tranquilidad, viviría aquí para siempre!” … Entre otras muchas.

Eso en agosto. En septiembre la cosa cambia por completo y regresamos a las grandes ciudades en busca de nuestros trabajos, desvalijando de nuevo los pueblos  y no volviendo a escuchar la expresión “España vaciada” en mucho tiempo, a no ser que ese año toquen elecciones. En ese caso se escucha y mucho, ¡ya lo creo que sí!

Lo que nos cuesta entender es que algún año puede que lleguemos al pueblo y éste ya no esté, o al menos no como lo recordábamos. Entonces, y solo entonces, tomará efecto el dicho de “no sabemos lo que tenemos hasta que un buen día lo perdemos”.

Nos leemos el próximo domingo por aquí o, hasta entonces, en Instagram (@rubenjuy) y en Facebook (Rubén Juy)