Las Arribes al día

Yecla de Yeltes, los caminos del agua

Recorrido por algunos de sus elementos etnográficos ligados al líquido elemento, y estado que presenta el río Huebra a su paso por el puente de siete ojos

Las lluvias de estos días embellecen los pueblos de las Arribes, todos ellos surcados por arroyos y regatos mil que buscan la pendiente del terreno, para entregar a los ríos lo que la tierra recibe en exceso, un acto recíproco entre el cielo, la tierra y los ríos, y en el que el agua se erige como elemento fundamental para la vida.

Además de por su historia, y por estar en posesión de los restos de la cultura vetona mejor conservados de Europa, Yecla de Yeltes también tiene su encanto en torno al agua. Aunque desaparecidos sus molinos y hasta un batán, como documenta Madoz en su famoso Diccionario Geográfico, Yecla de Yeltes suma estos días un nuevo encanto.

Ver discurrir el agua en el regato que acaricia su casco urbano y descubrir junto a él los antiguos lavaderos, uno de los caños que dieron de beber a sus gentes y a su ganado, junto con dos pequeñas puentes de piedra para cruzarlo, hace que nuestra mente regrese unas cuantas décadas atrás y ponga personajes a cada uno de estos rincones, también a los potros para el herraje de vacas y caballerías.

Pero además de sus arroyos, los vecinos de Yecla de Yeltes tienen el privilegio de vivir rodeados por dos ríos, el Huebra y el Yeltes, pues no en vano ambos juntan aquí sus aguas con el término también de Bogajo. Y aunque el Yeltes fue el río principal hasta hace 200 años, el Huebra, no se sabe muy bien por qué, ganó la batalla en los libros y mapas de geográficos, dejando al Yeltes en un segundo plano y huérfanas a dos de las localidades que llevan su nombre de apellido.

Precisamente, otro de los puntos de interés, además de la antigua fábrica de harinas en su pedanía de Gema de Yeltes, es el puente de los siete ojos, construcción que se asienta ahora sobre el curso del Huebra, solo uno pocos cientos de metros por debajo de la unión de los dos ríos y donde estos días se observa la fuerza el agua, capaz de mover a más de una docena de molinos que se ubicaban en su curso hasta su desembocadura en el Duero, entre Saucelle e Hinojosa de Duero, y de los que hoy solo quedan sus ruinas. 

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