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Lunes, 1 de marzo de 2021
Ciudad Rodrigo al día

La pérdida de las parroquias de Ribacôa

Segundo capítulo de la serie de José Ignacio Martín Benito ‘Las acometidas contra la Diócesis de Ciudad Rodrigo, una constante histórica’

Desde finales del siglo XII y principios del XIII hasta el siglo XV las tierras hoy portuguesas de Ribacôa pertenecieron a la diócesis de Ciudad Rodrigo. Es este un territorio que va desde el nacimiento del curso alto del río Côa hasta su desembocadura en el Duero. Integraba las villas de Sabugal, Alfayates, Vilar Maior, Castelo Bom, Almeida, Monforte, Castelo Rodrigo y Castelo Melhor, con sus respectivas aldeas y parroquias.

Con la repoblación de Ciudad Rodrigo en 1161 y su elevación a diócesis, el reino de León pretendía disponer de una plaza adelantada en la frontera con Portugal y establecer así una cabeza de puente hacia el control del oeste, esto es, hacia Riba Côa. La disputa entre Portugal y León por este territorio se inclinaría finalmente del lado leonés. Los dos centros colonizadores más importantes fueron el monasterio de Santa María de Aguiar, cerca de Castelo Rodrigo, y el San Julián del Pereiro, sito en las cercanías de la actual Cinco Vilas y que, con el tiempo, daría lugar a la orden de Alcántara.

Los obispos de Ciudad Rodrigo actuaron como agentes políticos en el control de la Ribacôa. Alfonso IX de León confió la defensa de la frontera al obispo Martín. En 1191, estante en Ciudad Rodrigo, le confirmó los términos que su padre Fernando II había asignado al obispado, entre ellos la heredad de la Torre de Aguiar, la ciudad de Caliabria y Vermeiosa, todas ellas en la Ribacôa Al tiempo entregó numerosas posesiones y castillos a la iglesia de Ciudad Rodrigo y a su obispo Martín. Tres de estos castillos estaban en territorio ribacudano: el de Almeida, el de Alfayates y el de Abaroncinos.

Sentadas las bases, entre 1200-1230 la corona leonesa comenzó la labor repobladora con la creación de varios concejos. Castelo Rodrigo y Sabugal se desgajaron del de Ciudad Rodrigo y, dieron lugar, a su vez a los de Alfayates, Vilar Maior, Castelo Bom, Almeida y Castelo Melhor. De este modo, Ribacôa quedaba integrada en el reino de León y en la diócesis de Ciudad Rodrigo. De hecho, en la catedral civitatense, una de las dignidades era la del arcedianato de Sabugal.

A finales del siglo XIII el territorio ribacudano fue girando y prestando homenaje a D. Dinis de Portugal, de modo que cuando se firmó el Tratado de Alcañices en 1297 pasó a integrarse al reino portugués.

No obstante, a pesar del cambio en la soberanía política y de su integración en el Reino de Portugal, Ribacôa siguió dependiendo eclesiásticamente de la diócesis de Ciudad Rodrigo hasta principios del siglo XV, cuando pasó a integrarse en la diócesis portuguesa de Lamego.


En pleno Cisma de Occidente (cuando había dos papas en la Iglesia católica) la corona de Castilla -desde 1230 unida a la de León- se sustrajo a la obediencia de ambos pontífices. A partir de 1384 la diócesis de Ciudad Rodrigo vivió también su particular cisma, llegando a tener dos obispos, Gonzalo y Rodrigo. El primero siguió las tesis oficiales del reino, mientras que el segundo, que seguía el partido romano, se retiró a Portugal. Como respuesta, Roma entregó la diócesis de Ciudad Rodrigo en encomienda al priorato del monasterio de San Vicente de Fora de Lisboa.

La retirada de la confianza castellana a Benedicto XIII será aprovechada por el rey de Portugal para pedir al papa Bonifacio IX la expedición de una bula para que desmembrara de la diócesis de Ciudad Rodrigo los territorios que ésta tenía dentro de los límites del reino portugués. Y así, el 3 de julio de 1403 el papa de Roma por la Bula Eximie devotionis sinceritas separará de la diócesis de Ciudad Rodrigo los bienes y tierras que ésta poseía en Riba Côa, anexionándolos a la diócesis de Lamego.

 Se aprovecha así la crisis del Cisma de Occidente, y de la desobediencia a Roma por parte de Castilla, para justificar la separación. La bula tenía un marcado contenido político. Se expedía a petición de los reyes portugueses D. Joâo I y Dª Filipa, los cuales querían poner bajo dependencia eclesiástica de su reino unos territorios que ya eran políticamente portugueses desde finales del siglo XIII. Se aprovechaba, asimismo, la coyuntura de la administración apostólica de Lamego sobre Ciudad Rodrigo. En efecto, muerto el obispo civitatense D. Rodrigo, la diócesis fue administrada entre 1403 y 1408 por el prelado de Lamego.

Finalmente Sixto IV confirmó la desmembración de los territorios portugueses del obispado de Ciudad Rodrigo por bula de 21 de junio de 1481.

De nada sirvieron las reclamaciones para que la Ribacôa retornara a la diócesis civitatense. Lo hizo el obispo Alfonso de Paradinas (1469-1485). También lo pidió Martín de Salvatierra (1591-1604), aprovechando la unión de Portugal a la Monarquía católica de los Austrias. Ambas reclamaciones resultaron infructuosas.

Pese a la pérdida de las tierras y parroquias de la Ribacôa, la diócesis civitatense se repuso del mazazo y se preparó para encarar el siglo del Renacimiento, uno de los más fecundos en la historia de su obispado.

Próximo capítulo:

(III) La supresión del obispado a mediados del siglo XIX y su anexión a Salamanca