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Domingo, 7 de marzo de 2021

“La sociedad que venera al cuerpo se condena a la decadencia del alma”

Hoy estamos aquí, no para otra cosa, que para dar un mensaje de aliento y esperanza en tiempos convulsos. Hoy no estamos aquí por lo que somos, sino por lo que seremos. Estamos aquí por ellos, por nuestros mayores. Déjanos recordarte, querido lector, que nadie se escapa del paso de los años… 

Hoy queremos hablaros con el corazón en la mano y nuestra pretensión de que estas letras no queden en el olvido. Queremos ser el aliento de los que lucharon y asintieron, de aquellos que trabajaron toda una vida y a duras penas para crear el estado de bienestar del que hoy gozamos, lleno de derechos y libertades. Ellos sufrieron en sus carnes una guerra y sus vestigios y levantaron un país, a la vez que criaban a nuestros padres en una educación y unos valores. Hoy nuestro homenaje es para ellos, que en los últimos meses se han mostrado luchadores más que nunca, aun sabiendo que su colectivo era el más vulnerable en plena pandemia. En muchas ocasiones nos han dado a la población joven un ejemplo de entereza. 

Al final todos sabemos lo que es ver a esa abuela, ese abuelo, vecino o tío con la tristeza en los ojos y la incertidumbre en un rostro que sufre la huella de los años. No podemos negar que hemos visto el terror en su rostro, su mirada de tristeza y el ánimo decaído. En muchos casos esa pérdida de movilidad fruto de un confinamiento extremadamente largo, esa pérdida de memoria en algunos casos menos acusada, pero, sobre todo, hemos visto lo necesario que era, no solo para ellos, sino también para nosotros, SOCIALIZAR.  

Ese término de diez letras, cuatro sílabas, que poco apreciábamos antes y cuyo significado hemos descubierto en los últimos tiempos. Esa necesidad de sentirnos comunidad, de sentirnos parte de algo, queridos, escuchados y amados. Las labores de Cáritas con este colectivo no empiezan ahora, ya que desde su programa de mayores lleva muchos años atendiendo a estas personas a través de unos servicios que facilitan su vida ofreciéndoles apoyo en las parroquias y proporcionándoles una seguridad mediante una serie de actividades para evitar el deterioro físico y mediante unos talleres para conseguir mantener o recuperar su autonomía personal.  

Además, durante el último confinamiento decretado por el Gobierno hace un mes, los voluntarios que participan en este programa se han encargado de continuar su labor mediante el acompañamiento telefónico para escuchar y atender las necesidades básicas de los mayores: compra de alimentos y/o medicamentos, apoyo emocional, asesoramiento a familiares… Una de estas voluntarias nos ha asegurado que: “el hablar con ellos, el escucharlos cada semana, ha sido para mí una experiencia positiva y enriquecedora”.  

Sin duda, es el momento de dar a conocer la realidad de las personas mayores y estar a su lado ahora más que nunca.  

María Regadera Martín y Estela Martín Sierra