Vacunas, pillaje y malquedas

Hace un mes dábamos a esta columna el titular de “Vacunas de esperanza” con toda la ilusión y felicidad que ello comportaba, dada la situación que teníamos de la pandemia y que nos sigue embargando. Llegaron las vacunas y con ellas la esperanza de recuperar nuestras vidas, en lo más parecido a lo que eran antes.

Lástima que ese atisbo de felicidad haya venido a menos en este mes calamitoso, debido a la explosión e intensidad de la tercera ola, la aparición de nuevas variantes del coronavirus, los listillos y los malquedas.

Una tercera ola que se ha hecho larga y amarga. Alcanzando y superando algunos de los parámetros más negativos habidos durante toda la pandemia, debido a las consecuencias de la apertura y relajamiento por las fiestas navideñas, junto con la llegada de nuevas variantes del coronavirus más agresivas.

Motivo de preocupación especial es la llegada de la mutación o variante británica, que ya supone alrededor del 10% de los infectados en España. La británica, junto con las también nuevas variantes sudafricanas y brasileña, se caracterizan por ser de más fácil y rápida expansión, más dañinas, capaces de infectar de nuevo a personas que ya han superado la Covid. Son más resistentes a las vacunas, hasta seis veces inferior es el efecto de las vacunas en estas variantes, aunque, según los fabricantes, las vacunas siguen teniendo una alta protección.

Frente a un plan nacional de vacunación razonablemente bien concebido y consensuado con las comunidades autónomas, comenzaron los primeros fallos debido a la diferente atención prestada y disponibilidad de medios según qué comunidad autónoma. Así, mientras que unas inyectaron el 85% de las dosis recibidas, otras estaban en el 6%, una desigualdad que, cuando menos, generó debate, desconfianza y malestar en la ciudadanía. A estas alturas, la situación parece reequilibrada y se han aplicado el 91% del total de las dosis recibidas.     

A pesar de la existencia de protocolos claros y concretos para los procesos de vacunación, la picaresca española se ha hecho presente. Siempre hay algún listillo que intenta sacar provecho de su posición y con prepotencia o abuso de poder, se salta los protocolos, las lista convenidas con el orden de colectivos para la vacunación. Son pillos que estando cercanos o en contacto con las dosis de la vacuna van y se la ponen, pasando por delante, quitándosela a otro con mayor riesgo y que le tocaba antes que a ellos. Un pillaje que ha llegado hasta la desaparición de algunos viales. Son los aprovechados, ventajistas sin escrúpulos, faltos de toda ética y de amor al prójimo. Comportamientos censurables desde todo punto de vista.

Tampoco faltan los malquedas. Esos que no cumple lo pactado o que faltan a su deber, olvidándose de la ética empresarial. Con estupefacción e indignación, asistimos al deplorable espectáculo de los laboratorios que por contrato se comprometieron a suministrar una determinada cantidad y ahora cambian a suministrar otra menor, anunciando alguno de ellos que se quedarán en la mitad de lo convenido. Es inconcebible que pueda darse un indicio de especulación, cuando millones de personas tienen puestas sus esperanzas de vida en esas vacunas.

Este retraso en el suministro y otros errores que, además del coste de vidas humanas, tiene un importantísimo coste económico para Europa y que alguna consultora ya ha estimado próximo a los 100.000 millones de euros. No cabe ninguna duda de que la emergencia sanitaria está determinando la economía. Si no hay salud, si no se controla el virus, no habrá crecimiento económico, ni empleo ni bienestar. Por eso, el retraso de más de un mes que lleva Europa con las vacunas, puede tener ese alto costo, si no se corrige a tiempo.

La situación pone de manifiesto la falta de investigación propia y de un tejido productivo lo suficientemente potente en el área de las vacunas y eso requiere más inversión en Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+I), especialmente en España. El Centro Nacional de Biotecnología (CNB) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CESIC), tiene asignada una dotación de seis personas, frente a más de cien que tienen otros laboratorios que ya han comercializado la vacuna.

A pesar de todo, las dos vacunas que investiga el CNB y la que investiga el Centro de Investigaciones Biológicas (CIB) son de nueva generación. Según los expertos, este remedio nacional será el único que impediría tanto la transmisión del virus como su desarrollo celular en el cuerpo. Se prevé puedan ser testadas en personas este mismo año, para evaluar la seguridad y eficacia de las mismas.  

Hasta el momento, en España solo se producen vacunas veterinarias. Sería bueno y hasta necesario por su importancia para la salud ciudadana y el desarrollo del país, que se avance en la configuración y puesta en marcha de un proyecto que genere una cadena que vaya desde la investigación a la producción de vacunas, en aras de estar preparados para dar respuesta propia a futuras pandemias que, lamentablemente llegarán. Limitando así el campo de actuación a los pillos, listillos y malquedas.

Les dejo con “El Arrepentido” de  Melendi y Carlos Vives

                                                                                                    Aguadero@acta.es