No bajar la guardia

Hay gente que dice haberse acostumbrado al uso de la mascarilla, incluso son “expertos” en sus distintos modelos y usos. Son muchos los que afirman llevar bien los innumerables lavados de manos, el hablar con los demás a 2 metros de distancia, el hacer colas fuera de los establecimientos para comprar el pan o la fruta, el pagar con la tarjeta de crédito para no tener intercambiar dineros, el estar en casa antes del toques de queda, y cada vez más tempranero, También otras muchas rutinas necesarias para intentar frenar la expansión de un virus que hace ya un año se instaló entre nosotros. Bueno, pues bien está, ya que a la fuerza ahorcan, y los seres humanos terminamos por adaptarnos a las cosas más insólitas pero yo, tengo que confesar, que no logro acostumbrarme.

Y que me dicen de eso de escuchar con normalidad las numerosas y variadas regulaciones sobre movilidad, grupos de convivencia, distancia social, horarios, etc.; que cada día nos hacen llegar desde ayuntamientos, comunidades, secretarías de estado o ministerios. Unas regulaciones, en muchos casos, casi incomprensibles cuando no contradictorias que la mayoría intenta respetar, aunque también hay quienes de manera intencionada no lo hacen, como los covidiotas de siempre. Igualmente, es ya costumbre la presencia de expertos, y muchos presuntos expertos, nacionales y extranjeros que nos dan consejos de todo tipo, que hoy dicen blanco y mañana dicen negro, sembrando peligrosas dudas. ¿Qué tipo de mascarilla debo llevar para ir a comprar? ¿Y para ir al Centro de Salud, al colegio o la Universidad? Si voy de caza y, andando andando, me salgo de los límites de la comunidad autónoma pero estoy federado ¿me podrán multa los guardias forestales o no? ¿Debo seguir lavando con lejía las compras que hago cuando llego a casa? Si se me pincha una rueda y cambiándola se me pasa el toque de queda ¿quién me hace un justificante?

Pero mucho más preocupante que todo esto es que nos estamos acostumbrando a los partes diarios sobre nuevos contagios y muertes en hospitales y residencias. Sobre la saturación del Sistema Sanitario y el cansancio de sus profesionales, sobre el incumplimiento de contratos de las farmacéuticas para suministrar las vacunas comprometidas porque se las venden al mejor postor. Pareciera que empezando a escuchar todo esto como si se tratara del parte meteorológico y eso sí es alarmante. Y lo es, porque nos hace confiarnos y bajar la guardia, empezar a percibir como normal una situación que es extraordinaria y que podemos superar si permanecemos alerta.

¿No hemos aprendido nada de lo sucedido por intentar salvar el verano, por intentar salvar las Navidades?... ¡Y se está empezando a hablar de salvar la Semana Santa! Increible.

Los seres humanos tenemos esa peligrosa creencia de ser inmortales, invencibles ¡eso no me pasará a mí!, hasta que la vida nos lanza violentamente contra la pared nos aprieta con fuerza el cuello y mirándonos a los ojos nos dice ¿Tú de que vas? El diagnostico de una enfermedad inesperada, la muerte de un padre, una madre, un hijo, el suicidio de un buen amigo, la quiebra económica o un despido injusto, un accidente que nos deja parapléjicos o ciegos, el fin violento de una relación sentimental, una pandemia o las dramáticas consecuencias de un terremoto o una lluvias torrenciales, etc.; son sólo algunas de las mil cosas, que nos hace tomar conciencia inesperadamente de nuestra enorme vulnerabilidad.    

Y mientras esto sucede por estas tierras privilegiadas, 9 de cada 10 personas que viven en países de escasos recursos no se vacunarán en 2021, tendrán que esperar al 2022, 2023, 2024… hasta que les lleguen los excedentes, es decir las dosis que les sobren a los países con más recursos económicos.

India, Sudáfrica y otros 100 países con capacidad tecnológica para fabricar vacunas Covid19, han propuesto a las farmacéuticas que de forma voluntaria y temporal liberen las patentes - unas patentes, no lo olviden, fruto de una investigación financiada en un 80% con dinero público – de esta manera se podría disponer de todas las dosis necesarias, pero de momento no hay respuesta. ¿Sería posible hacer esto? Pues claro que sí, es cuestión de voluntad social y política, aunque esto es algo que escasea en nuestras sociedades.

El filósofo y teólogo alemán Sören Kierkegaard, escribió: “La vida sólo puede ser vivida mirando hacia delante, pero sólo puede ser comprendida mirando hacia atrás” Por cierto, esta frase la pronunció hace unos días durante una entrevista Antonio Banderas, pero sin citar a su autor, es sólo por aclarar.

Por si quieren ampliar información:

https://www.facebook.com/saludporderecho/videos/328483038488272