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Lunes, 1 de marzo de 2021
Ciudad Rodrigo al día

Resistir y ganar: La Diócesis Civitatense en la encrucijada

El presidente del Centro de Estudios Benaventanos escribe un artículo sobre la situación que vive la Diócesis

Según datos del INE, a 1 de enero de 2020 la población de Ciudad Rodrigo ascendía a 12.261 habitantes, 83 menos que el año anterior. Entre 1900 y 1981 la ciudad mantuvo un crecimiento lento pero sostenido hasta alcanzar los 15.534, desde entonces el desplome demográfico ha sido continuo. Aun así, Ciudad Rodrigo es la única ciudad de la Raya de cierta importancia entre Tuy y Badajoz, solo comparable a Verín, también en retroceso demográfico. En cualquier caso, no existe ninguna otra que se le aproxime en todo el costado occidental de Castilla y León que mantenga un tono urbano y unos servicios que atienden a una tierra cada vez más deprimida, como toda la Raya, más bien una franja casi lunar, salpicada de carrascas, uranio y grabados rupestres.

Si Ciudad Rodrigo existe y resiste es gracias a disponer de una diócesis y obispado que ha vertebrado su tierra durante cerca de 900 años dándole firmeza económica, resuello intelectual y prestigio ciudadano.

Hoy la ciudad y sus gentes están de nuevo en peligro como lo estuvieron en el siglo XII, a lo largo de buena parte del XIX y XX y entre 2002 y 2003.

Dos años sin obispo–llueve sobre mojado– y los rumores de que acabará, otra vez, siendo regida desde Salamanca -que desde su origen en 1161, siempre se opuso a la existencia de la mitra- no son buenos presagios. Si hacemos memoria ¿cómo no van a estar alerta los civitatenses?

La historia de este territorio está ligada a la repoblación leonesa y a la creación de la diócesis por Fernando II, solo normalizada en 1175. Pequeña, fronteriza, apartada, la vieja “Sede” ha sufrido guerras y asedios, largos periodos de sequía demográfica y despojos territoriales en beneficio de Salamanca, Lamego y Coria. Y siempre se ha repuesto.


La situación más difícil arranca con el siglo XIX (sede vacante entre 1810 y 1814). Con el Concordato de 1851 la diócesis desaparece y se anexiona a Salamanca y solo una centuria después en 1949 se restituye la mitra que se ha mantenido ininterrumpidamente 70 años. Con un pequeño hiato amenazador entre 2002 y 2003, que movilizó a instituciones y gentes hasta el nombramiento de don Atilano Rodríguez Martínez.

Volvemos a las andadas, 2019-2021, dos años en blanco y lo queremos morado, el color episcopal. Ciudad Rodrigo necesita un obispo titular, exclusivo y visible porque el vaciamiento institucional acaba acarreando el vaciamiento demográfico, la resignación y la pérdida de la estima necesaria para progresar. No es solo una cuestión eclesiástica, sino de supervivencia de una región histórica.

¿Cómo se puede luchar contra la despoblación, que tanto predican curas y políticos, argumentando la escasa población de esta pequeña diócesis, para eliminarla?

Escribo desde Benavente, villa hermana de Ciudad Rodrigo, nacida bajo el mismo impulso repoblador de Fernando II de León. Aquí también en los años 50 del siglo pasado se barrió de un plumazo nuestra centenaria autonomía eclesiástica –la vicaría de San Millán– para anexionar nuestro territorio a la diócesis/provincia de Zamora en un ejercicio más de centralización político-curial. En la querida ciudad del Águeda, las cosas son mucho más graves. Os jugáis el futuro, estoy seguro de que sabréis defenderlo.

Fernando Regueras Grande

Presidente del Centro de Estudios Benaventanos “Ledo del Pozo”