Memoria y olvido

     Algunas veces pregunto: ¿dónde está lo que aprendí, lo que me enseñaron los maestros, y el conocimiento que obtuve a través del estudio? Pues, “inexistente aparece aquello que olvidamos, y dudoso, lo que recordamos vagamente”. 

    Con el paso del tiempo todo se degrada; pues cuando acercamos el pasado a la mente, acuden las vivencias, las imágenes, y todo lo que rodeó nuestra vida, manifiestamente desenfocado. Un halo de misterio ha borrado los detalles que unían los recuerdos a la memoria. 

    Lo cierto es que, sabemos muy poco sobre el funcionamiento del cerebro humano, causa por la cual, no es posible extraer razonamientos acertados sobre esta materia. Sin embargo, no podemos afirmar que, aquello que aprendimos en otro tiempo, se haya perdido definitivamente cuando lo olvidamos. Es posible que se encuentre disperso en nuestro interior, y el bagaje de conocimientos que echamos en falta, se haya transformado en lo que somos y sentimos acerca de todo lo que nos rodea. Pues, sin ese aprendizaje, no hubiera sido posible nuestra formación como personas.

    Por otra parte, al tratarse de algo inmaterial, ese saber fundamental, quizá no elija la materia para permanecer. Pues también somos alma, espíritu, mente, o como quieras definir a la fuerza que nos impulsa; la misma que impone disciplina en nuestro cuerpo, para que no perezca aplastado por su propio peso. 

    Aquello que aprendimos, evidentemente, sufrió transformación a lo largo del tiempo; pues su función consistió en moldear las ideas que forjaron nuestro carácter.                       

                      Manuel Lamas