Sigue doliendo escribir después de Auschwitz…

Ya había citado la frase de Theodor Adorno cuya traducción más conocida es: “Escribir poesía después de Auschwitz es un acto de barbarie” (por si les interesa, está en La crítica de la cultura y la sociedad; Auschwitz-Birkenau, por cierto, fue liberado un 27 de enero, acaba de cumplirse un año más del fin de esa ignominia).

Sin embargo, parece que no aprendemos: vivimos tiempos que, a ambos lados del charco, y de todos los charcos, cada día recuerdan más a lo que debieron ser Europa entre 1933 y 1936 y el mundo por las mismas fechas; acabamos de ver cómo concluían cuatro años de trumpadas con el “fin de fiesta” en el Capitolio; y diario vemos cómo se las gastan el resto de populismos -vuelvo sobre el tema de hace un par de artículos-, con ropajes autoritarios unos y sociales otros; de hecho, parecen permear hasta a quienes de manera más seria ejercen la política… No siempre, pero cada vez más.

También es cierto que esa pátina de populismo puede ser, más bien, reflejo de cómo nos lo cuentan quienes, salvo honrosas excepciones -muy honrosas y muy excepciones-, hace mucho decidieron que la noticia no era lo mismo que la información y sí entraba en la rama del espectáculo, más o menos abyecto, pero espectáculo.

Añadamos la pandemia, que cada vez nos toca más cerca, nos harta más, nos preocupa más; sigue ahí, y duele, sobre todo por los manejos, por la miseria que refleja, a veces en quienes la manejan, a veces en quienes critican y muchas veces, también, en quienes “no pueden” renunciar a sus costumbres, aunque estas pongan en riesgo a muchos, incluyendo a los suyos.

Quienes “no pueden” renunciar a salir de fiesta o a ir a la playa son egoístas, desde luego, y conservadores, en el peor sentido de la palabra: temen los cambios y se aferran a estúpidas seguridades que no lo son; confieso que cada vez me ponen más “de malas”, hacen que me trasmute en basilisco varias veces al día.

Por eso, como ya lo escribí hace más o menos un año, para que no haya otra frase como la de Adorno, ni alguna parecida, hay que escribir “antes” de los muchos “Auschwitz” que siguen existiendo y, lo que es peor, creándose; no debemos, no podemos claudicar.

Tengamos cuidado con el tipo de “políticos” cuya estrategia se basa en crear enemigos y gestionar el miedo: les conviene la división y el enfrentamiento, en ellas son más difíciles los contrapesos.

Vivimos tiempos de “malos” y buenos, las contraposiciones parecen inevitables; fascistas y fascistoides se aprovechan de la gente cabreada, muchas veces con razón, no lo discuto; como también creo evidente que los individuos no solemos ser propensos a la autocrítica y estos impresentables apelan siempre a la víscera, a lo primario.

Considero que hemos ido construyendo sociedades de bienestar… adolescente: lo que tenemos es nuestro, es un derecho, y siempre queremos más… Sin mucha obligación.

Ya decía “Cambalache” que el siglo XX fue una porquería… si exceptuamos todos los siglos anteriores (parafraseando la frase de Churchill sobre la democracia). Del siglo en el que se dieron episodios terribles a los que ya he aludido, salieron muchas cosas buenas para una gran mayoría. Hoy son muchos más los que viven mejor, aunque siga habiendo muchos pobres porque somos muchos más. Y muchos más somos los que estamos acostumbrados a tener derechos, libertades, bienestar, respeto. Tan seguros estamos de que nunca los vamos a perder que, tal vez, no los valoramos lo suficiente. Y claro que podemos perderlos.

El fascismo, ignorante y patán, quiere encabronarnos para poner todo en riesgo.

Hace falta cabeza fría… inventiva… y tener ciertas ideas claras.

Siempre hace falta escribir antes de Auschwitz.

 

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