Las Arribes al día

IN MEMORIAM (A mi pariente, el Padre Fermín de Mieza)

JULIO FERNÁNDEZ GARCÍA (Alcalde de Mieza 1995-2007)

Serían las once de la mañana del lunes 25 de enero cuando me enteré (por una llamada telefónica de mi madre) de la triste noticia del fallecimiento del Padre Fermín de Mieza.

Emilio Hernández Calvo (así se llamaba), nació en el seno de una humilde familia miezuca el 17 de febrero de 1926. Hijo de Pascual (hermano de mi abuela materna) y de Luisa. Inició su camino por el sacerdocio y se ordenó Franciscano Capuchino, participó en Misiones Franciscanas por todo el mundo y ejerció de periodista, sociólogo y poeta. Fue director, durante casi 6 décadas de la revista “El Santo”, glosó, cantó y reivindicó su tierra chica “Mieza” en cuántos foros y simposios participó durante toda su vida y en sus numerosos libros y publicaciones siempre dedicó poemas, artículos y panegíricos a su (nuestro) querido pueblo arribeño. Fue galardonado con varias condecoraciones honoríficas entre las que destaca la “Encomienda de Alfonso X el Sabio” que recibió de manos del rey Juan Carlos.

Desde pequeño tuve la oportunidad de compartir con el Padre Fermín momentos, conversaciones, comidas y tertulias inolvidables y siempre agradables cuando iba a Mieza y se quedaba varios días en casa de mi abuela, de su tía Angelita, “tan acogedora y cordial” –como le dedicó en algún libro de poemas- y siempre me impresionaron sus loables valores humanos: su capacidad intelectual, su serenidad, su conversación pausada y atrayente, sus principios éticos presididos por la tolerancia y la solidaridad y su honestidad personal. En mi época de estudiante me encantaba que me hablara de Francisco de Vitoria y su “Derecho de gentes”, de Unamuno y sus inquietudes personales y filosóficas y de los viajes que realizó por Mieza y Las Arribes, de poetas como Gabriel y Galán, Miguel Hernández o García Lorca y de los aciertos y de los errores (también, cómo no, debido a su mentalidad abierta y reflexiva) cometidos por la Iglesia Católica a lo largo de la historia. También le acompañé a realizar rutas por los senderos de Mieza y siempre me recordaba aquéllos versos de Neruda “cada pie que pasó por el sendero/ dejo escrito en la piedra un telegrama”.

Una de esas rutas fue la que hicimos al Remanso del Cachón hace casi 40 años. El Padre Fermín estaba muy interesado en conocer el enclave exacto en el que en 1665 y según la tradición apareció la talla de madera de una Virgen que amamantaba al niño, encontrada por dos labradores y que posteriormente fue motivo de una Bula Papal, la de Inocencio XI, que autorizó la constitución de la Cofradía de Nuestra Señora la Virgen del Amparo. Hasta allí fuimos (reproduzco una fotografía de ese día que con tanto interés hizo con su cámara de reportero, la misma que le acompañaba en todos sus viajes por el mundo).

En el último tercio de su vida, las visitas a Mieza fueron más frecuentes, colaborando con artículos y poemas en todos los libros-programas que se hacían cada año por el Ayuntamiento de Mieza con motivo de las Fiestas Patronales de septiembre. En 1996 fue pregonero de las fiestas, en 2008 la Corporación Municipal le dedicó una calle en el pueblo y con motivo de la restauración del “Mirador de la Code”, en 1997, regaló una placa con un soneto titulado “La Code”, que se ubicó definitivamente en un peñasco del mirador al lado de otra que plasma un extracto del relato que hizo Unamuno sobre Mieza en sus “Notas de un viaje por la raya de Portugal” y en su “Cancionero”; y que en su primer cuarteto dice lo siguiente:

“Code de Mieza. El alma se rehace
y columpia en el aire suspendida,
el abismo carece de medida
y la mirada vértigo se hace”

 

Por su parte, y a través de las fundaciones solidarias a las que pertenecía y algunas presidía, en 2008 realizó una donación al Ayuntamiento de Mieza para que se invirtiera en la construcción de la Residencia de Mayores de la localidad, que comenzó a funcionar unos años después.

Cuando el Ayuntamiento de Mieza le dedicó una calle, el Padre Fermín pronunció un discurso de agradecimiento al pueblo y ayuntamiento, del que resalto los últimos versos de su poema “Tu eres la piedra”, que dedicó a los campesinos de Mieza e introdujo con estas palabras: “Mucho ha cambiado nuestro pueblo. Ojalá que jamás echemos en el olvido la sencilla y austera historia de quienes nos precedieron, y que pisaron estos caminos y vivieron bajo este cielo… ¡los cielos y los caminos que todavía siguen siendo nuestros, porque los amamos!

El poeta no es nadie.
Tú eres la piedra, el polvo,
el alma, el pueblo, la raíz, el árbol,
yo sólo la palabra, el aire, el verso.
Otra cosa no sé, solo cantar.
 
Ríen las madrugadas sobre Mieza.
Tú no estás, pero estás. Y a ti te canto,
porque surgir te veo de la tierra
por todos los caminos. Voy contigo.
 
Alguien viene detrás. Yo le diría
que acuñe tu recuerdo
como se acuña el oro.
La tierra que gozamos y vivimos
tiene la piel del padre y abuelo,
y aquéllos que dimitan,
dimiten, sin saberlo, de sí mismos.

 

Te echaremos mucho de menos, primo Emilio, Padre Fermín de Mieza. Estoy seguro que allí en el cielo Dios te ha reservado un lugar preferente en la estrella más luminosa para descansar en paz y también, como no, para seguir bregando, como lo has hecho toda tu vida, por el bien y la prosperidad de todos los que aquí seguimos.