¿Cambios de actitud sobre la vacunación contra la COVID 19?

La hipótesis que desarrollo en estas líneas tiene su origen en los numerosos casos de personajes que hace unas semanas comenzaron a vacunarse sin pertenecer a ninguno de los grupos establecidos por el Gobierno para iniciar la vacunación: al menos siete alcaldes, funcionarios de la Administración, dos obispos, un alto militar, varios consejeros, recibieron la vacuna cuando aún no les correspondía, como han informado los medios. La mayoría han dimitido posteriormente; pero no todos. Este es otro ejemplo más de hasta qué punto una parte de la población española es reacia al cumplimiento de las leyes.

Pero no deseo detenerme en este punto de vista, sino en un fenómeno, que sin proponérselo nadie, muy verosímilmente, las vacunaciones de “privilegiados” del tejido sociopolítico  han repercutido en una numerosa población de españoles que no tenían confianza en las vacunas contra la COVID o en las vacunas en general. La idea que sostiene tales desconfianzas es el temor a lo nuevo; en este caso, el temor a una nueva enfermedad, a una nueva vacuna. Pero si las personas que pensaban no vacunarse,  (muchas de ellas ponen en duda hasta la realidad de la pandemia, influidas por las teorías conspiranoicas) se enteran y comprueban que muchos “de los que mandan” no se lo piensan dos veces y se las apañan para vacunarse lo más pronto que pueden, la deducción  es clara: “si ellos lo hacen, seguro que la vacuna es buena, incluso necesaria”, pensarán.

De los miedos no se habla y menos de un miedo tan concreto como es una vacuna. Por eso nunca sabremos a cuántos miles de personas la vacunación “a destiempo” de los “precipitados” les ha hecho cambiar la actitud; pero, conociendo un poco la naturaleza humana, me atrevo a decir que a muchos cientos de miles; o sea que, sin quererlo, la anécdota de los vacunados “fuera de la ley” seguramente se ha convertido en la mejor campaña a favor de  la vacunación.

Si a esto añadimos que el “impasse” de falta de vacunas y/o de jeringuillas apropiadas se está felizmente subsanando (era absurdo que en un pulso entre la UE, veintisiete países, y la empresa farmacéutica ASTRAZENECA, vencieran los intereses comerciales de dicha empresa) el panorama actual permite retomar la esperanza inicial de que a final de verano esté vacunada el 70% de la población europea.

Así, pues, si el destino no nos elige de nuevo como víctimas de otra catástrofe inesperada, o si nuestra estupidez humana no se empeña en volver a celebrar compulsivamente fiestecitas familiares o sociales en estos pocos meses de espera hasta vencer la pandemia, podemos empezar a respirar con aires realistas y esperanzadores.

Las desesperanzas solo sirven para agravar más los problemas.