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Miércoles, 3 de marzo de 2021
Ciudad Rodrigo al día

Luz al final del túnel

Mi trabajo, al igual que otros muchos, me ha permitido ser uno de los primeros afortunados en poder disfrutar de esa famosa inmunidad

Me encuentro escribiendo este artículo a unas horas de recibir la segunda dosis de la vacuna contra el Covid-19. Es viernes, veintinueve de enero del año 2021. Cuando tú lo leas, es decir, en este preciso momento, será domingo, y lamentablemente, pero con total seguridad, centenares de personas en España y miles en todo el mundo habrán perdido la vida en estos últimos dos días.

Vuelvo a la actualidad, a mí actualidad. Ahora mismo, mientras redacto estas líneas, soy consciente del enorme privilegio que tengo al vivir este día de una manera tan precoz. Mi trabajo, al igual que otros muchos, me ha permitido ser uno de los primeros afortunados en poder disfrutar de esa famosa inmunidad la semana que viene.

Mirando fijamente uno de los dos cactus que tengo en mi despacho, me doy cuenta de que estoy a punto de vivir un acontecimiento histórico. Una razón más por la que seguir confiando en esta humanidad, desnutrida y ojerosa desde hace ya algún tiempo. Tomo conciencia de ello y, sin poder evitarlo, siento como una lágrima de emoción brota de mis ojos. No es la alegría o el descanso de estar protegido frente al virus en una semana, nada más lejos de la realidad. La emoción aflora al recordarles a ellos, a los millones que han dejado este mundo sin poder conocer esta vacuna. A todos los que han sido el saco de boxeo de un virus que ha hecho demasiado daño. Lo sigue haciendo y continuará, por desgracia, mucho tiempo más.

Tan solo por ellos deberíamos luchar. Por la memoria de todos los que lo han intentado, por la fuerza de los que están inmersos en la batalla y por todos aquellos que preparan sus armas para el momento en el que les toque. También por los que vienen detrás; siguientes generaciones que tendrán que afrontar muchísimos problemas, pero no este. No deberían, o al menos no de una forma tan agresiva.


Me voy a vacunar y voy a pelear por TODOS y para TODOS. Porque el virus no afecta de forma individual, lo hace de manera colectiva. Además de muerte, crea desconfianza, pobreza, desesperación, miedo, tristeza…

Por todo ello, yo no tengo dudas. Tú tampoco deberías tenerlas.

Sirva este artículo para honrar la memoria de todos esos ángeles caídos que algún día batallaron, sin éxito, contra esta enfermedad. Que su recuerdo se mantenga vivo en cada uno de nuestros corazones, aportándonos la fuerza necesaria para salir adelante, y la inteligencia de no caer en los mismos errores si tenemos la mala suerte de vivir una situación similar en el futuro.

Gracias a la comunidad científica por su sabiduría a la hora de fabricar esta nueva oportunidad.

Gracias a todos los sanitarios que, entre cansancio, sudor y lágrimas, han salvado millones de vidas sin pedir a cambio nada más que respeto.

Gracias a todos los colectivos que han contribuido, con su trabajo incesante, a que esta pesadilla comience a terminar.

Y gracias, cómo no, a todos ellos. A los que no tienen la suerte de tenerla.

Sois la razón por la que vamos a superar esta etapa. Os lo prometemos.

Descansad en paz.