Latrocinios y persuasiones

Como si entrasen por la fuerza en tu casa y, después de abofetearte y maltratarte, con un arma apuntando a tu cabeza te robasen tus fotografías, tu carnet de identidad, los dibujos de tus hijos, sus cuadernos de la escuela y tus cartas de amor, y luego satisfechos y despectivos, soberbios y vencedores, los exhibiesen como trofeos de caza, negándose a devolvértelos y, además, jactándose de la hazaña de habértelos robado. ..

Cuarenta y cinco años después de la muerte del dictador Franco, jefe de quienes sumieron a España en uno de los períodos más oscuros de su historia; más de cuatro décadas desde que se celebraron en este país las primeras elecciones democráticas y el referéndum constitucional; dieciséis años después de la entrada en vigor de la Ley de Memoria Histórica y, habiendo sido gobernado este país en períodos que suman veintidós años por un partido que se dice proclive a la reconciliación democrática y la reparación a las víctimas, siguen depositados en lugares como el llamado Archivo de la Guerra Civil de la ciudad de Salamanca los documentos procedentes de saqueos, expolios y robos cometidos por las tropas franquistas contra, principalmente, instituciones catalanas, partidos, sindicatos, asociaciones y muchos particulares del bando de los vencidos en la sangrienta guerra civil provocada por el fascismo español. A pesar de sentencias judiciales que obligan a su devolución, se sigue privando a sus legítimos propietarios, herederos, instituciones y entidades afectadas, de la recuperación de documentos y objetos que son elementos capitales de su identidad, de su historia y de importantes jalones de su memoria.

Con no pequeño escándalo y algarabía de una parte de la ciudadanía salmantina más bien poco informada, solo parte de ese botín fue reintegrado a sus legítimos propietarios en cumplimiento no solo de la ley, sino de los mínimos principios morales de justicia, humanidad, ética cívica y la pura lógica jurídica que han de formar parte de todo proyecto de reconciliación que pretenda acercarse a la justicia en base a la verdad. La manipulación de la opinión pública en la ciudad de Salamanca, efectuada política y periodísticamente durante lustros, se nutrió no solo de la tergiversación de la historia, sino de la apropiación de ideas ajenas convenientemente falsificadas (el unamuniano “venceréis, pero no convenceréis” contra el fascismo, fue utilizado contra las víctimas del fascismo), la utilización partidista de las instituciones públicas o el mezquino manoseo hasta del lenguaje (“calle del Expolio” fue la denominación que se dio a la calle donde se custodia el producto de un expolio para tratar de acusar de lo mismo a los expoliados), todo con un sesgo reaccionario inocultable que apeló y apela al falso derecho de propiedad de un botín de guerra.

La cerrazón numantina por no dar a torcer el brazo de la victoria militar de hace  más de ochenta años, sigue asentándose en la ausencia total de debate, crítica o libre diálogo sobre el tema. El asunto de los llamados “papeles de Salamanca”, a pesar de la prístina claridad de las leyes en favor de su devolución, sigue envuelto en un proceso judicial que asociaciones como la Comisión de la Dignidad y otras iniciaron hace casi dos décadas y que hoy, a pesar de diversos fallos judiciales en su favor, es todavía obstaculizado, a veces a costa del erario público, ignorada con meandros leguleyos, predicada con negativas abstrusas, seudorazonada con intentos de victimismo ideológico y sometida a un encastillamientos que intenta, y consigue en parte, identificar el valor de la dignidad de la ciudad de Salamanca con la retención de los documentos robados.

Como sucede en las comunidades más cerradas y en las sociedades de crecimiento centrípeto que se proyectan poco en el ámbito nacional, el cambio, la revisión razonada de su historia, el cuestionamiento de sus ídolos o la mera puesta en cuestión de su leyenda épica, se confunden a menudo con el ataque al honor de sus vecinos, sobre todo si existen discursos interesados que así lo vocean. Las reacciones suscitadas en Salamanca por los intentos –legales- de devolución a Cataluña y otros lugares de los documentos ilegítimamente depositados en la ciudad, son aprovechados por quienes se valen de la desinformación, la manipulación histórica, la apelación al falso orgullo herido y otras perlas del manual de la más burda charlatanería, para concitar una oposición ciudadana al legítimo derecho de reparación de los propietarios de todos y cada uno de los documentos expoliados por el fascismo.

Tal vez sirva de poco, en un tiempo en que la frase hecha, el lugar común, el titular y el discurso salvapatrias influyen más en el imaginario colectivo y las creencias generales que la pausada reflexión, el diálogo y la razón contrastada, decir que el orgullo ciudadano, signifique este concepto lo que signifique, se fundamenta en valores contrarios a la defensa del expolio franquista, y que sería el acto de devolución de todos esos “papeles”, en una ceremonia democrática, luminosa y fraterna, con presencia de autoridades y discursos de contenido moral, lo que elevaría la consideración de la ciudad de Salamanca como ejemplo de buena ciudadanía, y el legítimo orgullo de sus habitantes a cotas mucho más valiosas.