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Domingo, 7 de marzo de 2021

¡Hasta que suene el clarín!

Hemos llegado al año 2021, y en nuestro espíritu aparece la inquietud del que anhela la llegada de la temporada taurina

Yo no sé qué extraña complicación tenemos los españoles, que por muy real y palpable que una cosa sea, la espiritualizamos en tal forma, la hacemos de tal manera acomodada a nuestro carácter soñado  e idealista, que llega un momento en que nos asombramos de nuestra propia obra, desconociendo la cuestión primitiva, entre aspavientos de admiración y protestas de extrañeza: y esto, q u e nos ocurre con demasiada frecuencia, ha sucedido unía vez más en este famoso 2020 antipático y diabólico, que nos presenta a su hermano, por el que tampoco sentimos nada especial, y del que vamos a seguir desconfiando, aunque la esperanza de que nos sonría en algún momento no la perderemos. 

Hemos llegado al año 2021, y en nuestro espíritu aparece la inquietud del que anhela la llegada de la temporada taurina. ¿Quién sabe lo que ha de ocurrir en el presente año? Pendiente la afición taurina del veto que ha venido impuesto por esta cruenta pandemia, que los criadores de reses,  los empresarios y  la actitud de los toreros ha llegado 2021, y parece que por el momento, y a tenor de cuanta información se viene produciendo, la llegada de las primeras ferias, van a seguir el mismo rumbo que el año anterior, es decir que lamentablemente será suspendidas, y ya desde el alborear de la misma se anticipan las invernizas en las sierras de Madrid Aljalvir y Valdemorillo, y nada hace prever, que Fallas, Magdalena y Sevilla peguen sus carteles, y mucho me temo- y no quisiera pecar de agorero- si se llegara San Isidro, incluso Pamplona allá por el mes de Julio, lo cual significaría un lastre espantoso y lamentable para la fiesta.

El curso de -estas cosas sigue igual- sin que se advierta ningún arreglo para bien de todos, pero al fin llegará, y  todos esperamos, que no sea demasiado tarde, como para coger de nuevo el testigo y podamos de nuevo asistir a las plazas, evidentemente el mal producido tiene sus consecuencias, pero servidor tiene la esperanza, que aquellos que hayan resistido a este maldito infortunio al que hemos sido condenados,  puedan encontrar los resortes, la capacidad de gestión, nuevas vías y estructuras, para que el toro llegue de nuevo del campo a la ciudad,  y todos volveremos a admirar a los que levantan entusiasmos y crean pasiones. Tiene que ser un punto y seguido, una continuación a donde la fiesta taurina quedo parada. Si, entiendo que no es fácil recobrar el ánimo, que ha sido duro tremendamente cruel para todos aquellos que viven en este sector y coger de nuevo el testigo tiene una tarea, harto complicada, pero estamos hablando de gente “brava”, que no se doblega y menos se rinde tan fácilmente ante los acontecimientos. Cierto que hemos de ser todos a una los que asumamos la responsabilidad de devolver a la tauromaquia, a sus personajes, y a su cultura la confianza, la prestancia y el sitio que tras este paréntesis, nos hemos visto en la necesidad de vaciar los cosos taurinos, y por añadidura todo lo que esto conlleva, y repercute en otros muchos círculos y sectores de producción y trabajo.


 Uno, que tiene los años precisos y ojos, que han visto tantas “faenas”, espera no tener que   dejar de emocionarse, de criticar y sentir que esta Fiesta, que siempre creyó que era inmortal, a pesar de todos los avatares sufridos a través de sus siglos, perderse entre este vendaval desgraciado e injustamente tratado, por parte de muchos que lucieron cuello duro, traje impecable y flor en la solapa, junto a otros hipócritas animalistas y politiquillos de medio pelo, que tan solo les preocupa llenar sus valijas y conservar sus poltronas. ¡No puede caer la Fiesta, no podemos rendirnos, no pueden todos estos vencernos y doblegarnos!, hay que hacerles entender que la Fiesta brava tiene que continuar, que forma parte de esta tierra, de nuestra personalidad, de nuestra cultura, de nuestras tradiciones, de la idiosincrasia, de un pueblo que aún no ha muerto, que le quedan más de una generación para seguir manteniendo el testigo, de esta bendita locura, de lidiar reses y matarlas a estoque en presencia pública. Hay que decirles a todos estos que blasonan de tener poder, a aquellos que quieren devaluar este arte, a los que nos quieren y nos odian, ¡Que vamos a seguir!... que estaremos en las plazas en cuanto de nuevo suenen los clarines, que de nuevo nos han maltratado, pero no les vamos a dar cuartel, la Fiesta, que un día fue Nacional, volverá a resurgir, que se vendrá arriba como lo hace un toro de casta, bravo, codicioso, con poder, que no se duele al castigo y será de nuevo el símbolo que alegre a esta España, triste, melancólica, taciturna y aburrida. El bello animal con toda su potencia, animara el cotarro y vendrá a emocionar nuestra vida, alegrar nuestra existencia y hacernos olvidar este tránsito temeroso, con tapabocas incluido, que nos ha traído por la calle de la amargura, y nos ha llenado de luto…. Salud y toros.