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Miércoles, 3 de marzo de 2021
Ciudad Rodrigo al día

Un cero a la izquierda o a la derecha. ¿Qué prefieres ser?

¿Son tan urgentes las elecciones autonómicas en la comunidad catalana como para no poder posponerlas unos meses?

Escribo este artículo a unas horas de que Portugal lleve a cabo las elecciones generales de la vergüenza y la desfachatez. Cuando tú lo leas ya será demasiado tarde para dar marcha atrás. Bien es cierto que nosotros, en España, no estamos para dar ejemplo de nada, planteando las elecciones al parlamento catalán tan solo tres semanas después. Quizá algún iluminado haya calculado que, para entonces, ya no habrá ni una pizca de Covid-19 en nuestro país.

Leyendo informaciones de medios de prensa portugueses, estiman una participación aproximada del treinta o cuarenta por ciento de toda la población, siempre en el mejor de los casos. ¿Realmente es necesario hacer algo así en medio de esta maraña de locura en la que todos nos encontramos presos?

¿Son tan urgentes las elecciones autonómicas en la comunidad catalana como para no poder posponerlas unos meses?

No les importamos lo más mínimo, señores. Nuestras vidas no sirven de nada; son los votos los que valen su peso en oro. Y tú, ultra con tantísima personalidad, luchas contra viento y marea para intentar convencer a alguien que tu opción política es mejor. No les importas en absoluto. Ni tú, ni los millones de votantes que tiene ese partido político. El que sea, me da igual uno que otro.

Somos un puto número, señores. Somos el motivo por el cual toda esta escoria política sigue escapándose de rositas con cada jugarreta cometida.

En medio de esta pandemia, con miles de casos cada día y cientos de muertos, siguen poniendo nuestras vidas en juego para asegurarse sus sueldos y su propio bienestar otra buena temporada. ¿Los miles que se puedan contagiar estos días al ir a votar? ¿Todos aquellos que fallezcan por culpa de cualquiera de estas elecciones? Esos dan igual. El caso es que todos, como borregos, acudamos a darles nuestro voto, inmersos en ese odio que tanto se han esforzado en inculcarnos y que tan bien les viene.

¿Sabéis lo peor de todo? Que la culpa es solo NUESTRA. Nosotros somos los que lo pasamos mal, los que nos enfadamos con ellos y los que siempre decimos que es la última vez que les votamos. Esto dura… ¿Cuánto? ¿Dos? ¿Tres semanas a lo sumo? Después nos abren el fútbol o nos dejan ir a tomar nuestra cañita al bar y se nos van todos los problemas. ¡Qué buenos son y cuánto se preocupan por el pueblo! ¡Cómo no les voy a votar! Es necesario que sigan ganando sus buenos cinco mil o seis mil (por decir un número) al mes, mientras yo tengo que cerrar mi negocio.


Que el ministro de sanidad decide presentarse a las elecciones catalanas, en medio de esta situación de emergencia. Nosotros se lo perdonamos, por supuesto. Que los gobiernos autonómicos no son capaces de ponerse de acuerdo con el central para determinar un toque de queda conjunto. Nosotros se lo perdonamos, por supuesto. Que cuatrocientos cincuenta responsables políticos, tanto de izquierdas como de derechas, son pillados vacunándose de forma ilegal antes que sanitarios y personas de alto riesgo. ¿Nosotros qué hacemos, señores? Ya se lo digo yo: tragamos como campeones y permitimos, con nuestros votos, que todo esto se siga llevando a cabo.

No todos los días alguien tiene oportunidad de decir su intención de voto ante miles de personas, por lo que ya les anticipo que yo, hoy, voy a darme el gustazo y se lo voy a comunicar a todos ustedes. Si por aquel entonces la pandemia está controlada y es seguro acudir, iré, naturalmente, y ejerceré mi derecho votando de forma nula (ya veré cómo), que es mi forma de negarme a seguir dándole de comer a estos caraduras. En caso de que, al igual que en Cataluña o en Portugal, se lleven a cabo otras elecciones de la vergüenza y de la muerte, me quedaré en mi santa casa, con la esperanza de que haya millones de personas que piensen exactamente igual que yo: “No hay un solo partido político que me represente”. Haré por ellos lo mismo que ellos están haciendo por nosotros. NADA.

Finalizo poniendo un ejemplo para todos los que aún estéis indecisos. Con la política actual de nuestro país ocurre como cuando pones un programa que no te gusta en la televisión, solo para reírte o criticar a los presentadores y tertulianos. A ellos no les afecta lo que tú puedas decir desde tu sofá, pero, por cada segundo que estés viendo su programa, van a continuar lucrándose a tu costa.

Cuando seamos lo suficientemente maduros como para comprender que la solución está en apagar el televisor, comenzaremos a influir sobre las vidas de aquellos que nos causan tanto repudio.

Pues eso mismo, pero con el sistema político de nuestro país.

Nos leemos la próxima semana por aquí, o, hasta entonces, en Instagram (@rubenjuy) y en Facebook (Rubén Juy).