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Domingo, 28 de febrero de 2021

El silencio en el oriente, o el oriente en el silencio

Después de haber vivido dos años en China, uno de mis aprendizajes de algo nuevo ha estado relacionado con el silencio.

Un silencio lleno de sentido. Un silencio vacío de todo lo que no es silencio. Otro silencio distinto, o en ocasiones parecido, al vivido en la tierra de este periódico, Salamanca, y en mi tierra natal.

Los poetas hablan de el silencio. Yo ahora tengo en mente un estudio sobre un poeta peruano. En la plaquette de la UNAM leemos “Esto, todos los poetas lo han intuido, aunque en diversas accesis, y rendimientos ajenos, por lo demás, a la extensión de la obra.” Es decir, el silencio todos los poetas lo han intuido, de una manera u otra, en un poema extenso o en uno breve. https://bit.ly/2Np0emB  

 

 

En las clases universitarias, el silencio inicia minutos antes de la hora de la asignatura. Al solicitar una gestión por medios electrónicos en contextos semiformales, se responde con la gestión cumplida, o con un mensaje sobre la imposibilidad para llevarla a cabo. En China muchas veces se come en silencio sin música, o sí con una conversación pero ajustada al espacio y el tiempo de la comida. Los límites de las cosas resultan definidos y las personas se acoplan a ellos en silencio. Son obedientes.

Pero no lo digo por señalarlo como lo mejor, ni siquiera como un horizonte más o menos apreciable. Nosotros hispanos también tenemos tela para ellos. Lo digo por la seriedad de ese suministro de silencio en las acciones y las cosas dotando de dignidad a la materia de la vida. Yo solo he estado en una casa particular un par de veces en todos esos meses. Las parejas universitarias generalmente son las parejas del matrimonio para toda la vida. Un regalo tiene un precio medido y pesado en la verdad. Un sí es un sí y no hay más. La vida de todos los días, por consiguiente, lentamente cobra una dimensión de respeto y aprecio para quien se encuentra en ese medio entre ellos como uno más.

Ayuda a apreciar la vida y la muerte. La pena del año pasado y la del presente. Lo lleva a uno a bajar de peso, a perder un poco de importancia, a saberse alguien de verdad en el universo del lenguaje, flotando en unos puntos suspensivos, gritando no ya con la garganta sino con cada gesto de amor en el tacto del instante.

 

 

Sí, soy un romántico. No sé si un cursi también. Pero ello no me impide afirmar la gracia de saberse auténtico, sin máscaras, asumiendo lo que somos y lo que no somos con la dignidad como moneda de cambio. Llevar nuestras pobrezas a la vista de los ojos implica un valor raro. Se cae el edificio de las palabras inútiles. Se levanta, en cambio, el imperio de la austeridad donde podemos mirar la forma de nuestros nombres en un espejo de agua pura.

 

 

23 de enero de 2021
Xalapa, Veracruz, México
Juan Angel Torres Rechy
torres_rechy@hotmail.com