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Domingo, 28 de febrero de 2021

Con los años precisos

“Cuando yo tenía catorce años, mi padre era tan ignorante que no podía soportarle. Pero cuando cumplí los veintiuno, me parecía increible lo mucho que mi padre había aprendido en siete años” (Mark Twain)

No quisiera este columnista pecar de víctima, ni de plañidera, aunque las quejas, sean justas, claras y legítimas, también sus temores ante esta peste diabólica que nos está tocando vivir, y lamentablemente morir, dado que  el hijo p…. del “bicho” enviado por el diablo, se ha ensañado sobre todo con aquellos, que tenemos años sobrados, estamos muy solos en algunos casos, y otros, asistidos en las desdichadas  residencias. En definitiva: que después de lo pasado no le dejan a uno disfrutar de la paz y el sosiego logrado y sin duda merecido.

Puede ser; que a medida que vamos haciéndonos viejos observamos que cuanto nos rodea se va transformando irremisiblemente ante nuestros ojos; parece como si los hombres fueran distintos de los que conocimos en nuestra juventud, que las cosas suceden de otra manera que antes. Y, como encontramos otras costumbres, otras leyes y otro ambiente, llegamos incluso, a pensar que es otro el horizonte que tenemos a nuestro alrededor ¡Cuantas cosas han desaparecido! ¡Cómo han cambiado los gustos, y como las preferencias y las prioridades en  la vida! ¡Pero cabe preguntar! ¿Es el ser humano de hoy  más feliz que el de ayer?

Constantemente se critica a las personas mayores, por no adatarse al mundo moderno, a sus técnicas, comunicaciones, redes sociales, y otras nuevas tecnologías (cuando muchos años atrás, eran considerados, “sabios” a los que se les escuchaba con respeto y se les pedía consejo en cualquier, ámbito de la vida, estos constituían un foro y una herramienta vital, pues la experiencia de haber resistido a otras épocas, tenía un valor y fundamento reconocido).

Sin embargo, nosotros – con los años precisos- nos responsabilizamos, por todo lo que hemos hecho, que no ha sido poco, y no culpabilizamos a nadie por ello. Y tras una serena meditación, nos gustaría señalar que; a pesar de haber llevado el pelo largo, de haber vivido una revolución sexual, una posguerra, una transición, una adaptación industrial,  habernos revelado contra ciertas imposiciones y valores dictatoriales inculcados, y de haber bailado con los Beatles y los Rolling Stones:

No fuimos nosotros los que eliminamos la melodía de la música.- El talento y el ingenio de las creaciones artísticas-.- La buena voz a la hora de cantar-. El orgullo por nuestra apariencia exterior. La cortesía al conducir.- El romance en las relaciones amorosas.- El compromiso de la pareja.- La responsabilidad de la paternidad.- La unión de la familia.- El aprendizaje y gusto por la cultura.- El sentimiento de patriotismo.- El rechazo de la vulgaridad y la grosería.- La escena de la Navidad de escuelas y ciudades.- El buen comportamiento intelectual.- El refinamiento del lenguaje.- La dedicación a la literatura.- La prudencia a la hora de gastar.- La ambición por ser alguien en la vida.- Ni tampoco sacamos a Dios del gobierno, de las escuelas, de los hospitales y de nuestra vida.- El respeto a los demás, a las mujeres y ancianos.- Y por supuesto que no somos los que eliminamos la paciencia, y la tolerancia de nuestras relaciones, ni nuestra iteración con los demás.

¡En efecto; ya soy una persona mayor!... Pero desde este atalaya todavía puedo ejercer la crítica, y la denuncia, puedo contar alguna historia incluso, algún chiste, y no soy un frustrado cascarrabias intransigente. Simplemente que tengo la edad para decir- que hay cosas que ya no me gustan…

Ya no me gustan la congestión del tráfico, ni las muchedumbres, ni la música alta, ni los niños gritones, ni los perros que ladran y ensucian en la ciudad, paseos, parques y jardines, ni ciertos políticos que engañan, ni lo mal que me trata el Ayuntamiento, ni tantas otras cosas que podría recordar.- Pero, si deseo seguir disfrutando de la vida que me quede-.

Eso sí, respetando a los demás y que los demás me respeten a mí. Espero de las personas mayores que entiendan esto, a buen seguro que muchos también sintonizan, con esta reflexión y dichas inquietudes no están muy distanciadas entre unos y otros. Y, del resto que tengan presentes- que algún día también serán mayores. También se sentirán… Con los años precisos.

                        Fermín González. salamancartvaldia.es     (blog taurinerías)