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Jueves, 25 de febrero de 2021
Ciudad Rodrigo al día

El CEM reivindica un Obispo “titular y residencial” rememorando la historia de la Diócesis

Consideran que la supresión de la Diócesis sería “un despojo de buena parte de nuestra identidad y de nuestra secular historia”

Antiguo mapa de la Diócesis de Ciudad Rodrigo, cuando incluía municipios de Cáceres

El Centro de Estudios Mirobrigenses emitió en la mañana del viernes una nota de prensa en la que recogen su carta-llamamiento a la Conferencia Episcopal Española, a la Nunciatura Apostólica en España y a la Santa Sede para que “provean sin más dilación” un obispo “titular y residencial” para la Diócesis de Ciudad Rodrigo ante “los momentos de inquietud, preocupación y zozobra” que se están viviendo al llevar ya dos años sin Obispo.

Para el Centro de Estudios Mirobrigenses, el dejar de contar con Obispo propio sería “un despojo de buena parte de nuestra identidad y de nuestra secular historia”, recordando que en el año 2002-2003 “vivimos una situación parecida, que movilizó a instituciones, asociaciones y colectivos de la ciudad y comarca en la defensa de la Diócesis”, llegándose a buen puerto con el nombramiento de un nuevo Obispo, Atilano Rodríguez.

En el momento actual, “cuando los fantasmas del pasado gravitan de nuevo sobre Ciudad Rodrigo y su Obispado”, lo que hace el CEM es un repaso por la historia de la Diócesis Civitatense en su carta-llamamiento, que reproducimos íntegra a continuación:

EL CENTRO DE ESTUDIOS MIROBRIGENSES PIDE UN OBISPO TITULAR Y RESIDENCIAL PARA CIUDAD RODRIGO

Dos años lleva la diócesis de Ciudad Rodrigo sin obispo. En los 850 años de historia de este obispado, tan sólo ha habido tres periodos más largos de sede vacante. El de 1810 a 1814 estuvo provocado por la Guerra de la Independencia. El de 1843 a 1867 se debió a la crisis de la España liberal en sus relaciones con la Santa Sede, periodo en el que por el Concordato de 1851 la diócesis de Ciudad Rodrigo quedó unida a la de Salamanca. A partir de 1867 y hasta 1885 los obispos de Salamanca fueron también administradores apostólicos de Ciudad Rodrigo. Desde 1885 hasta 1950 los regentes de la diócesis fueron administradores apostólicos con el título de obispo. Entre 1941 y 1945 la administración estuvo vacante. En 1950 se restituyó la mitra con obispo titular. Desde entonces y hasta 2019 Ciudad Rodrigo ha contado con un obispo residencial.

En estos momentos, cuando la tardanza en nombrar obispo propio, titular y residencial en Ciudad Rodrigo, agitan los fantasmas del pasado y de una hipotética pérdida de la identidad de esta tierra de frontera, el Centro de Estudios Mirobrigenses, entidad vinculada a la Confederación Española de Centros de Estudios Locales, quiere llamar la atención y salir en defensa de su histórico obispado y de la figura de un obispo residencial.

La historia de este territorio del oeste ibérico está estrechamente vinculada a su realidad diocesana. La creación del obispado de Ciudad Rodrigo está ligada a la repoblación que el reino de León lleva a cabo en la segunda mitad del siglo XII. La institución tiene lugar el 13 de febrero de 1161. Fernando II de León dona los derechos episcopales de la nueva diócesis a la iglesia compostelana y a su electo Fernando.

Los planes del rey chocaron con el concejo y diócesis de Salamanca, cuya iglesia recurrió a Roma, por considerar que la creación del nuevo obispado significaba una pérdida importante de su territorio. La concordia entre las iglesias de Salamanca y Ciudad Rodrigo tuvo lugar entre finales de 1173 y primeros de 1174. Salvados los escollos finalmente el papa Alejandro III expidió el 25 de mayo de 1175 la Bula de aprobación del obispado. De esta manera quedó normalizada la situación apostólica de la diócesis civitatense.

Desde entonces, la historia de Ciudad Rodrigo y su comarca es inseparable de la historia de la diócesis y sus obispos. Los aspectos civil y eclesiástico han sido dos caras de una misma moneda.

Ciudad Rodrigo siempre ha sido un territorio y una diócesis pequeña. Su condición fronteriza ha marcado su devenir histórico, sujeta a continuos y prolongados periodos de despoblación. Este, el de la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI es uno de tantos. A pesar de las muchas guerras y de las calamidades que ha tenido que soportar, Ciudad Rodrigo y su Tierra, supieron sobreponerse a la adversidad y renacer cual Ave Fénix.

El territorio diocesano civitatense

Ciudad Rodrigo ha luchado y defendido su obispado desde los momentos de su creación. Buena parte de esa defensa se dio contra la vecina Salamanca. Desde sus inicios hasta ahora, a pesar de la pérdida de territorios en beneficio de los obispados vecinos de Salamanca, Lamego y Coria, el obispado civitatense ha sabido mantenerse sujeto a su identidad.

Límites territoriales

Al principio del siglo XIII, los límites del obispado de Ciudad Rodrigo quedaron establecidos. Al norte, el límite era el río Huebra, que le separaba de la diócesis de Salamanca; al este, la proyección hacia el sur del obispado salmantino, con el que se encontraba en el área de la Sierra de Francia. Al sur, el obispado de Coria, perteneciendo al de Ciudad Rodrigo, Robledilo, Descargamaría, Eljas, San Martín, Villamiel y Trevejo, en la vertiente meridional de la Sierra de Gata (hoy en la provincia de Cáceres). Al oeste, la Riba Côa portuguesa era territorio civitatense, con las villas de Sabugal, Alfayates, Almeida, Castelo Rodrigo, Castelo Bom, Castelo Melhor, El Pereiro.

La pérdida de la Riba Côa portuguesa (1403)

El 3 de julio de 1403 el papa de Roma, Bonifacio IX, por la bula Eximie devotionis sinceritas separará de la diócesis de Ciudad Rodrigo los bienes y tierras que ésta poseía en la región de Cima-Côa (Portugal), anexionándolos a la diócesis de Lamego.

Se aprovechó así la crisis del Cisma de Occidente, y de la desobediencia a Roma por parte de Castilla para justificar la separación. Finalmente, Sixto IV confirmó la desmembración de los territorios portugueses del obispado de Ciudad Rodrigo por bula de 21 de junio de 1481. Intentos hubo de reclamación, sin embargo infructuosos, como el de Alfonso de Paradinas, obispo entre 1469-1485, y el de Martín de Salvatierra (1591-1604).

La unión a Salamanca (1867)

Por el Concordato de 1851, desaparecieron ocho obispados españoles y se crearon otros tres. Ciudad Rodrigo pasó a unirse al de Salamanca. De nada sirvieron las reclamaciones que desde Ciudad Rodrigo se hicieron para conseguir la revocación de la decisión del Concordato. Realmente la anexión a Salamanca no se hizo hasta junio de 1867, cuando el ministro de Gracia y Justicia nombró administrador apostólico de Ciudad Rodrigo al obispo de Salamanca don Anastasio Rodrigo Yusto.


Ciudad Rodrigo no cesó hasta conseguir el nombramiento de un administrador diocesano. En 1883 el Cabildo y el Ayuntamiento lo solicitaron al papa y al rey. El rey accedió y se publicó una real orden favorable el 15 de enero de 1884. El 25 de diciembre de 1884, León XIII nombraba a José Tomás de Mazarrasa y Riva como administrador apostólico para Ciudad Rodrigo, con el título de obispo de Fililópolis, el cual tomó posesión del obispado el 19 de marzo de 1885.

La restitución de la diócesis (1949)

Ciudad Rodrigo no se resignó a seguir contando con un obispo administrador, por lo que se hicieron gestiones para el reconocimiento como diócesis permanente y, lo que ello conllevaba, la restitución de la Mitra.

El reconocimiento definitivo como diócesis se conoció en Ciudad Rodrigo el 20 de diciembre de 1949, por telegrama enviado por el obispo electo don Jesús Enciso Viana. Ello era resultado del convenio firmado entre el Gobierno español y la Santa Sede. Significaba contar con obispo propio y recobrar su cabildo completo. El 9 de enero de 1950 se promulgaba un Decreto, elevando a la categoría de diócesis con los mismos derechos que las existentes a las sedes de Albarracín, Barbastro, Bilbao, Ciudad Rodrigo, Ibiza y San Sebastián. En febrero de ese año, Enciso Viana pudo llevar y el título de obispo de Ciudad Rodrigo.

Al poco tiempo del reconocimiento la diócesis contaba con 100.928 habitantes, de los que 12.000 vivían en la ciudad. El territorio se dividía en doce arciprestazgos y en 106 parroquias. La Guía de 1955 informa que la diócesis tenía una extensión de 4.259 km2 y 100.355 fieles.

Variación de los límites diocesanos (1958)

Como consecuencia del reajuste producido por el Concordato de 1953, los límites diocesanos experimentaron una variación en julio de 1958. Pasaron a la diócesis de CoriaCáceres las parroquias del sur de la Sierra de Gata, esto es, San Martín de Trevejo, Trevejo, Villamiel, Eljas, Robledillo de Gata y Descargamaría. Por el norte extendió sus límites a costa de las parroquias salmantinas de Aldeanueva de la Sierra, Anaya de Huebra con su filial de Gallegos, Avililla de la Sierra, Mieza, Muñoz, San Muñoz, Sanchón de la Sagrada, La Sagrada, Tamames, Villares de Yeltes con la filial de Pedro Álvaro y Vilvestre. Pasó también a Ciudad Rodrigo el monasterio de Porta Coeli de El Zarzoso, pero no lo hizo el santuario de la Virgen de la Peña de Francia, a pesar de la bula de Pío IX (14-8-1873). Cambiaron los límites pero la extensión en km2 se mantuvo. Los arciprestazgos se redujeron a once, pero el número de parroquias aumentó ligeramente, de 106 a 110. El número de fieles apenas aumentó; en 1960 se contabilizaban 100.572.

La emigración de los años sesenta y setenta del siglo XX, que se dirigió principalmente a Francia, Madrid y el País Vasco, ha ido reduciendo la población diocesana. En 1975 había 62.297 almas y 46.329 en 1997. Hoy, roza los 40.000.

Los obispos

Figuras destacadas en la historia de Ciudad Rodrigo y su Tierra han sido los obispos de Ciudad Rodrigo. A muchos de ellos tanto la Santa Sede como la propia Corona les encomendaron misiones diplomáticas y de intermediación. Concebida esta como diócesis de entrada, por aquí han pasado las principales figuras del episcopado español, tales como Alfonso de Paradinas, fundador de Santiago de los Españoles en Roma, Juan Pardo Tavera “el gran reformador de España” en el reinado de Carlos I, el canonista Diego de Covarrubias y Leiva y su destacado papel en el concilio de Trento, Diego de Simancas o Bernardo de Sandoval y Rojas, entre otros.

A lo largo de los siglos la labor de los obispos de Ciudad Rodrigo ha sido la de un auténtico pastor de su rebaño, tanto en lo espiritual como en lo terrenal, procurando el bienestar de sus feligreses.

Ciudad Rodrigo necesita seguir contando con un obispo propio, porque una cosa es vivir en Ciudad Rodrigo y mezclarse con su gente y otra son las decisiones que se toman desde fuera. Solo así se entiende el papel del obispo en la protección de sus fieles. En 1610 el obispo de Ciudad Rodrigo se erigió como protector de la minoría morisca, expidiendo certificados de buenos cristianos a aquellos que se enfrentaban al drama de ser expulsados de la ciudad, de su tierra y de su reino. Gracias a esos informes muchos de ellos lograron quedarse.

Tierra de frontera y de enfrentamientos, momentos hubo en los que los obispos se erigieron como auténticos valedores y protectores de sus feligreses. En la Guerra con Portugal (1640-1668) el propio obispo asumió el coste de un fuerte en Gallegos de Argañán y un hospital para enfermos surgidos de la contienda. Y los momentos más duros del conflicto, con correrías y saqueos de los ejércitos que despoblaban el territorio, el cansancio era tal que el obispo de Ciudad Rodrigo acordó una tregua por su cuenta con los portugueses (1654), aunque  ello no fuera del agrado de Felipe IV, que exclamó: “Una cosa era no hacer entradas y otra muy diferente hacer conciertos”. Sin embargo la tregua se abrió camino, lo que fue un alivio para los vecinos del territorio.

Otro obispo, Cayetano Cuadrillero, llevó a cabo una de las labores más ingentes a favor de la instrucción y de la educación que vio la ciudad en la Edad Moderna: la creación del Seminario (1769), antorcha y semillero formativo de varias generaciones de jóvenes del obispado en los dos últimos siglos.

Obispo propio, titular y residencial

Ciudad Rodrigo siempre ha sido una diócesis pequeña y, como tal, necesita seguir contando con su obispo residiendo en el territorio, como viene sucediendo en los últimos 850 años. En esta zona de la Raya, su ausencia contribuiría más a la despoblación. Por eso cuando hoy corren rumores de absorción o de que el obispo de Salamanca sea a la vez obispo de Ciudad Rodrigo, la diócesis civitatense precisa tener un obispo propio, con estancia y residencia en Ciudad Rodrigo, como siempre lo ha tenido.

La supervivencia de la diócesis con su propio obispo es también la supervivencia de la ciudad y su tierra.

Parafraseando a Napoleón en su visita a las pirámides de Egipto: “Desde los tejados de la catedral de Ciudad Rodrigo, 850 años nos contemplan”.

Ciudad Rodrigo, 14 enero 2021