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Jueves, 25 de febrero de 2021

Del derecho y del deber

Creo que en los tiempos que corren, - no lo digo sólo por la pandemia, las bajas temperaturas, las duras condiciones económicas que sufren muchas personas, el vandalismo en el Congreso de los Estados Unidos, etc. – hay mucho debate social y este, en mi opinión, está tomado un sesgo demasiado unidireccional.

Se habla mucho, aunque nunca parece ser suficiente, de los derechos, pero muy poco de los deberes. La cuestión es que unos y otros son dos caras de una misma moneda, ambos deben ir unidos de forma indisolublemente ya que mutuamente se dan sentido.

Porque, alguien tiene que asumir como deber respetar la vida de los demás para que ‘los demás’ puedan ejercer su derecho a vivir. Alguien debe asumir el deber de defender a un acusado para que este pueda ejercer su derecho a ser defendido, incluso alguien debe, cuando conduce un coche, parar en un paso de cebra para que otro alguien pueda ejercer su derecho a cruzar. Por eso, la Declaración Universal de los Derechos Humanos bien podría llamarse “Declaración Universal de los Derechos y de los Deberes Humanos”, es decir un conjunto de obligaciones que, todo aquel que se considere acreedor del calificativo de “humano”, debería aceptar como propio.

Y es que el problema viene cuando se rompe ese vínculo, cuando sólo se habla de derechos y nos olvidamos de su inevitable contraparte, de la otra cara de la moneda. Es en ese preciso instante cuando aparece la confrontación porque los derechos de unos se “lanzan” contra los derechos de otros y los deberes quedan en el olvido.

La expresión ‘justicia social’ es de uso frecuente hoy, pero ¿de dónde viene? ¿qué significado le damos?. Pues verán.

Parece que el primero que utilizó el término ‘justicia social’ fue el jesuita Luigi Taparelli en el siglo XVII. Más tarde, en 1931 lo hizo el Papa Pio XI, contemporáneo de Mussolini y Hitler, en la convulsa Europa de entre guerras. Pio XI, en el párrafo 58 de su encíclica “Quadragesimo anno” afirma, con palabras de la más rabiosa actualidad: A cada cual, por consiguiente, debe dársele lo suyo en la distribución de los bienes, siendo necesario que la partición […] se ajuste a las normas del bien común o de la justicia social, pues cualquier persona sensata ve cuán gravísimo trastorno acarrea consigo esta enorme diferencia actual entre unos pocos cargados de fabulosas riquezas y la incontable multitud de los necesitados.

Por tanto cuando hablamos de ‘justicia social’ hablamos del derecho de cada uno a que los bienes sociales disponibles sean repartidos de forma equitativa, pero también hablamos del deber que los gobernantes tiene de hacer que esto sea posibles para todas las personas.

Las sociedades, tambien el cómo es entendida la justicia social, evolucionan y por tanto los valores según los que viven debe asentarse en la realidad de cada época, y en ella debe hacerse posible,  Hoy el derecho a la igualdad de oportunidad es un importante valor solcial y politico, Los gobiernos deben posibilitar oportunidades iguales a todos los ciudadanos, lo que haga luego cada uno con ellas es una cuestión privada que está ya fuera de la resposabilidad politica. Por tanto la idea de ‘justicia social’ apunta directamente a la materialización de derechos, de derechos universales, pero también a la aceptación de deberes, también universales, por parte de aquellos que sí hemos dispuestos de oportunidades para llevar a término un proyecto de vida.

Los estados del bienestar parecen haber asumido el rol de garantes de esta justicia social, lo que implica un compromiso por regular la distribución de la riqueza nacional de forma que se compensen las desigualdades, si no lo hacen así, están cumpliendo su principal compromiso y por tanto deben ser socialmente censurados.

Debemos aceptar - lo contrario sería tirar piedras contra nuestro propio tejado - que los ciudadanos, cuando votamos una candidatura en unas elecciones, somos conscientes de lo que votamos, es decir, votamos a un partido u otro para que este realicen unas u otras políticas.

Un Gobierno debe por tanto cumplir los compromisos con la justicia social que incluyó en su programa, y su máximo representante – El Presidente - no puede intentar justificar el no hacerlo  alegando que, si bien no ha cumplido con su programa, sí está cumpliendo con su deber. Una razón engañosa y cicatera, ya que es precisamente su deber de cumplir con su programa lo que garantiza los derechos de todos los ciudadanos.

Si esta justificación, con falso aspecto de honradez, fuera válida, yo propondría a los políticos que para las próximas elecciones nos hablarán de cuál creen que es su deber, no que de cuál es su programa, pues a lo mejor las cosas nos quedarían más claras. Nuestro derecho es exigirles que cumpla aquello con lo que se comprometió antes de ocupar su cargo, y hacer de ello su deber.

Juan María Montalvo, ensayista y novelista ecuatoriano del siglo XIX, escribió: El pueblo que no cumple sus deberes es un pueblo corrompido, el que no conoce sus derechos es un pueblo esclavo; y el no conoce sus derechos ni pone en práctica sus deberes, es un pueblo bárbaro. ¿Somos corrompidos, esclavos o bárbaros?