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Lunes, 1 de marzo de 2021

¿Somos series racionales? Irracionalidades humanas

Los humanos nos hemos apoderado de la tierra, hemos sometido o enjaulado en determinados espacios a todos los seres vivos (salvo las bacterias y virus, que nos traen de cabeza) y nos consideramos tan especiales que llegamos a pensar que somos eternos, con un alma inmortal.  Las dos primeras cosas son ciertas, la tercera no lo sé.

Además, nos consideramos como los únicos animales racionales. ¿Somos realmente racionales?

Vale la pena reflexionar  sobre una de nuestras especificidades: la de razonar.

Para empezar,  exageramos cuando nos definimos como “racionales”. Considero que entonces también podríamos asegurar que somos irracionales.  Podemos razonar bien o mal, y tener conductas razonables o irracionales.

En mi opinión la ilustración (y muy especialmente ilustrados como Kant y su propuesta ética) ha sido el mayor esfuerzo humano a favor del poder de la razón y de la educación.

La declaración de los Derechos humanos es otro hito histórico.

En cierta manera hemos podido reconocer lo mejor que podemos ser: racionales y éticos.

Pero lamentablemente,  los mejores logros de la razón como la creación de valores  (“la justicia, la igualdad y la libertad”), y derechos (declaración de Derechos humanos) no han podido  generalizarse. No existe ninguna sociedad  justa, igualitaria y libre. Y  la mayor parte de las personas del mundo no son sujetos reales de los derechos tan razonables que hemos formulado. Ha sido un gran logro de la especie humana; también lo ha sido el sistema democrático, como forma de gobierno.

Aunque la forma humana de gobierno más valorada, la democracia, es un mal menor. Tan frágil y vulnerable que necesita organizarse con contrapoderes independientes,  con la sospecha, bien justificada, de que quien ejerce el poder ejecutivo debe estar controlado por otros poderes. Es el equilibrio entre poderes, se dice. Sobre esos poderes,  tenemos una Constitución escrita que deben jurar cumplir todos los que nos gobiernan. Así tenemos lo que llamamos Estado de Derecho,  defendido por las Fuerzas de Seguridad y un Sistema Penitenciario. ¿Sabe usted cuantos presos hay en España y por qué motivos?  Y eso que ni son todos los que están, ni están todos los que son.

Y este sistema democrático es lo mejor que se nos ha ocurrido organizar a los humanos, para tener paz e intentar evitar  las dictaduras, los abusos de poder, los asesinatos, robos, corrupciones y tropelías de todo tipo. Aun así, no estamos libres de conductas delictivas e irracionales de algunos gobernantes y de no pocos ciudadanos.

Algunos ejemplos de irracionalidades, en diferentes niveles sociales, de los que conviene ser  conscientes :

El primero, el de los abusos  del poder. La  lista de presidentes de gobierno y gobernantes peligrosos, también entre los elegidos democráticamente, es demasiado larga. Lo que acaba de suceder con Trump,  es solo un  ejemplo. ¡Cómo pueden haber votado a este señor 74 millones de americanos si es supremacista, racista, clasista, cínico y tantas cosas más¡ Ya sufrió mucho Sócrates, con la democracia griega.

Seguro que usted podría hacer una larga lista de políticos españoles, de diferente signo, que mienten y manipulan a sus electores y son sectarios en sus ideas y práctica política.  ¿Por qué hay más odio en España ahora que en la transición? ¿Quiénes son los responsables?

El segundo ejemplo de irracionalidad es, tal vez, la mayor amenaza que tienen, ya a la vista, las generaciones más jóvenes y futuras. Científicos, gobernantes y ciudadanos sabemos que el cambio climático ya está aquí, amenazando a toda la humanidad.  Nos dicen que estamos a tiempo de minimizar sus efectos o evitarlos. Y no lo hacemos. ¿Hay mayor ejemplo  de ausencia de racionalidad?  ¿No nos importan nuestros hijos y las próximas generaciones? En el XX hubo guerras muy irracionales, como la española, las dos mundiales y otras muchas, más lejos de nosotros. ¿Nos podrán llamar irracionales  a los adultos del siglo XXI por no ser más responsables con  el cambio climático y seguir siendo incapaces de evitar las guerras o querer cambiar las fronteras en lugar de hacerlas desaparecer?

El tercer ejemplo, la irracionalidad de los ciudadanos concretos, cada uno de nosotros, que  nos libres de tener conductas irracionales. Por ejemplo, estamos en la tercera ola de la pandemia, con miles de muertos. Los muertos son tratados como números, mientras ocultamos sus nombres y sus entierros, para que la población  no se alarme ¡Ojos que no ven!. Aun así, a no pocos ciudadanos no les importa tener conductas de riesgo (y seguramente, menos aun les importa el riesgo que suponen para los demás). ¿No les importan los muertos, ni lo que supone para los sanitarios su conducta? ¿Tampoco cómo tantos ciudadanos se están arruinando o recurren a las listas del hambre?

Los ejemplos de irracionalidad  en al conducta humana son interminables. En la historia humana encontramos lo mejor, pero también la mayor irracionalidad. Y, como he escrito y dicho tantas veces, cada niño o niña que nace puede acabar             siendo muy razonable y crítico o muy irracional y sumiso a los valores y poderes dominantes, es decir, un ser muy irracional.

Sabernos vulnerables y amenazados, por la irracionalidad de quienes nos gobiernan o por nuestra propia irracionalidad,  es el primer paso para analizar, reflexionar, razonar y defender los valores y derechos universales.

Los humanos, en las catástrofes que provocamos nosotros mismos solemos decir, como afirma el poeta Argullol,  que  son “son inhumanas” o “directamente diabólicas”:

“Así quiso aliviarse, la catástrofe de la conciencia.

Sin embargo, el diablo no tuvo nada que ver.

La saña, fue genuinamente humana;

humano, en todo, el comportamiento;

humanos el odio y la planificación.

Ningún otro animal puede emularnos.

El subsuelo de Varsovia lo atestigua”.