Jesús García Rodríguez. In Memoriam

     Cuando alguien fallece, lo normal, la costumbre, lo educado, es hablar bien de él. Vaya por delante que Jesús García Rodríguez y yo tuvimos nuestras diferencias e, incluso, encontronazos. Probablemente debido a pecados de juventud míos. Porque “la juventud es una enfermedad que se pasa con el tiempo”, pero mientras dura puede producir subidas al candelabro y desajustes varios en la relación con el resto de los humanos. El tiempo dará y quitará razones, y las volverá a quitar y a dar, porque cada época tiene diferente y cambiante vara de medir y hay que dejar las diferencias al juicio de Dios y al de la conciencia.

     En todo caso, “la cera que va delante es la que alumbra” y, como cristiano y como sacerdote y cura compañero suyo del presbiterio diocesano, no dudo de que Jesús García, D. Jesús -o, como le conocía mucha gente beneficiaria de su ingente labor social y pastoral, “San Jesús Obrero”, haciendo un popular e inteligente juego de palabras entre la parroquia y el párroco- va por delante de nosotros en el camino del Reino de los Cielos.

     José María Yagüe, amigo y también admirado compañero del presbiterio, pero más amigo de Jesús García por razones obvias, ya lo ha dejado bien claro en su emotivo y lúcido artículo: los amigos escritores deberían emprender cuanto antes la redacción de un libro homenaje, que la memoria es flaca y los años cortos.

     Mi pequeña contribución a su recuerdo se centrará en apenas dos detalles, pero bien importantes, de la trayectoria evangelizadora, pastoral y social de D. Jesús: el actual Colegio Concertado Pizarrales, antes Filial del Instituto Fray Luis de León, y la Asociación de Alcohólicos Rehabilitados.

     “Por sus frutos los conoceréis”, dice Jesús en el Evangelio. Los frutos pueden ser brillantes, como para poder ser exportados al mercado más selecto de Londres o de Berlín, o pueden ser ecológicos, adaptados al terreno, con imperfecciones a simple vista, pero sanos para la salud espiritual, cultural y física de los beneficiarios. Los frutos pastorales de D. Jesús siguen en pie porque están adaptados al terreno y, sobre todo, porque están “descentrados”. Están plenamente integrados en el barrio, hasta el punto de que barrio y Colegio se han retroalimentado e influido mutuamente. Las necesidades culturales de estos barrios propiciaron la creación del Colegio y el Colegio influyó en la configuración del barrio como un barrio normal, dejando atrás muchos sambenitos. Una vez jubilado D. Jesús y mientras vivía su gran Pasión y Calvario por los problemas de espalda y otros problemas de salud, el Colegio continuó su marcha. Es frecuente entre los clérigos que, cuando uno llega a un destino nuevo, intente cargarse todo lo que ha hecho su antecesor, aunque aparentemente no lo pretenda. También es frecuente que las obras sociales y pastorales de un presbítero adolezcan de dos enormes defectos: el personalismo y el clericalismo, ampliamente denunciados por el actual Papa Francisco. Ni clericalismo  ni personalismo hubo en la vida y obra de Jesús García y yo me honro en poder contribuir modestamente a la continuidad del Colegio Concertado Pizarrales.

     Lo que queda claro en la ingente obra pastoral y social de D. Jesús es que, como decía antes, son obras “descentradas”; es decir, no estuvieron centradas en su orgullo personal, ni en lograr fama y honores, aunque los ha merecido, sino que estuvo centrada en Jesucristo y en los pobres. Por otra parte, es evidente que Jesús García se fió de sus colaboradores clérigos y laicos y les dio cancha y protagonismo. La consecuencia es evidente: una vez jubilado por edad y, sobre todo, por sus problemas de salud, y una vez fallecido, las obras que fundó pueden seguir su marcha y, de hecho, la siguen.

     Así ha ocurrido también con la Asociación de Alcohólicos Rehabilitados, de cuyos fundadores –el Dr. Ávila, D. Jesús y la carmelita Vedruna María- los dos primeros ya han fallecido. Entré en contacto con la Asociación para acompañar a un amigo a las sesiones terapéuticas de los jueves -creo recordar que todos los jueves del año, menos los de agosto-; todos los jueves durante cuatro años y al final tuvimos que dejarlo por imposible…¡No había manera de que dejara el alcohol!...Año y medio después, por su cuenta, y sin aparente ayuda exterior, dejó la bebida definitivamente…Humildemente puedo presumir de que D. Jesús, que asistía junto con María y el Dr. Ávila a casi todas las sesiones, me alabó varias veces por la paciencia que tuve, infructuosa en principio y fructífera a la postre.

     Estoy razonablemente convencido de que Dios tiene en su gloria a Jesús García Rodríguez; en las manos de todos, pero sobre todo en las de sus amigos escritores, está el que también esté en nuestra gloria, recibiendo el homenaje y el reconocimiento social merecido. Hombres, cristianos y sacerdotes como Jesús García son un estímulo y un ejemplo para todos, nos dan esperanza en los actuales momentos de dificultad y crisis y ayudan a construir una Salamanca, una Iglesia y un mundo mejores.

Antonio Matilla, representante de la Titularidad en el Colegio Concertado Pizarrales.