Sergio Fuentes, ese violín que no cesa

“El eco de sus notas es una libélula prendida en este Museo inigualable donde la voz del músico y profesor afincado en Salamanca, suena clara y contundente”
Sergio Fuentes toca el violín en un momento de la entrevista | Fotos: Carmen Borrego

Bajo la exquisita vidriera emplomada del Museo Casa Lis imaginada por Manuel Ramos Andrade, el violín de Sergio Fuentes hace bailar a las criselefantinas. El eco de sus notas es una libélula prendida en este Museo inigualable donde la voz del músico y profesor afincado en Salamanca, suena clara y contundente.

Charo Alonso: Sergio, estamos en La Casa Lis, donde has actuado, y con Fernando, quien te entrevistó a propósito de tu trayectoria para “A nuestro ritmo”, la radio de ZOES, donde hablasteis de la reivindicación de los músicos tras este desastre tremendo de la pandemia. ¿Cómo va ese intento de hablar con una sola voz?

Sergio Fuentes: Creo que la música es un sector que se podría comparar con el funcionamiento sindicalista, muchas personas quieren reclamar pero no son capaces de sindicarse, y en la música somos tan artistas cada uno en nuestro campo, que la idea de ponernos de acuerdo y hacer una causa común pues no hemos sido capaces nunca de hacerlo. En otros países hay categorías, hay sindicatos, hay una dignidad, y aquí tenemos músicos de diez y músicos de cinco mil y cada uno está convencido de su magnificencia. Eso en general.

Ch.A.: Sois un sector muy diverso… Aunque tú te has caracterizado por trabajar con músicos de diversos estilos además del clásico: jazz, tango, música popular salmantina…

S.F.: “Es que los músicos clásicos siempre oís siempre lo mismo”, me decía un amigo, y le respondí: “El que oye siempre lo mismo eres tú”. Yo, además de lo clásico, escucho los 40 principales y más cosas. Entre los músicos cada estilo tiene su dificultad, es un mundo, pero eso es lo bonito, conocer a gente de otros estilos, aportar y recibir.

Ch.A.: ¿La pandemia nos va a hacer unirnos para reclamar, por ejemplo?

S.F.: Después de la pandemia estaremos igual que antes. Cuando más poder de convocatoria tenemos con las redes sociales, y más información de acciones, nada… ni nosotros ni la administración estamos llegando a la altura, desgraciadamente.

Ch.A.: ¿Y la altura qué es? ¿Pagar ayudas, organizar conciertos?

S.F.: Con eso de organizar conciertos existe un fenómeno. La confianza da asco como dicen y a veces por un espectáculo equivalente se puede pagar más a alguien de fuera que a alguien de la tierra, es decir, puedes estar toreando gratis en Salamanca toda la vida para que llegue un torero de fuera y lo haga igual y cobre como tendrías que haber cobrado tú alguna vez. No se termina de valorar ni de potenciar lo de aquí.

Ch.A.: ¿No será que en Salamanca no valoramos la música?

S.F.: Mira, hay una actividad social que tiene la música, tanto desde el que la practica, hasta desde el que la diseña, disfruta, y creo que igual que hay que potenciar los  deportes, se debía potenciar la música. Hay que fomentar la asociación social, la diversidad social, el tener sedes culturales respetando el criterio, que la gente elija ¡Claro que cuesta dinero! Pero hay tantas cosas que cuestan dinero que al final es cuestión de prioridades.

Ch.A.: Has tocado aquí, en La Casa Lis. ¿Hay alguna sala salmantina que te guste especialmente?

S.F.: Hay sitios muy bonitos, históricos, como La Casa Lis, como El Casino, Las Claras… pero cada sala tiene su encanto. Estos son más cálidos porque al ser espacios más pequeños, la conexión con el público es más directa, y luego tienen esa parte carismática, artística que parece que da lugar a unas vibraciones más cálidas. Si tocas en el CAEM es una sala de actuación, con muchas butacas, una acústica estupenda, pero es otro formato. El Palacio de Congresos tiene sus limitaciones acústicas porque no fue pensado para sala de conciertos, pero creo que todos los espacios tienen su encanto.

Ch.A.: Tenemos salas. ¿Nos falta programación musical?

S.F.: Hay programación, pero para las salas que hay podría haber mucho más, el problema es que no está reconocido como parte de la mentalidad de la gente el hecho de que la música no es solo ocio. La música no es solo bailar o ir a un concierto, es reconocer autores distintos, intérpretes distintos, cuando se quiere ver que algo es solo un negocio es cuando los que se dedican a “ese algo” tienen problemas. Cuando la educación y la sanidad se ven como negocio, estarán en precario quienes la ejercen. La música tiene una labor social, ahora mismo tienes chavales que agradecerían tener una formación musical, y salir no quizás músicos, pero sí sensibilizados, con un tiempo dedicado a esa formación y no a otras cosas, o además de ello.

Ch.A.: Sergio, para eso están las Escuelas Municipales de Música.

S.F.: ¿En el barrio de Buenos Aires hay alguna?

Ch.A.: Gracias. Acabas de darme una lección.

S.F.: Todo es Salamanca. Hay que ver dónde llega la frontera y al igual que con los adornos navideños, quizás se ve un poco por dónde hay más interés.

Ch.A.: La música no está como debería en el sistema educativo y los chicos que van a música como extraescolar tienen padres músicos, cultos o con posibilidades económicas.

S.F.: No deja de ser una formación elitista, y fíjate: en otros países existen orquestas de aficionados, bueno ¡qué coño!, te vas a Valencia, a Galicia y hay muchos grupos. En Salamanca tengo un curso de verano, “Diego Pisador” que lleva 17 ediciones y contamos con un profesor invitado los últimos cuatro años, un profesor de Würzburg al que conocí por un intercambio. Ellos son “más hermanos culturales” que nosotros y financian parte de las matrículas de los alumnos. Me da pena que, habiendo visto que la música tiene sus efectos positivos a todos los niveles, no se tome en serio, que no reciba los apoyos que merecería y que son necesarios.

Ch.A.: Y vemos todos el Conservatorio como lugar muy alejado de todo…

S.F.: Parece que estamos en otra liga, es el efecto retroactivo. El conservatorio ofrece en colaboración con el Ayuntamiento algunos conciertos, y se hacen cosas, pero ¿por qué no colaborar con becas? Creo que el conservatorio no termina de estar dentro de las propuestas formativas del Ayuntamiento, hay convocatorias de concursos de música que no llegan al conservatorio y las he reclamado porque he sido jurado de alguna.

Quizás haya que contar ese cuento oriental en el que el maestro señala a un hombre y le dice: “¿Cómo vive usted?” “Pues mire, yo tengo una vaca, la ordeño, y parte de la leche nos la bebemos y otra parte la vendemos… con eso mantengo a mi gente”. El maestro le dice al alumno “Oye, mata a la vaca”. “Pero maestro…” Va y le mata la vaca y después de un tiempo cuenta el hombre que, cuando le mataron la vaca, vendió la carne, le dieron dinero, empezó a especular con el terreno y ahora es latifundista. A veces hay que matar la vaca. Pero no esperar a que se estropee…

Ch.A.: Nos puede la burocracia y la lentitud para todo.

S.F.: Yo soy muy rápido, si me pides un presupuesto te lo hago enseguida, si me pides un proyecto, también. Pero cuando presentas una propuesta y luego un papel, y otro y otro… la gente se cansa. A Salamanca le hace falta un puente de ida y vuelta. La gente tiene que viajar, conocer, pero que esa gente vuelva, pueda compartir lo que haya aprendido, y es lo que le falta a Salamanca, que está especializada en lanzar jóvenes a donde sea para no volverlos a ver. Es una tierra que tiene muchos recursos y posibilidades… Mucho terreno por arar, aunque también tiene pedruscos.

Ch.A.: Sergio, ¿qué tiene el violín?

S.F.: Que es diabólico.

Fernando Sánchez: Acabo de entrevistarte y a mí no me has dado un titular tan bueno.

S.F.: Es diabólico porque para hacerlo bien a nivel olímpico necesitaríamos varias vidas, y eso sólo para igualar lo que han hecho los grandes. Claro que si no llegamos, entre otras muchas cosas es porque queremos tener una vida más completa, queremos vivir. Es muy sacrificado el violín. Le suelo decir a los alumnos que es como el novio o la novia, si no le haces caso, se enfada.

Carmen Borrego: ¿Está de moda el violín? Pienso en Ara Malikian, por ejemplo…

S.F.: Tiene gente que está ahí; Malikian, a nivel académico no suele ser muy reconocido, gente de conservatorio de música “más seria” no lo reconoce mucho, pero es verdad que tiene su público, una trayectoria. Es trabajador como él solo, y mucha gente sabe lo que es un violín gracias a él. Cuando se critica a gente como él les digo: espera, ¿Tú eres capaz de salir y ofrecer un recital de una hora y media o dos de memoria? Y los callas. El mundo de la música tiene mucho ego. Tengo un canal de youtube que digo que son “pruebas de mis delitos” donde pongo cosas que me salen mejor o peor, y no pasa nada. Te puedes encontrar a gente que te dice: ¡Esa orquesta de niños, cómo desafina!


Pero son niños de ocho años, trabaja con ellos e imagina cómo era antes… Muchas veces, en el propio sector, no sabemos la dificultad que conlleva un trabajo a la larga, cuando tienes que trabajar con los chicos, mantener la ilusión, echar broncas y dar una vuelta de tuerca… Es cuando empiezas a valorarlo. Cuando vienes de lo clásico y ves la música moderna así, ¡buah!… Pues tú pon a uno de clásico en un grupo de moderna, no sabe ni por dónde empezar, le pones un micro y no sabe ni para qué vale, o le pones a tocar con un batería y ya… Cuando tiene que sacar un sonido distinto, un fraseo distinto… ¡Coño!, yo he tenido que disculparme más de una vez. Es otro mundo. Eso sí, los grandes de toda la vida tocaban de todo.

Carmen Borrego: En este mundo cabemos todos, por favor.

S.F.: Me decía una alumna que quería vivir de tocar a Mozart o a Bethoven, y le dije: “Te puedes volver loca, toda la vida tocando solo eso”. La música siempre se complementa, y además, estamos en una época en la que lo lógico es aprender de todo lo que te rodea y conocer varios estilos. Además, en su mayoría, la música clásica está basada en motivos populares. En el momento en que entiendes su posible procedencia puedes aprender más.

Ch.A.: En Salamanca sabemos que estás siempre comprometido con ayudar, que tienes un compromiso social.

S.F.: Me dejo liar, me gusta participar y creo que puedo aportar más que económicamente. Y también hay una parte pedagógica de eso, ya que cuando actúo con grupos de chavales es importante que entiendan esa parte de la solidaridad activa y que siempre tenemos algo bueno que aportar.

Ch.A.: ¿Cómo te decidiste por el violín?

S.F.: “Me decidieron”. Tengo dos padres pianistas y mi tía me mando un violín. Fue cuando mis padres decidieron que, para no tenerme que tirar por la ventana o tirarse ellos, empezara con el violín y no con el piano. A mí la música me ha gustado siempre, como a todos los niños. A todos los niños les gusta la música. La cosa cambia cuando hay que exigirles estudiar para mejorar. Es como cuando me dice uno: “Siempre he querido tocar la guitarra”. ¡Pues cómprate una y estudia! A alguien le parecerá borde, pero es así.

Ch.A.: Pero siempre se piensa que la música no es una carrera seria, o el chico deja el conservatorio a la mitad y arrincona el instrumento.

S.F.: Tal vez la propia familia o la propia sociedad no están preparadas para afrontar el nivel de exigencia. Yo no sé lo que es una oficina del paro, siempre he tenido trabajo con la música. En contra los comentarios que se pueda escuchar, la música es una inversión de tiempo, de dinero, de vida familiar, de todo… Y cada uno suele sacar la rentabilidad de acuerdo a lo que ha hecho. En el conservatorio tienes chavales que estudian media hora diaria y que te dicen que no se van a dedicar a esto, y otros que han dedicado cinco horas diarias te dicen “A ver si me puedo dedicar a esto”. Luego van a una prueba y los de cinco compiten con gente que lleva siete, y los de media hora dicen: “Mamá, que me voy al baño”…

Fernando Sánchez: ¿Qué se siente cuando un alumno tiene éxito, Sergio?

S.F.: Un alumno se puede tirar conmigo diez u once años tranquilamente, pero tenemos que asumir que ese alumno ha podido tener treinta profesores. Es decir, no es creación mía. Todavía hay gente que piensa que el alumno es suyo ¡como si estuviéramos en el siglo diecisiete! y que lo que consigue es por él. Pero no, no es el profesor el que tiene un alumno; es el alumno el que tiene un profesor, y es uno más, eso sí, que le ha puesto una semilla (de las muchas que necesita) que le haya servido para buscar y llegar a crecer. Cuando ves que un alumno sigue y tiene posibilidades te alegras, y a mí lo que más satisfacción me da y me ocurre afortunadamente, es coincidir en un concierto con antiguos alumnos donde es un tú a tú.

Carmen Borrego: Debe ser tremendo cuando empieza a sonar una orquesta de niños pequeños.

S.F.: A veces he hecho la travesura de grabar el primer ensayo para que vean cómo suena después. Es un poco como las matemáticas: abres el libro del curso y dices “esto no lo voy a hacer en la vida”… pero acabas el curso y lo haces, lo has hecho. Coges una partitura y dices, ¿por dónde empiezo con esto?, pero después…

Ch.A.: ¿Has encontrado alguna vez un alumno que fuera un genio?

S.F.: El genio… Los genios en su inmensa mayoría están dando conciertos antes de la edad de entrada al conservatorio. La música tiene dos partes: una, la académica y otra, la artesanal. La académica está supeditada al concepto, a las asignaturas, a mucho estudio general. Y está la parte artesanal, que es la destreza que tenga alguien con el instrumento, que un niño, dedicado a ello constantemente puede tener antes o independientemente del conservatorio.

Carmen Borrego: ¿Un genio nace o se hace?

S.F.: Las dos cosas: yo tengo cualidades para los deportes, y lo pongo como ejemplo, pero no entreno. Si tienes cualidades bestiales para la música y no practicas, no hay más. Eso sí, puedo tener cualidades y no ser record olímpico, y me quedo en segunda división. Lo más importante es que cada uno consiga o sea capaz de ver con cierta objetividad hasta dónde puede llegar.

Carmen Borrego: ¿Y las ganas? Alguien puede echarle muchas ganas, mucho esfuerzo para lograr lo que sea.

S.F.: Mira, el violín también requiere de una parte física muy importante, depende de la velocidad con la que muevas el arco, de tu forma física, y no solo eso, recordemos que grandes intérpretes tienen hasta preparador psicológico. Cuando un alumno te dice que está nervioso porque vienen a escucharle sus abuelos, imagínate lo que es que Paquito Pérez vaya a tocar, le dejen un Stradivarius de diez millones de euros, toque un concierto difícil en un auditorio grande, en acústico y según sale, si su estómago hace gloglogló se oiga todo. La preparación está ahí, y hay otras variables, porque no es sólo quién toca muy bien en casa ya que hay que salir y defenderlo. Acordaos de aquellos  intérpretes que tocaban para la radio en directo y les oían millones de personas (eso en el primer mundo, aquí no). Tienes que estar muy mentalizado y tenerlo todo al milímetro, ya que no es sólo eso de “si se lo propone…” Cuando un alumno te dice que cambia el violín por el baloncesto lo hace porque entrenas y ya, te vas a casa. Con el violín tienes clase y en casa, estudias. Es un sacrificio, no me quiero poner como único ejemplo, pero yo no he tenido viajes de fin de curso, ni actividades los sábados… Al final son sacrificios que haces para seguir y alcanzar determinadas metas (en las que la suerte también tiene parte).

Ch.A.: ¿Y merece la pena?

S.F.: A mí me la ha merecido.

Carmen Borrego: ¿Y cuántas veces te has arrepentido y has dicho “me voy al baloncesto”?

S.F.: Yo he querido dejar el violín muchas veces, sobre todo una época con el pavo y el “prepavo”. Encima eres el raro de la pandilla, sales al parque y te dicen, ¡ah, el del violín! o te pregunta alguien ¿pero de eso se puede comer? Como ahora, alguno que te suelta: ¡A ver cuándo te vemos en la tele! Pues mira, este sábado, en un concierto con la orquesta de RTVE…

Ch.A.: Qué ignorantes somos a veces. Sergio, eres reconocido como un gran docente, capaz de llevar grupos, orquestas, con niños, con jóvenes… ¡Y mantenerlos ahí!

S.F.: Creo que ahora puedo compaginar mejor mi trabajo de instrumentista con ese modesto legado que me gustaría dejar para los que vienen. Me gusta transmitir lo que he aprendido. A veces el sistema no lo permite. Hay solistas de orquesta deseando dar clase, con un excelente instrumento y el sistema no se lo tiene en cuenta. Yo quiero seguir ahí, a la hora de tocar me encanta hacerlo con gente inquieta que tenga actitud, porque la actitud es más importante que la aptitud. Por ejemplo los ensayos de “La Ranita del Tormes” con niños desde los 6-8 años eran los viernes de 8 a 10 de la noche, y estaban deseando ir al ensayo, o con “Camerata Salmantina” (antes “Diego Pisador”) en la que ensayaba todos los sábados e incluso ensayos dobles los fines de semana… ¡Imaginad cómo estaban de enganchados los niños con la música!

Esa música callada que resuena ahora en una ciudad envuelta en las notas del invierno recién estrenado. Ecos y notas deslizándose por los tejados. Alrededor de Sergio Fuentes hay una armonía de pequeños instrumentistas y un arco que se alza para defender esa música que nos llegue y nos lleve aún más lejos. Y suena de nuevo, bajo el cielo de Lis, el violín eterno de Sergio Fuentes.