Nada es verdad ni mentira

… todo es según el color del cristal con que se mira.

- Buenos días señor Manuel.

- Buenos días prenda.

- Recordará usted que la semana pasada le dejé con la incertidumbre de saber cómo terminaba la aventura de –Santos Cabestrero- y un servidor en la búsqueda y captura en ríos aledaños a-Aranda de Duero- (ver foto) de unos sabrosos cangrejos (ver foto). Cuestión que había tenido su inicio en la apuesta de ¿Quién pescaría? más de estos “patizambos”. El trato  se hizo en el –Bar Restaurante- donde-Santos y sus amigos se reunían habitualmente. Se acordó también, que la salida sería a las 4 de la tarde y la vuelta al anochecer, donde volveríamos para saber el resultado de la excursión.

- A las 4 de la tarde-Santos- y yo en  moto-Lambretta-roja; emprendimos la marcha cargados hasta los topes con los artilugios de pescar cangrejos. Sus amigos lo hicieron en sendos coches, pero en dirección distinta a la nuestra pues-Santos-en su cabezonería y discrepancia había decido el ir a ríos distintos y luego se vería quien había pescado más…

- Cuando después de unos cuantos kilómetros llegamos al destino que-Santos- se había marcado, el Sol estaba en plenitud y grandeza y el tiempo era propicio para “tirar” los reteles al río sin más dilación. La primera “sacada” de los mismos fue totalmente nula, tres cangrejos “esmirríaos” y pare usted de contar… la segunda, la tercera y la cuarta, más de lo mismo. Ello aumentó el nerviosismo de-Santos- en grado superlativo, le dio el “pronto” e impulsivo decidió que teníamos que buscar nuevos ríos más propicios. Pero no fue uno, lo fueron hasta tres, por lo que tuvimos que hacer muchos kilómetros. El resultado fue idéntico ¡cuatro patizambos!... Y se nos hizo de noche en la tarea emprendida y un “botín” de unos míseros 28 cangrejos mal contados.

- Con el “allegado”-Santos- al borde del ataque de nervios; emprendimos el regreso hasta –Aranda de Duero-… que sinceramente y con tanto trasiego, yo ya no sabía por dónde “caía”. Pero-Santos- que ya he dicho que era “muy suyo” tomó el mando y me iba indicando el camino. Que duró poco, ya que la-LAMBRETTA- se negó a seguir “rulando” por falta de gasolina. Nos acojo… y lo digo sinceramente, ya no sabíamos ni donde estábamos considerando que en aquellos años-1959- y en aquellos caminos de herradura; el que pasase un vehículo de motor a esas horas de la noche… ¡sería más que el milagro de Fátima! ¿Qué hacer entonces?... Pues sencillamente empujar la moto hasta que encontráramos el primer pueblo y nos pudieran dar la ansiada gasolina. Después de pedir; no a-Santos, si no a los Santos del Cielo, ayuda, iniciamos la marcha.

- Al coronar una cuesta con esfuerzo, ya noche cerrada, con alegría pudimos vislumbrar como a un kilometro una luz que parpadeaba intermitentemente. Como nos “pillaba” cuesta abajo tardamos poco en llegar a ella para nuestra desilusión. Ya que la luz no provenía de un pueblo; era de un vetusto-Tejar- y donde dos “seres humanos” se afanaban en enrojar para cocer tejas y ladrillos. Cuando llegamos a ellos, el susto fue mutuo. Pues aquellos dos “seres” por decir algo, como diría yo ¡eran indefinibles!...  Y  nos quedamos sin palabras. Claro que también ellos ¡pobrecitos! Al vernos llegar surgiendo de la nada y con aquellas “pintas”, arrastrando una moto-LAMBRETTA- roja en plena noche también fue impactante. Y no sería de extrañar que al día siguiente en el bar del pueblo les preguntaran… por el “sucedido” y ellos contestasen ¡Chacho… chacho, como una aparición!

- Pasado el primer momento, aquellos “seres” querían darnos comida y bebida, pero nosotros no aceptamos. Nosotros lo que necesitábamos urgentemente era ¡gasolina! Pero no tenían. Eso sí, nos indicaron que fuésemos a la casa de señor cura. Pues era el único del pueblo que podía tenerla ya que se movía en su labor pastoral en una moto-VESPA-.

- Ya os podéis imaginar el momento en que otros dos “seres” el señor Santos y yo; llamando a las 2 de una noche del año-1959- a la puerta del cura del lugar-don Segundo-. ¡Por Diosssss diría nuestra inefable amiga Mari Loli!

- Pamm… pamm. (Al poco rato) ¿Quién es?

- En nuestro aturdimiento solamente –Santos- pudo decir con voz entrecortada; ¡Nosotros! Aún con esta corta y tonta contestación-Don Segundo-abrió la puerta y se quedó al vernos completamente superado. Tal vez esperaba que alguien del pueblo “aporreara” la puerta para pedir una-extrema-unción… pero aquello le sobrepasaba. Mientras nosotros, al ver a aquella persona venerable “envuelta” en largo camisón blanco nos quedamos sin palabras, trasportándonos de inmediato a los escenarios del – Libro-Don Quijote de la Mancha. Pasado el susto y escuchada nuestra petición de ayuda; el buen hombre se portó humanamente, nos ofreció un buen vino de consagrar y ricas pastas del pueblo, nos dio también consejos y nos pidió prudencia… pero lo que más le agradecimos es qué ¡nos proporcionó la ansiada gasolina! Que tanto necesitábamos. Añadiendo también la información de la mejor manera de llegar hasta-Aranda de Duero. Ello fue muy valioso, como “mano de Santo”; pues si hubiéramos seguido la ruta marcada por-Santos-… ¡habríamos llegado al amanecer a Portugal!

- Y por fin llegamos a –Aranda-, bien avanzada la noche. En el Bar Restaurante, nos esperaban los amigos de-Santos- con zozobra manifiesta. Y una vez que pasó el tiempo pusieron a-Santos-de improperios hasta arriba por su tozudez y cabezonería. Ellos habían capturado muchos cangrejos y como yo me iba a Salamanca a las pocas horas en cuanto amaneciera; me llenaron un saco grande de ellos. Cuando ya fui al hotel intentando dormir un poco, les puse a remojo en la bañera. Luego por la mañana el encargado me proporcionó un cazo de aluminio, para que cuando pasase por un regato le echase agua por encima. Y no sabe usted señor Manuel, la de veces que me bajé de la moto para hacerlo…

- ¡Increíble!

- Sí, señor Manuel. Pero ahí no terminó la “historia” de este acontecer; pues al llegar a-Poveda-, ante el asombro familiar, dejé medio saco de cangrejos y me fui hasta-Ahigal de los Aceiteros que estaba a ¡140 kilómetros! donde en aquellos tiempos tenía novia.

- ¡Asombroso!

- Mucho señor Manuel, mucho. Otro día le cuento, como acompañado de mí esposa, fuimos hasta –Aranda- en “busca” de Santos Cabestrero-cuando ya habían pasado muchos años. Pues eso.