Filomena y Filamón 

Cuando la presión atmosférica de una región es sensiblemente inferior a la del aire que la circunda, decimos que esa región está bajo los efectos de una borrasca. Al caso contrario lo denominamos anticiclón. En España, aún estamos bajo los efectos de la borrasca Filomena. Hemos “disfrutado” de temporales de lluvia y nieve, desconocidos en esta época, y de temperaturas más bajas de cuantas conocíamos hasta ahora. Como dice el refrán del perro flaco y las pulgas, seguimos batiendo records en todo lo que sea negativo.

            La casualidad ha querido que a este fenómeno se le bautice con el nombre de Filemona, al mismo tiempo que en España gobierna una coalición encabezada por Mortadelo y Filemón. En la historieta creada por Ibáñez, Filemón es el jefe de la agencia y Mortadelo su ayudante. Aplicando simplemente el porcentaje de escaños que cada uno aporta, sería lógico adjudicar a Pedro la figura de Filemón y a Pablo la de Mortadelo. Si comparamos la solvencia que demuestran los titulares en la serie con lo que cada uno incordia en el quehacer diario de nuestro gobierno, ya no estaría muy claro quién es quién. Los dos disponen de análoga capacidad para mentir y la misma ambición para aferrarse al poder. No dudan a la hora de poner palos en las ruedas de la “agencia”, si con ello no se alejan de la autocracia. En cualquier caso, esta pareja, auxiliada por otro grupo de “detectives aficionados”, es la culpable de que, desde hace un año, en España estemos bajo los efectos de otra borrasca mucho más peligrosa y de efectos más duraderos: la borrasca de la falsa progresía

            En el primer año de la presente legislatura, el gobierno ha contado con un aliado de última hora. Alguien con el que nadie contaba y al que se ha aferrado para poder justificar lo injustificable. Ese invitado es la pandemia. Una mayoría tan raquítica no puede arriesgarse a perder una votación. La solución reside en dos condicionantes. En primer lugar, gobernar a base de decreto, aunque, claro está, para ello hay que contar con una situación especial. Se declara el estado de alarma y se puede dormir en los laureles sin necesidad de exponerse al control parlamentario. En segundo lugar, cuando no haya más remedio, hay que “comprar” el voto de los posibles objetores accediendo a los chantajes que exijan, por miserables y deshonrosos que sean. Vascos y catalanes han visto el cielo abierto con un gobierno dispuesto a regalarles lo que, por vía legal, nunca habrían conseguido.

 Con la disculpa del coronavirus, se mantiene un estado de alarma para, una vez decretado, olvidarse por completo del problema principal para convertirnos en la nación donde peor se ha reaccionado, donde más víctimas hemos padecido y donde más ha sufrido la economía. Pero no importa, Mortadelo y Filemón tienen montada su Agencia de Información apoyándose, como siempre, en la mentira. El ínclito Illa acaba de declarar que este gobierno tiene un plan, desde hace tres meses, donde se tienen previstos todos los imponderables para que la “Operación Vacuna” se lleve a cabo con éxito. Pues hombre, no parece que hayamos comenzado muy bien. La última boutade de Illa, asegurando que, al llegar el verano, estará vacunado el 70% de la población española, me huele más a farol propio de aspirante en campaña electoral que a deseo de ministro comprometido con un grave problema y obligado a informar de la realidad. Ojalá me equivoque.

Cualquier enfermo que hubiera permanecido en coma una larga temporada y, al despertar, oyera las declaraciones de Pedro Sánchez o cualquiera de sus ayudantes, caería inmediatamente de rodillas para dar gracias a Dios. ¡Si no lo veo, no lo creo!¡Cómo es posible tamaño milagro en tan poco tiempo! Cuando, por fin, despierte del todo, correrá peligro de volver a caer en coma. Pedro y Pablo han montado su particular agencia de gobierno. Por ejemplo, a partir de ahora, cualquier importación, oficial o particular, que llegue a nuestras fronteras será rotulada con una pegatina que contenga el Escudo Nacional y el lema GOBIERNO DE ESPAÑA. Así mismo, por medio del correspondiente Decreto se ordenará que cualquier cartel que aparezca en la vía pública, ya sea con el nombre de la localidad, el de sus calles, en las señales de tráfico, en la cabecera de todos los medios de comunicación, los billetes del Metro –y un largo etcétera- deberá figurar la consabida leyenda: “Siendo el EXCMO.SR. D. PEDRO SÁNCHEZ PÉREZ- CASTEJÓN Presidente del GOBIERNO DE ESPAÑA”.

Ya sé que lo anterior sonará a ironía. Pero más irónico es que uno de los gobiernos más ineficaces de todo Occidente intente adjudicarse como propios los aciertos ajenos y, sin embargo, no haya querido reconocer ninguno de sus escandalosos fracasos. Hemos tenido la mala suerte de coincidir con una izquierda que lleva puestas las anteojeras y ya no ve más que lo que le conviene. Además, aunque estoy convencido de que conoce perfectamente sus carencias, está empeñada en martillear a la opinión pública con el falso mensaje de su superioridad. Haciendo equilibrios con sus medios de comunicación, cree estar convenciendo a la mayoría. Fuera de nuestras fronteras, ya no engañan a nadie. Dentro, sólo se dejan engañar los estómagos agradecidos. Los mismos que no dudarán en apearlos cuando menos lo esperen.

Acabamos de asistir al grave espectáculo de unos energúmenos tomando el Capitolio en Washington. El Mortadelo americano de turno, menos demócrata que Maduro, quiso conseguir por la fuerza lo que no alcanzó en las urnas. En cualquier democracia, a eso se llama intento de golpe de Estado. Después de prender la mecha, asustado y acobardado por la gravedad de los hechos, ha tenido que esconder el rabo entre las patas, pero sin asumir su clara responsabilidad.

A quienes acuden a estas fórmulas se les llama populistas y, claro está, era forzoso acordarse de los escraches que perseguía Iglesias para rodear el Congreso con la intención de asaltarlo, y el más reciente –y llevado a cabo en Barcelona- para proclamar la República Catalana. Inmediatamente oímos el rasgado de vestiduras. ¡A quién se le ocurre comparar lo de Madrid y Barcelona con lo de Washington! ¡Aquí se manifestaban demócratas y allí han sido los fachas! Por lo que se ha visto en las imágenes, en el Capitolio han entrado unos tarados que no saben lo que es la libertad. El populismo llevado a lo ridículo lo único que trae consigo es el deterioro de la imagen externa del país que lo sufre. En Madrid, la maniobra de Iglesias no triunfó porque se encontró con una Policía que supo impedirlo sin necesidad de acudir a la violencia. Por desgracia, en Barcelona, falló el verdadero compromiso de la policía autonómica- Ese mirar para otro lado dio lugar a unos actos que, sin derramamiento de sangre, son más graves que los habidos en USA. Otra diferencia significativa es la certeza de que los excesos de Washington serán juzgados y condenados por Jueces que pueden haber sido propuestos por el mismo Trump. Para mí son fachas todos los que atentan contra la democracia; sean de derechas o de izquierdas- Aquí, la coalición que nos gobierna busca afanosamente controlar al Poder Judicial para poder paliar las condenas de sus socios. El problema seguirá latente mientras Iglesias siga en el gobierno y el PSOE siga mirando para otro lado.