La culpa es del otro

 Hace años vivía en un país no tan lejano al nuestro un grupo de caballeros que nada más levantarse se contemplaban en el  espejo para disfrutar de sus propios encantos.

Cada uno se decía nada más despertar y mirar su ombligo:

– ¡Ay, qué suerte de no que haya otro más hermoso y con mas iniciativas que yo! Tengo un rostro delicado, un cuerpo esbelto y una gracia natural que llama la atención de los que mintiéndoles me siguen escuchando ¡La naturaleza ha sido muy generosa conmigo! Por eso soy el abanderado POPULISTA

Nadie se da cuenta que cuando hablo…solo uso DEMAGOGIA y el pueblo alimenta  mi híper-liderazgo caudillista. Soy el “guardián de la justicia social”

Su estilo y elegancia eran famosos en todo el reino, pero corrían rumores de que había otro hombre que podía competir con él un tal señor PC.

 Una mañana una de las sirvientas llamó a la habitación

– Señor,  le recuerdo dentro de una hora tiene una cita en su despacho con un importante hombre.

– ¡Es cierto! Me arreglo y bajo a recibirlo.

Se aseó, vistió con sus mejores ropas, y como siempre, se encontró guapísimo. El caudillo del pueblo.

Mientras  se repasaba de arriba abajo frente al espejo, preguntó a su mujer:

– Querida, Dime  ¿quién es más hermoso de los dos?

Su esposa le contestó inmediatamente: ¡y don de gentes!

Le agradó mucho la respuesta, pero no se quedó conforme y decidió pedir una segunda opinión. Salió de su alcoba, bajó la escalinata de mármol que llevaba al despacho  y se cruzó con el ama de llaves, una mujer de confianza.

El ama le dijo.

– ¡Buenos días, señor!

– ¡Un momento, espera! Quiero hacerte una pregunta y por favor sé sincera conmigo.

– Usted dirá.

– Sé que tú también conoces al famoso señor PC, necesito que me digas si él es más hermoso que yo.

La respuesta fue rotunda:

– Señor, no tenga dudas ¡Usted es muchísimo más bello y atractivo que él!

Agradeció el cumplido, subiendo el salario, pero la duda siguió racaraca, por su cabeza mientras se dirigía a su despacho.

Al poco rato llamaron a la puerta. De nuevo, era la sirvienta.

– Señor, su invitado acaba de llegar.

– ¡Gracias, dígale que pase!

No tengo mucho tiempo señor, pero ante su insistencia le recibiré. -Después de dar la tabarrilla durante meses-Piensa el ególatra

 Con sonrisa acartonada le invitó a sentarse en un cómodo sofá.

– Si no le importa, antes de meternos en temas profesionales quiero hacerle una pregunta muy personal.

– ¡Claro que no me importa! ¿Qué quiere saber?

– Sé que usted vive cercano al señor PC, y son amigos de la infancia.

– No se equivoca, así es.

– ¿Y según su opinión él es más inteligente y apuesto que yo?

El caballero puso cara de sorpresa ante la estrambótica pregunta  pero contestó con seguridad.

– Por favor, no se preocupe ¡Usted es muy hermoso, sin punto de comparación!

– Muchas gracias, me deja usted tranquilo. Ahora, si quiere, cuénteme qué le trae por aquí.

Pasaron tres días y la casualidad quiso que el señor PC visitara la ciudad. La noticia corrió como la pólvora, En populista  se enteró, y corrió a contárselo a su esposa.

– ¡Querida, el señor PC estará una temporada entre nosotros, si algo sucede sabes, y quiero que mis súbditos sepan, que los altercados siempre serán ocasionados por su desagradable presencia! Le mandé  un aviso para que viniera hoy a comer a nuestra casa y ha aceptado la invitación ¡Poca vergüenza!

–Avisaré al servicio para que todo esté  listo.

– ¡Estupendo! Me voy arriba a emperifollarme y charlar con el espejo. Tengo que pensar bien que me voy a poner…  ¡Al fin voy a comprobar si yo soy más guapo que él! ¡Ah y prepararé uno de mis discursitos!…

Se presentó puntual el invitado y falto de empatía salió a recibirlo a la entrada del palacete.

 Se trataba de un muchacho interesante, derrochaba elegancia. Sus dientes eran perfectos, tenía los ojos color caramelo   ¡se movía de manera exquisita  como si sus pies flotaran sobre el suelo de mármol!

El vanidoso populista se sintió hundido en lo más profundo del pozo narcisista. No obstante se dijo

—Sacaré mentiras y promesas que luego no cumpliré, pero…  lo dejaré chafado

 Esa noche la decepción y la tristeza no le dejaron dormir.  Lo peor para él no fue comprobar que ya no era tan guapo, ni joven, ni tenía donde palabra, lo peor es que se sintió engañado por todos los del servicio y gabinete. Las palabras hermosas, alabanzas y encubrimientos, eran fruto de pagos interminables.

—Mi mujer me dijo que yo era mucho mejor, el ama de llaves también, el asesor… ¡ni te cuento!..., Entristecido, suspiró: Que difícil es que te digan la verdad, si, no pagas por oír piropos que agraden tus días de poder.

Los populistas viven de contemplarse en el espejo y desear que les muestre su mejor cara. Si algo malo ocurre, la culpa siempre la tiene “el otro”

(Fabula adaptada por Isaura Díaz de Figueiredo)