Advertisement
Sábado, 16 de enero de 2021
Ciudad Rodrigo al día

Sigo vivo

¿Por qué nos asusta tanto, entonces, la vacuna contra el Covid-19? ¿Porque es novedosa y lleva poco tiempo en uso?

Vómitos de sangre, ictericia, ampollas, dolor intenso de estómago, sangre en heces, hinchazón de la cara, dolor de cabeza persistente, acumulación de líquido en brazos o piernas… ¿Alguien sabe decir a qué corresponde esa lista interminable de adversidades?

Parece algo diabólico, ¿verdad? Propio de Satanás, como mínimo. Cosas que, si supiéramos que pueden ocurrir, evitaríamos bajo cualquier pretexto.

¿Y si os digo que esa colección de efectos adversos son los que aparecen en el prospecto de la primera caja de Ibuprofeno que he pillado por casa? Ya la cosa cambia, ¿verdad? Si es Ibuprofeno no pasa nada, precisamente por eso, porque es inofensivo...

Pero, ¿y si no? Me refiero; si están ahí descritos, será porque es posible que ocurran, quizás con una probabilidad ínfima, pero, al fin y al cabo, existente.

Todos lo tomamos, y, quien diga que no, miente. Me da igual si hablamos de su primo hermano el Paracetamol, o de su cuñado el Nolotil. Todos nos lo autorecetamos cuando nos encontramos mal, sin pensar, ni un solo segundo, en esa lista tan aterradora.

¿Por qué nos asusta tanto, entonces, la vacuna contra el Covid-19? ¿Porque es novedosa y lleva poco tiempo en uso? Seguro que el Ibuprofeno también fue joven algún día y mira, aquí está la especie humana sin extinguirse (de momento), aunque a veces nos parezca hasta mentira, debido al comportamiento y a la forma de pensar de alguna gente.

Te joroba llevar mascarilla, ¿verdad? Y me apuesto lo que sea a que también quieres volver a asistir a un concierto, o quedarte de farra hasta las seis de la mañana en tu discoteca preferida, ¿no? Las fiestas de los pueblos, las comidas familiares, el veranito en la playa, la tranquilidad…

Tenemos la solución en nuestra mano y queremos obviarla porque, al parecer, tenemos más conocimientos que los propios científicos. Aquí, en España, todo el mundo sabe de cualquier disciplina. Nos conocemos cada uno de los efectos adversos de la vacuna, e, incluso, tenemos informaciones fiables de que todo esto es una conspiración para insertarnos geolocalizadores en el cuerpo, y así tenernos controlados. ¿De verdad somos tan egocéntricos que pensamos que nuestra vida es lo suficientemente interesante como para que rastreen nuestros pasos? Es algo realmente increíble. Ahora bien, en cuanto tienes un poquito de dolor muscular, o unas décimas de fiebre, nadie duda en tirar de automedicación porque, como digo, dentro de todos y cada uno de nosotros hay un médico especialista en mil y una patologías.


¡Qué soberbia! ¡Qué delirios de grandeza hay en muchas personas! ¿Qué creéis que hubieran opinado las decenas de miles de muertos si hubieran tenido en sus manos la posibilidad de vacunarse? ¿Hubieran dejado pasar la oportunidad, o, por el contrario, habrían decidido salvar sus vidas? Todos deberíamos hacerlo, en primer lugar por seguridad individual y grupal, y, además, por todas esas personas que no pudieron hacerlo y fallecieron en el transcurso, hasta ahora activo, de esta pandemia.

Para el que le interese, el pasado viernes me inyectaron la vacuna contra el Covid-19 en la residencia de mayores donde llevo ejerciendo mi profesión durante los últimos cuatro años. Actualmente sigo vivo, por supuesto, sin más efectos secundarios que un pequeño dolor en el hombro, y con la conciencia tranquila de aquel que sabe que ha tomado la opción correcta.

Aquí cada uno es libre de hacer lo que quiera, faltaría más, y todas las opiniones son respetables, aunque no todas se puedan compartir. Me guardo, por tanto, la mía sobre esas personas que dicen: “que se vacune otro antes, para que, si él se muere, yo tenga la posibilidad de salvarme”.

¿Cuánto vale una vida? ¿Hay algunas que tienen más valor que otras? ¿Es razonable pensar que ‘otro’ debe ir antes que tú, para allanarte el terreno y facilitarte las cosas? ¿Acaso su vida vale menos que la tuya? ¡Qué malo era Hitler con los judíos! ¿verdad? Les consideraba una especie inferior que solo valía para trabajar y para experimentar con ellos… Pues eso.

Mi recomendación es que os vacunéis todos. Que cada uno de nosotros pongamos un pequeño grano de cordura en este mundo que, poco a poco, se va a la mierda. Desde mi punto de vista, es la única forma de que volvamos a sacar la cabeza a flote, para insuflarnos un oxígeno que buena falta hace.

Las vacunas son uno de los inventos más útiles y revolucionarios que ha podido crear la especie humana. Ojalá no nos carguemos el avance de cientos de años por tener la mente muy cerrada y el egoísmo muy subido.

Estoy seguro que lo conseguiremos. Eso sí, todos juntos.

Nos leemos el próximo domingo por aquí, o, hasta entonces, por Instagram (@rubenjuy) y por Facebook (Rubén Juy).