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Miércoles, 27 de enero de 2021
Ciudad Rodrigo al día

Carta abierta a la Diócesis de Ciudad Rodrigo y al Nuncio Apostólico

El doctor Jesús Alfonso Sánchez escribe esta carta a modo de contestación a la difundida por Tomás Muñoz Porras

Me llena de orgullo tener un amigo como usted, pero debemos hacer algo más, ya que somos amigos, debemos ayudar nuestra común actitud, “exigir” nuestros derechos como Iglesia, somos la misma Comunión, somos la Unión Común, derecho a la existencia, derecho a opinar y a ser oídos, derecho a poder plantear nuestros problemas, derecho a que nuestra escuela de conciencia (Seminario) no se hunda, derecho a poder pensar y exponer nuestros pensamientos libremente; nuestros deberes están ampliamente satisfechos, ayudamos y amamos al prójimo, mantenemos viva la Fe a través de nuestros actos y silencios, respetamos las opiniones contrarias aunque no las compartamos, respetamos otros puntos de vista que a veces nos hieren; deseamos soluciones, no imposiciones, en fin Tomás, que te voy a contar yo, un humilde cristiano a veces desorientado por falta de un Pastor como Dios manda.

Disculpa mi franqueza, pero me pasa lo mismo que a ti, no sé hablar de otra manera.

Somos, ciertamente, un Pueblo pequeño, una Diócesis discreta, distante de los grandes núcleos de población donde se toman, o se suelen tomar las decisiones importantes, pero no por ello somos menos necesarios, tenemos Historia y además claramente positiva y significante.

El Cristianismo surge o se origina en la oscuridad de las catacumbas, escondido y perseguido por el poder reinante en la época, nace con muy pocas personas y se convierte en lo que es hoy, una Religión con millones de fieles.

La gangrena también se inicia en milésimas de milímetros pero acaba creciendo y devorando a todo el organismo si no se trata enérgica y adecuadamente.

La descomposición de la Iglesia puede tener su inicio en una especie de gangrena húmeda, que no se trate a tiempo, y cuando queramos socorrerla sea tarde; es necesario actuar y actuar ya, si no el mal será irreparable, acabaremos con la amputación de un miembro o con la propia vida o Fe.

Stalin configuró su Archipiélago Gulag, lo que yo llamó su ‘jardín diabólico’ para eliminar a todos sus adversarios políticos, ideológicos, libre pensadores, maestros, profesionales, corrientes religiosas que no le convenían.

Introdujo en una extensión territorial equivalente a cinco veces España a 25 millones de personas y las asesinó, no a sangre fría, que también, si no de frío, a 57 grados bajo cero.

Era una gran extensión y mucha gente, nosotros somos pocos, y nadie se atrevió a alzar la voz por miedo a acabar en el Gulag.


Hoy nuestra Diócesis corre el mismo peligro, “desaparecer”, dejarnos sin el Pastor que pueda animar, impulsar, aconsejar, acompañar y ayudar a salir de un mar de dudas, con el resto de Sacerdotes a su lado, y cargados de ánimo.

Si esto sucede, que Dios no lo quiera, y para ello pido ayuda al mismísimo Obispo de Roma, Francisco, sucederá lo mismo que planificó y llevó a cabo el mismísimo Stalin en su pensamiento y obra: “una Concepción del mundo cómoda engendra también un término jurídico cómodo: profilaxis social”.

Estaremos permitiendo que se nos retire de nuestra cultura, de nuestra religión, de nuestra necesidad como seres humanos una parte importante de nuestra historia.

Yo, tú, él, aquéllos, se podrán ir de Ciudad Rodrigo, pero Ciudad Rodrigo nunca se podrá ir de mí, de ti, de él, de aquéllos.

Porque Ciudad Rodrigo soy yo, y tú eres Ciudad Rodrigo, y Ciudad Rodrigo es su muralla, su río, su Obispo y su obispado, y todo lo demás, porque si le falta algo, por haber sufrido y no haber sabido tratar su gangrena, todos seremos responsables.

El obispado es necesario, no como reclamo turístico, sino como higiene del Alma.

La Iglesia nació en las catacumbas, con Pedro y Juan y Santiago perseguidos. Pero arraigó y creció fuerte.

El mayor imperio militar de la época sembró la semilla de la derrota en Ciudad Rodrigo, hasta que sucumbió, en ejército napoleónico.

Defendamos nuestro obispado con la fuerza de la mente y del corazón.

Y cuando digo defendamos digo mantengamos, aumentemos y dignifiquemos, cada uno a su manera, pero todos unidos.

El Pastor debe cuidar de su Rebaño y para ello es imprescindible estar con Él, viví con Él, en cercanía, en intimidad.

Los problemas personales, laborales, sanitarios, del Alma, son cotidianos, continuos y el Buen Pastor debe conocer a sus ovejas, si pretende ayudarlas, y desde la lejanía esto es IMPOSIBLE.

Por todo ello deseamos una pronta resolución al nombramiento de dicho Pastor, que viva en Ciudad Rodrigo, que sea uno más de Ciudad Rodrigo, con su obituario su Pueblo.

En Ciudad Rodrigo a 9 de Enero de 2021.

Jesús Alfonso