Un obispo en cada sede: también en Ciudad Rodrigo

"El Santo Padre Francisco ha aceptado la renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Ciudad Rodrigo, España, presentada por S.E. Cecilio Raúl Berzosa Martínez", anunció el Bolletino de la sala de prensa de la Santa Sede justamente hoy hace dos años, el 16 de enero de 2019. Veinticuatro meses de excesiva y perjudicial sede vacante aunque bajo la administración apostólica del obispo emérito de Ávila, tras una renuncia no explicada, en la diócesis con menos habitantes de España, una de las tres que tienen territorio en la provincia de Salamanca.

Como sucedió en 2002, cuando tanto la sede de Ciudad Rodrigo como la de Salamanca estuvieron vacantes a la vez durante varios meses, sobrevuela el temor, al parecer fundado, de que cuando el Papa Francisco acepte la renuncia de Don Carlos López Hernández como obispo de Salamanca, por haber llegado a la edad en que ha de ser presentada (esto ocurrió el pasado 4 de noviembre), se encomiende a un mismo obispo el pastoreo de ambas diócesis. No sería suprimida ninguna de ellas pero compartirían prelado, que tendría cátedra en la de Santa María de Ciudad Rodrigo y en la de la Asunción de Salamanca. Ya pasó en Jaca, la segunda diócesis menos poblada, cuyo obispo es también obispo de Huesca.

El Derecho Canónico define así la Iglesia local: “La diócesis es una porción del pueblo de Dios, cuyo cuidado pastoral se encomienda al Obispo con la cooperación del presbiterio, de manera que, unida a su pastor y congregada por él en el Espíritu Santo mediante el Evangelio y la Eucaristía, constituya una Iglesia particular, en la cual verdaderamente está presente y actúa la Iglesia de Cristo una santa, católica y apostólica” (canon 369). Un mismo obispo puede tener encomendadas dos diócesis, o más, pero son tantas las tareas que conlleva esta misión que no parece bueno, ni para el obispo pluriempleado ni para las comunidades diocesanas en cuestión, que haya de atender la misma persona dos servicios tan fundamentales.

“Al Obispo diocesano, aunque tenga un coadjutor o auxiliar, le obliga la ley de residencia personal en la diócesis”, sigue reflejando el Código. Y también: “No debe ausentarse de su diócesis los días de Navidad, Semana Santa y Resurrección del Señor, Pentecostés y Corpus Christi, a no ser por una causa grave y urgente”. Son prescripciones bien fundadas. Es crucial para el rebaño la presencia del pastor. Por eso las sedes vacantes no deben prolongarse, por eso se convoca el cónclave en cuanto muere o renuncia el Papa, por eso los obispos buscan que cada parroquia tenga su párroco, aunque por escasez de sacerdotes cada uno haya de asumir varias.

Una diócesis es diferente. No son tantas en España y en el mundo como para que cada iglesia particular no pueda tener su obispo. Y su significado como rostro local de la Iglesia universal, en comunión con la Iglesia de Roma y todas las demás, demanda que el obispo esté, presida, acompañe, oriente, fomente, enseñe, predique, gobierne, sirva… Las de Salamanca, Ciudad Rodrigo y también Plasencia, con parte de su territorio en nuestra provincia, son diócesis antiguas, con sus rasgos característicos, amasada cada historia al calor de los siglos pero hoy menos relevantes en el panorama nacional. Si el Papa Francisco nombrase a un solo obispo que sucediera al de Salamanca y a la vez asumiera la sede vacante civitatense tendría sus motivos, ya fueran explicados o no, pero como fiel diocesano de Salamanca me atrevo a pedirle que nombre obispo para Ciudad Rodrigo y, cuando haya de ser, otro sucesor diferente para Don Carlos en Salamanca. La ordenación del territorio desde una perspectiva de administración civil no puede reproducirse sin más en la pastoral, y si no han de fusionarse en una sola las diócesis de Salamanca y Ciudad Rodrigo, como ocurrió en 1984 con Pamplona y Tudela y con Teruel y Albarracín, habrán de tener cada una su propio y exclusivo pastor.