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Domingo, 17 de enero de 2021

Tercera ola pandémica

La curva de contagios sigue ascendiendo y aparecen los interrogantes, sobre si continuamos en la segunda ola o si ya llegó la tercera, aunque no en su cresta más alta. Tal vez sean tribulaciones, debido a que el incremento de contagios tras las vacaciones veraniegas ha tenido sus altos y bajos a lo largo de los meses de octubre, noviembre y diciembre. Es decir, que la segunda ola no se ha controlado.

Con mucha ligereza algunos dirigentes políticos se lanzaron a decir “Hemos doblegado la curva de la segunda ola”, cuando la tasa de incidencia de contagios en su comunidad era de más de 350 casos por cada 100.000 habitantes y en algunas ciudades de más de 500, muy por encima del umbral de máximo riesgo que el plan aprobado por el Gobierno y las autonomías en octubre la fijaba en 250.

Independientemente de cómo lo llamemos, la cuestión semántica no es relevante, lo cierto es que el 9 de diciembre comenzó a subir la incidencia acumulada de casos de la Covid (lo del -19 ya queda muy lejos) y marcó un cambio de tendencia que ha venido a confirmar el incremento disparado y sostenido de contagiados.

No me cabe ninguna duda (tampoco a algunos expertos) de que ya estamos en la tercera ola y que, además, viene muy fuerte, mostrando su cara más virulenta. Las cifras, cuando se escriben estas líneas, así lo confirman: alto ritmo de contagios, sobre un 25% de incremento por semana y con una tasa de 321 casos por 100.000 habitantes. Y todavía falta por llegar la mayor parte del efecto de contagios producidos durante las fiestas navideñas, como consecuencia de las reuniones familiares y sociales propias de estas fiestas. Lamentablemente, seguirá incrementándose el número de contagios en las próximas semanas.  

Son momentos de mucha preocupación. La capacidad de plazas hospitalarias y los servicios sanitarios se están acercando a marchas forzadas hacia el punto de saturación y colapso. Tanto que las Consejería de Salud de las Comunidades Autónomas, comienzan a tomar medidas restrictivas mucho más contundente, para contener esta tercera ola que ya está ahí.

Algunos gobiernos autonómicos, como el de Castilla y León, han pedido llegar hasta al confinamiento domiciliario. Medida suprema que ya se tomó en la primavera de 2020 y, ante no considerarlo necesario por parte del Gobierno de España en estos momentos, el Consejo de Gobierno de la Comunidad Autónoma decide prorrogar el cierre perimetral de la región y el mantenimiento del toque de queda, entre las diez de la noche y las seis de la mañana, durante todo el estado de alarma, esto es, hasta el 9 de mayo. Medida que, de entrada, llama la atención, porque si bien parece acertada para frenar la tercera ola, y esperamos que así sea, mantener aislada toda la Comunidad durante 5 meses, puede dañar gravemente los intereses generales y particulares. Mantengamos la esperanza en la eficacia de la medida y que permita levantarla en pocas semanas, tras la oportuna revisión.

La situación viene a agravarla la nueva cepa del coronavirus detectada en el Reino Unido que ya circula por España, incluso entre personas sin vínculo epidemiológico con aquel país. La nueva variante presenta más de una quincena de mutaciones que facilitan la propagación más rápida e intensa del coronavirus. Según la última investigación social del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) el 27% de la población ha sufrido la pérdida de algún conocido por coronavirus y más del 7% la de un familiar.

Ante esta coyuntura de alerta roja en la que nos sitúa la tercera ola, cabe reclamar, una vez más, el esfuerzo, la unidad y la responsabilidad de las fuerzas políticas y de los políticos, para llegar a consensos que permitan luchar unidos contra la pandemia con actitudes constructivas y llevar a cabo acciones decisivas como es la vacunación masiva. A los ciudadanos nos corresponde perseverar en las medidas de prevención y la responsabilidad de un comportamiento individual, ético y edificante en el cuidado de nosotros mismos, llegando incluso al confinamiento domiciliario voluntario, limitando al máximo los contactos sociales presenciales.  

El lento y renqueante inicio de la campaña de vacunación, ha enfriado las expectativas que la población había depositado en la vacuna como pronta solución. Se ha generado una indignación y el consecuente clamor por una vacunación rápida. Reforzando el colectivo del personal sanitario encargados de su aplicación y acudiendo, si fuera necesario, a personal de otras instituciones preparadas para ello como el Ejército o la Cruz Roja. El factor tiempo es clave en esta lucha, señores dirigentes y, como diría Antonio Machado: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar...”

Escuchemos ese bello poema, “Cantares”, musicalizado por Joan Manuel Serrat

                                                                                                     Aguadero@acta.es

© Francisco Aguadero Fernández