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Domingo, 17 de enero de 2021

Excusatio non petita

Profesor de Derecho Penal de la Usal

El 6 de enero fue un día muy triste para los norteamericanos y para el mundo civilizado que abraza los principios y valores del Estado Social y Democrático de Derecho, porque asistimos, con estupor, al intento de golpe de Estado en el Capitolio, sede física del poder legislativo de USA, alentados y jaleados por el aún presidente Trump, con la intención de boicotear la ratificación del Congreso norteamericano de la victoria de Joe Biden en las elecciones presidenciales del pasado noviembre.

 

            Durante algunas horas estuvimos pegados a los medios de comunicación que nos iban informando puntualmente de este execrable acto contra el sistema democrático realizado en el país que es la cuna de las democracias modernas. Las redes sociales ardían y entre los comentarios que algunos “indeseables” realizaron me topé con el del candidato de VOX a la alcaldía de Logroño, Adrián Belaza, en el que se manifestaba lo siguiente: “señores, ni golpe de Estado en Estados Unidos como los progres entre lágrimas lloran ahora mismo ni nada que se le parezca. Se está luchando por parte del valiente pueblo americano por preservar la DEMOCRACIA y que se demuestre un fraude electoral cantado”. Por otro lado, aparecían las condenas al hecho; en España, por parte del presidente del gobierno, la del líder del PP y más tibias las del Secretario General de los populares, García Egea, que después de condenar el hecho lo calificaba de la misma gravedad que las protestas ante el Congreso de los Diputados en España del movimiento 15-M o las seguidas en la investidura del gobierno del PP salido de las elecciones de 2016 y culpando de ello -como no- al vicepresidente del gobierno Pablo Iglesias y a Podemos, incluyendo también al PSOE por unos actos parecidos a estos en el Parlamento Andaluz, en 2019, cuando se constituyó el gobierno regional tripartito formado por PP, CS y VOX.

 

Otros líderes y ex líderes políticos: Abascal y Albert Rivera (éste último parece que no se ha ido de la política, como prometió, ya que continúa exteriorizando una sistemática animadversión cainita hacia el gobierno elegido democráticamente por los españoles) siguen insistiendo en esa odiosa comparación entre el gravísimo asalto al Capitolio y las protestas avaladas por la izquierda política en las fechas referidas. Ya se sabe y como bien afirma el refranero popular, “el que se pica, ajos come”. Sabemos que Rivera anda un poco “enrabietado” porque no acaba de asimilar que el electorado le diera un palo considerable y el día de San Martin (11 de noviembre) de 2019 tuviera que dimitir. Alguien como él, que creyó ser políticamente superior a los demás y de llevarse el mundo por montera, necesita más tiempo para poder recomponerse.

 

Comparar las protestas de grupos de ciudadanos -apoyados por líderes políticos de la izquierda, en el Congreso de los Diputados- con el asalto al Capitolio norteamericano -en el que ha habido 4 muertos, varios policías heridos y más de medio centenar de detenidos, en el que, además, consiguieron entrar en el templo de la democracia norteamericana (la prueba está en que ocuparon hasta el despacho de la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, donde pudimos ver a un energúmeno extremista con los pies encima de la mesa)- es de una hipocresía alucinante y de una maldad intrínseca, puesto que manifestaciones y protestas ante el Congreso de los Diputados las han protagonizado los ciudadanos de distintas ideologías políticas y es un derecho constitucional (el de reunión pacífica) que tenemos todos. Recuerdo que hace bien poco los líderes políticos de VOX, PP y CS se han unido  a grupos de personas que protestaban en los aledaños del Congreso cuando se estaba debatiendo la Ley Celaá. Incluso Pablo Casado salió de la sesión plenaria para unirse a los manifestantes. Lo mismo ha ocurrido en los plenos en los que se debatió la Ley que regula la Eutanasia. ¿Por qué la derecha y la ultraderecha tienen siempre dos varas de medir? ¿Es que la izquierda no puede concentrarse en sus protestas a las puertas del Congreso y la derecha sí? ¿cuándo lo hace la izquierda es un golpe de Estado al sistema democrático y, en cambio, cuando lo realiza la derecha, es la manifestación de un derecho constitucional?

 

El historiador Francisco Espinosa en una entrevista concedida a un medio de comunicación con motivo de la publicación de su último libro titulado “Por la sagrada causa nacional” manifiesta que “del franquismo queda una ideología que impide avanzar y se transmite de generación en generación”. VOX y PP tienen un tronco común, que es la ideología franquista, que comparten en mayor o menor medida y de la que proceden. El fundador del PP, Manuel Fraga, ocupó varios cargos públicos relevantes durante la dictadura, incluyendo el de ministro y en los primeros momentos de la transición afirmaba categóricamente que algunas formaciones políticas (Partido Comunista y otros) no se legalizarían. José María Aznar consideró, en la transición política, que la Constitución Española era “un atentado parlamentario” y en sus años de gobierno entabló una relación muy estrecha con el presidente norteamericano George W. Bush y el partido republicano al que éste representaba, al que pertenece el todavía presidente Trump (Y le vimos junto a Bush poniendo los pies sobre la mesa, como uno de los asaltantes de ayer al Capitolio y en el rancho de Texas). Rajoy acusó a Zapatero de manifestarse públicamente a favor del candidato demócrata John Kerry, que resultó perdedor, en las presidenciales de 2004. El líder del PP como todos los miembros de esta formación apoyaron siempre al partido republicano en las elecciones presidenciales norteamericanas. En los últimos tiempos, el PP, que gobierna en varias instituciones con el apoyo de los ultraderechistas de VOX, ha seguido apoyando al partido de Donald Trump, por mucho que ahora exterioricen la desaprobación de la incitación de éste a sus seguidores para que asaltaran el Capitolio e impidieran que el Congreso norteamericano ratificara la victoria del demócrata Joe Biden.

 

Pues bien, los líderes del PP saben muy bien que esta postura de apoyo histórico a los conservadores y ultraconservadores del partido republicano norteamericano, al que pertenece Donald Trump, actualmente les perjudica seriamente ante la opinión pública y, por ello, quieren contrarrestar este lastre ideológico atacando duramente la conducta política de la izquierda española al identificarla con la rebelde y sediciosa de los seguidores de Trump cuando asaltaban el Capitolio por la fuerza. Son fieles a las tesis del ministro de la propaganda nazi Joseph Goebbels: “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”.  Saben que acusando sistemáticamente a la izquierda, aunque sea con datos falsos, pueden obtener la excusa perfecta. El pensamiento es el siguiente: “nosotros no somos los que apoyamos a Trump, es la izquierda la que hace lo mismo que él, los golpistas y sediciosos son ellos, la izquierda, nosotros no, porque condenamos esas conductas”. Claramente les traiciona el subconsciente y en su delirio lanzan acusaciones gravísimas, apoyados por los mendaces y manipuladores altavoces de sus aduladores mediáticos pensando que los ciudadanos somos imbéciles y nos creemos sus patrañas.

 

Ya se sabe, todo aquél que se disculpa de una falta sin que nadie le haya pedido tales disculpas, se está señalando él mismo como autor de la falta. Es lo que señala la locución latina de origen medieval “excusatio non petita, accusatio manifesta”.