La silueta de la ciudad

Es cuerpo al que acariciar en el contraste de la tarde frente a un cielo que magnifica las cresterías renacentistas, las agujas góticas, las cúpulas barrocas...

Quiere Amador Martín, afilado el objetivo de su cámara, recorrer la silueta amada de una ciudad que es mujer y es cuerpo adornado de torres

         Recorta el fotógrafo contra el cielo la silueta de la ciudad letrada. En el telón inclemente de la meseta, en el decorado de nubes cambiantes de un invierno gélido, el escorzo del alto soto de torres unamuniano es el exquisito recorrido, pluma y objetivo, de Amador Martín. Tarea de precisión contra el cielo en el que se imprime la puntilla gótica, neoclásica, barroca de nuestras torres hacia lo más alto, deseo de transcendencia, voluntad de vuelo. Es la delicada caligrafía de nuestro perfil más nuestro, el recortable imposible del juego de un artista de los cielos.

         Tiene la palabra silueta la historia curiosa de los epónimos que aprendimos en las clases de Semántica de Don Eugenio de Bustos Tovar, allí en aquella facultad de Filología de académicos ilustres y guardianes de la memoria de un tiempo de lexicografía sin ordenador y dialectología de camino y cuaderno de notas. El epónimo es el nombre de persona o lugar que designa un objeto relacionado con él y quiso la sabiduría popular, o quizás la turba maldiciente,  recordar que a un ministro de finanzas de Luis XV, el francés Étienne de Silhouette le gustara recortar figuras que contraponía en un fondo blanco para resaltar su peso, contorno y densidad. Al ministro le criticaban sus decisiones económicas y de ahí que su apellido pasara a ser sinónimo de cosa pobre y recortada… lo que derivó paradójicamente en la palabra bella y sugerente que nos recuerda líneas femeninas y retratos rococós.


         Porque la silueta, tan exquisitamente trazada, tan bellamente recortada en el blanco que la ilumina, era el recurso anterior al retrato fotográfico que no requería de pintor de cámara ni de laboriosas pinceladas. Todo un arte de la permanencia que en China se utilizaba para hacer teatro como ahora la usamos en elaboradas manifestaciones artísticas de todo tipo. Dueños de la tijera de la imaginación y la creatividad, la silueta es nuestro recurso cercano para jugar con la representación y el misterio, lo que se percibe pero no puede verse, el canto, el borde, la esquina de aquello que mantenemos en la sombra frente a un fondo deslumbrante.

         Quiere Amador Martín, afilado el objetivo de su cámara, recorrer la silueta amada de una ciudad que es mujer y es cuerpo adornado de torres, de veletas, silueta a la que acariciar en el contraste de la tarde frente a un cielo que magnifica las cresterías renacentistas, las agujas góticas, las cúpulas barrocas. Es el contorno de la ciudad bienamada tendida junto al río, es el trazo sutil del calígrafo chino más prodigioso. Es el ejercicio fotográfico más pleno de contraste: el peso denso de aquello que se recorta, sutil como un trazo de tinta negra contra la página blanca. Si Amador es el fotógrafo de la luz, aquí es el alquimista de una sombra que se deleita en su contorno, se hace filigrana de hilo negro para bordar el borde de una ciudad siempre anhelada. Silueta del amor acariciada.

José Amador Martín, Charo Alonso.