Vuelven los Reyes

Compartamos nuestros remedios de salud con los necesitados de los países más pobres

No hablamos del Rey emérito. Ni tampoco del Rey activo. Que desde luego podríamos hablar, porque se está empleando cantidad de tinta en los corrillos de los comentaristas. Y hasta entre lo políticos, que pretenden mejorar las condiciones de la monarquía, dicen, aunque posiblemente lo que algunos pretenden sea debilitarla, y hasta acabar con ella. Y no es seguro, ni mucho menos, que el sistema político republicano sea mejor para nuestro país que el monárquico.

Hablamos de los Reyes que llamamos Magos. Y que parece que cada vez es más claro que no eran reyes, ni siquiera magos, sino que posiblemente eran unos sabios, quizá astrólogos de oriente, que viajaron hasta Belén para adorar al Niño Dios, al Rey de Israel.

Hace pocos días teníamos noticia del acontecimiento de una conjunción entre los planetas Júpiter y Saturno que, apareando su posición, y consiguientemente su luz, reforzaban el resplandor que se cree podo ser la misma coincidencia que ocurriera en los tiempos del nacimiento de Jesús, y que los Magos pudieron contemplar e interpretar como el signo del nacimiento del Rey de los judíos, al que deberían ir a adorar.

Esta tradición, relatada por el evangelista san Mateo, es la que recordamos y celebramos los cristianos desde hace siglos, aunque recientemente hayamos perdido en buena parte el sentido religioso de esta celebración y hayamos convertido esta fiesta en una especie de Papá Noel, que se acerca a nosotros el seis de enero, en lugar del seis o el 25 de diciembre, para llenarnos de cantidad de deliciosos regalos, que los reyes de verdad, los padres, tienen que asumir resignadamente esforzándose por adquirir los cuantiosos regalos, y a veces bien costosos, con un incalculable sacrificio, que nos dejan empeñados para la cuesta de enero.

Y ello, además, con significativo egoísmo, que piensa sólo en nosotros y no tiene en cuenta, fuera de algunas señaladas excepciones, las necesidades y carencias de las familias y de los niños pobres.

Este año los reyes nos han traído el incomparable regalo de las vacunas del covid19. Pero aun estos regalos, quedan reducidos a los países desarrollados y no tienen en cuenta a los habitantes de los países pobres. Y eso que algunos responsables han prometido hacer extensiva a los más indigentes la vacunación, necesaria para ellos, y conveniente incluso para nosotros, ya que la pandemia se extiende a todo el mundo y sólo se puede combatir si las vacunas o los remedios inmunológicos llegan a la mayor parte, 70% suelen decir, de los habitantes de toda la tierra. Por eso la OMS ha pedido con sumo interés que los países ricos contribuyan positivamente a que lleguen las vacunas también, y cuanto antes, a los países pobres.

¿Cuándo podremos empezar con efectividad a compartir nuestros remedios de salud con los necesitados de los países más pobres? ¿Y cuándo empezaremos a vivir una vida más austera y atenernos a lo imprescindible, para poder compartir con los otros necesitados? Y eso, tanto por exigencia de solidaridad con los miembros de nuestra sociedad humana, como por sentido de fraternidad humana y sobre todo cristiana, ya que, según creemos, todos somos hermanos como hijos del mismo Padre.

Caritas de Madrid, con ocasión de la proximidad de la fiesta de Reyes, nos ha invitado a escribir la carta a los Reyes Magos, dejando de lado tantas cosas inútiles que solemos pedir para nosotros, e insiste en que pidamos aquellas cosas que necesitan los pobres, y que seguro lo agradecerían como un gran regalo.

Algunas sugerencias a las que apunta Caritas: Que pidamos cambiar el oro, incienso y mirra por otras cosas que urgen más. Que traigan trabajo para los que no lo tienen y se lo quiten a los que trabajan demasiado. Que traigan sensibilidad para adivinar lo que necesitan las personas que tenemos al lado. Que nos traigan austeridad para que aprendamos a vivir en la libertad de no tenerlo todo. Paciencia para que sepamos respetar los ritmos de la vida, sin acelerarla. Ternura para llenar el mundo de Amor y sentirnos todos hermanos. Y termina: “Traednos a Dios, o mejor, no traigáis nada de lo anterior, traednos a ese Dios que os encontrasteis, porque con Él en nuestra vida conseguiremos todo lo anterior”.

Que vuelvan los Reyes. Los de verdad. Los que merecen la pena. Que vuelvan los Reyes de siempre, los de los mejores tiempos de un verdadero sentimiento cristiano. Y lo demás estará asegurado.