Desde el alma

Durante este periodo de pandemia he leído y traducido un tratado sobre el alma en estilo epistolar que el filósofo y monje cisterciense del siglo XII, Isaac de Stella, dirige a su querido amigo Alcuero, hermano en religión  en un monasterio del oeste de Francia. Es una reflexión antropológica sobre el alma humana y sus facultades y fuerzas que el filósofo va investigando en su relación con el cuerpo y con Dios, a la vez que reflexiona sobre las limitaciones de nuestro conocimiento Pero esto podría ser objeto de otra de nuestras reflexiones.

Lo que me ha llamado poderosamente la atención y de alguna manera me ha sorprendido es la coda final de esta epístola, que parece estar escrita para el momento que nos ha tocado vivir, y me ha recordado aquello de “nihil novum sub solé”, nada nuevo bajo el sol. Esta reflexión de un filósofo antiguo y olvidado, quizá por antiguo y “superado” por el hombre moderno, que domina la ciencia y la tecnología, puede valer para todos los tiempos y también para el hombre de hoy que puede observar cómo los sucesos de la pandemia nos superan. Pueden hacerla suya los todos los que la leyeren.

Le dice Isaac a su amigo Akcuero: “Te he escrito estas cosas, hermano, para no dejar de obedecerte, en medio de innumerables angustias, pues este año han venido sobre nuestras regiones males de pestilencia y de hambre tales que, según se cree, no vieron todos los siglos pasados; y ciertamente el año pasado ya vimos y advertimos sus signos, conscientes de que todos los sucesos tuenen causas de las que provienen, y hechos anteriores que preparan el modo cómo han de suceder, y señales de cuando sucederán y situaciones propicias por las que finalmente suceden. Pues nada hace la sabiduría si no es sabiamente, y nada hace el sumo bien si no lo bueno y bien hecho, y para el bien. Que tengas salud, y ruega por mí, amándome, porque yo te amo a ti.”

Cada uno puede sacar sus conclusiones.