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Lunes, 25 de enero de 2021

Itinerario salmantino de final de año

Quiere la ciudad de piedra, la ciudad forjada por los siglos y los saberes, los libros y los seres, posar muy quieta

Toca a la puerta del nuevo año el fotógrafo en su recorrido del corazón, por la luz y la historia de la ciudad letrada. Su mirada acaricia la madera, se engancha en los clavos que son forja protectora de la casa donde todos nos guardamos. Es el tiempo de la espera, del deseo compartido, del propósito de enmienda, del dolor por lo perdido. Y quiere la ciudad del río brindar con su paso de agua al paso del relator de imágenes, del poeta de luces, del fotógrafo del alma. José Amador Martín solo sabe mirar hacia el corazón de lo que ama, y es su latido enamorado el que dispara la cámara.

Quiere la ciudad de piedra, la ciudad forjada por los siglos y los saberes, los libros y los seres, posar muy quieta para la última imagen de un año que la vació de toda vida. Y muy a su pesar de todos los itinerarios de la mirada, de sus fieles fotógrafos peripatéticos que tan bien la retratan. Un año en el que perdimos la delicada, la exquisita mirada de H.S.Tomé, verde y pausada, aquel que sabía de las geometrías del alma. Ciudad que intuimos quieta, sola, recorrida de sirenas, lamentos y paz… la paz de los conventos, de las bibliotecas, de las iglesias, de las esperanzas que luego recorrieron, de nuevo, todas sus estancias.


Y golpeamos ahora la puerta del año nuevo con esperanza, con fe, con ánimo, con alegría. Y se abrirá ante nosotros para mostrarnos de nuevo la belleza. Entonces seguirá Amador caminando la ciudad de la luz para retratar de nuevo la irisada arista de sus facetas, para retratar lo que amamos y amar lo que miramos. Y será la esperanza fruta cierta para lucir en el árbol generoso de un tiempo recobrado.

El destino del itinerario es el camino. Compartido, amado, renacido. La puerta se abre y la belleza se inicia. Feliz, feliz año.

José Amador Martín, Charo Alonso.