Un antes y un después

Podemos esperar un año nuevo diferente, empecemos a construirlo

No sé si, al comenzar el nuevo año, seremos capaces de repetir el dicho de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Por lo menos esperamos que así sea, es decir, que podamos asegurar que el año pasado, el 2020, ha sido decididamente peor que el que viene.

Es, por lo menos, lo que nos deseamos todos: que tengamos un “próspero año nuevo”. Hemos de aprender de lo que en los años pasados hemos hecho mal, y ver cómo podemos hacer que el año que llega sea realmente mejor, porque lo hacemos nosotros mejor.

Ojalá nos adentremos por un camino de paz y de concordia, y nos decidamos, por fin, a entrar por el camino de los acuerdos, a todos los niveles. Así saldríamos mejor, todos juntos, de la situación tremenda creada por la pandemia del covid19, tanto en el orden sanitario, como en el económico, el moral y hasta el sentimental.

Por esta ruta es por la que nos orienta la jornada mundial de la Paz, con la que comenzamos el año nuevo, por iniciativa de los diferentes Papas y, por supuesto, un año más por iniciativa del Papa Francisco.

El mensaje del Papa para este año, que no deja de lado toda la problemática de la covid19, une sin embargo la paz con el cultivo o cuidado de la creación:

“En el umbral del Año Nuevo, deseo presentar mi más respetuoso saludo a los Jefes de Estado y de Gobierno, a los responsables de las organizaciones internacionales, a los líderes espirituales y a los fieles de diversas religiones, y a los hombres y mujeres de buena voluntad. A todos les hago llegar mis mejores deseos para que la humanidad pueda progresar en este año por el camino de la fraternidad, la justicia y la paz entre las personas, las comunidades, los pueblos y los Estados”.

 

Los “eventos, que han marcado el camino de la humanidad en el último año, nos enseñan la importancia de hacernos cargo los unos de los otros y también de la creación, para construir una sociedad basada en relaciones de fraternidad. Por eso he elegido como tema de este mensaje: La cultura del cuidado como camino de paz”.

 

El Papa examina a continuación el sentido trascendente de esta actitud del cuidado entre las personas y con la naturaleza, que está necesitando urgentemente un exquisito cuidado.

 

Lo que hagamos ahora tendrá sus consecuencias para nosotros y para los demás en el futuro: “Cada aspecto de la vida social, política y económica encuentra su realización cuando está al servicio del bien común, es decir del «conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten a los grupos y cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente su propia perfección» (Concilio Vaticano II, Gaudium et spes 26). Por lo tanto, nuestros planes y esfuerzos siempre deben tener en cuenta sus efectos sobre toda la familia humana, sopesando las consecuencias para el momento presente y para las generaciones futuras”.

 

Los cristianos sabemos que Cristo, que está en el centro de la historia, es “el mismo ayer, hoy y siempre” (Hb 13,8). El ayer ya pasó hace muchos años, es historia. El futuro llegará en su momento. El presente es lo que está en nuestras manos, pero hemos de interpretarlo a la vista de lo que esperamos para el futuro. Hay un antes y un después. El antes ya pasó y no queremos que vuelva. El nuevo año nos señala el camino que hemos de seguir para construir con solidaridad el futuro. Así, las cosas irán mejor, y podemos esperar un año nuevo diferente y mucho más apetecible. Ojalá nos comprometamos y empecemos a construirlo.