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Sábado, 23 de enero de 2021

Peregrinos del absoluto

Quien busca la verdad, sea o no consciente de ello, busca a Dios

EDITH STEIN.

Me encuentro cara a cara con tu mundo, Dios, y no huyo de la realidad hacia bellos sueños -aunque creo que junto a las realidades más crueles también hay sitio para los sueños hermosos-, y sigo alabando tu creación, Dios.

ETTY HILLESUM

Vivimos en la “era del vacío”, de la dificultad de sentir, de ser transportados fuera de nosotros mismos. Este momento se presenta como una trituradora de todo elemento humano, ético, religioso que pueda oscurecer la rentabilidad del dinero, que se ha convertido en un fin en sí mismo. El desencantamiento del mundo y el “eclipse de Dios”, no han podido terminar con el anhelo del ser humano de transcendencia. La relación con Dios se resuelve en el interior del corazón del hombre, no está ligado a ningún recinto sagrado, a ningún templo fabricado por las manos humanas. La auténtica religación y apertura a la transcendencia tiene lugar en el mundo, con sus contradicciones y absurdos.

En lo transitorio de nuestra realidad, nos damos cuenta de la necesidad de Dios, donde muchas cosas se vuelven vacías e innecesarias, necesitando de un mayor anhelo de infinito. Esa querencia de misterio se despliega aún más en todo aquello para lo que el hombre ha vivido, creado, amado y padecido. En la esfera de la interioridad, en el hombre interior, se consume toda la realidad del mundo, es allí donde el hombre es ese ser capaz de vivir y morir en Dios.

El poder leer, más en estos momentos de pandemia, no solo es un instrumento de aprendizaje hace más habitable el espíritu. En las lecturas nos apoyamos para transcender nuestras realidades, nuestro propio yo, y superar de alguna manera el tiempo vivido. En estas navidades confinados, además de los paseos que sanan el cuerpo y el espíritu, me he estado moviendo en las periferias del silencio, no moviéndome ni un centímetro de mi espacio favorito, para disfrutar de la lectura. En estos días termino de leer un libro precioso, un libro para navegantes de las profundidades del misterio, Peregrinos del absoluto de Rafael Narbona, que quisiera recomendar para terminar el año.

Con él he estado liberando la conciencia del exceso de finitud con doce testimonios de una profunda vivencia de lo transcendente, de lo absoluto. Doce escritores que se adentran en la experiencia mística desde su escritura, ofreciéndonos su vivencia extrema de absoluto. Ante la imposibilidad del decir y el no decir, no nos resignamos a no buscar el misterio último en los escritos de estos doce místicos, avivando los rescoldos de sus anhelos de transcendencia, a pesar que caminamos en la noche oscura.

Con estos buscadores de Dios que nos presenta este libro (Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, Blaise Pascal, William Blake, Søren Kierkegaard, Miguel de Unamuno, Rainer María Rilke, George, Bataille, Simone Weil, Emile M. Cioran, Etty Hillesum, Thomas Merton), a su modo, los autores, nos abren un camino radical que nos lleva a las profundidades de lo indecible, expresando la vivencias que han experimentado de Él. La obra abre al lector ventanas para ir más allá y descubrir y vivir la Vida que está presente en cada ser y en todo lo creado.

Siguiendo el rastro de estos peregrinos del absoluto, se puede ir descubriendo una realidad abarcadora que está más allá de las cosas humanas, tomando la realidad el contorno que le es propio. Los místicos son “expertos en Dios”, no porque acumulen conocimientos, sino porque han reducido a cenizas cualquier representación de esa Presencia, gracias a un doble trabajo de purificación y vaciamiento. Más allá del ego, en la vasta llanura de su ser, el místico atisba ese gran Silencio, sintiendo que existió desde siempre. Esta apertura a lo infinito supone un ensanchamiento de lo real, postulando un universo abierto palpándolo desde la finitud

Sus experiencias requieren la profundidad del desnudo silencio, caminar descalzos por la tierra sagrada, sabiendo que místico adquiere un estado donde el conocimiento se objetiva en vivencias con lo que se hace difícil expresarlo con el lenguaje ordinario. Así la poesía, lenguaje de la noche, se vuelve revelación en la mística. A lo largo de ese camino, el poeta y, cada ser humano que lo inicia, vive una y otra vez, encuentros inacabados con esa Presencia que nos envuelve como un manto, aunque permanezca en ese claro oscuro del silencio. En esa batalla del lenguaje, el poeta y el místico, se ve forzado a remitirse al silencio, ante la imposibilidad de expresar la experiencia de lo inefable.

Ante la imposibilidad del decir y el no decir, el místico no se resigna no buscar el misterio violentando el lenguaje y avivando los rescoldos de sus anhelos de transcendencia, a pesar que sabe que camina en la noche oscura. San Juan de la Cruz, emplea la antítesis en sus experiencias místicas, es “música callada” o “soledad sonora”, situándose con sus versos en los límites de la imposibilidad del decir, acomodándose en la oración y el silencio. La experiencia del místico ensancha el corazón a la medida de una sin medida de Dios, tomando parte activa de esa corriente de ser y de amor que le origina. Contemplar el misterio es recibir, nos recordaba Santa Teresa de Jesús, es un dejarse captar por el misterio y vivir la vida transcendiéndola continuamente, encontrando el sentido en todo.

Rafael Narbona es Licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación, ha trabajado como profesor de Filosofía. Desde el año 2000, colabora de forma habitual con El Cultural y Revista de Libros, encargándose fundamentalmente de la crítica literaria, pero también escribe sobre cine, música y arte. Ha colaborado con Quimera, Letras Libres, Cuadernos Hispanoamericanos, Turia, Claves de Razón Práctica, Revista de Estudios Orteguianos y otras publicaciones de carácter cultural. En la actualidad, mantiene dos blogs: Entreclásicos y Viaje a Siracusa.

El libro surge de forma inesperada, por encargo del director de Taugenit, gestándose en seis meses de trabajo intenso, intentando acercar la mística a todos, a pesar que se resiste en por los prejuicios, pero otro lado, lograr la aprobación de aquellos que ya iniciados en el tema. Creemos que el autor ha logrado con creces su objetivo, con una gran calidad no solo la escritura, también en los contenidos, que hace que te lleven, como una barca entre las olas del mar, hacia las profundidades del océano. FELIZ AÑO.