Sábado, 10 de abril de 2021

Sociedad rota 

Nuestro gran humanista del siglo XVI Juan Luis Vives en su obra que titula Concordia y discordia del género humano nos habla de los enfrentamientos, luchas y guerras  entre los hombres pero a la vez afirma que el ser humano ha sido hecho para vivir en sociedad, en una sociedad o comunidad universal entre todos. Pero aun cuando sean sociedades enfrentadas el ser humano vive en sociedad, busca refugio en su grupo y se apoya en los suyos.

Es difícil imaginar a un hombre sólo sobre la tierra y por eso han tenido éxito las novelas de robinsones, que viven sin comunicación con nadie en una isla. Por eso consideramos una desgracia el que una persona viva y muera en la soledad, abandonado de todos. Nuestro poeta Luis de León amante de la soledad y el silencia, que buscaba en la finca de l Flecha que el convento de los Agustinos de Salamanca tenía junto al Tomes, vivía en sociedad con sus hermanos de religión y con ellos alimentaba las meditaciones de su soledad y silencio. Con algunos de esos hermanos en un barco de varal pasaba un tamo del río, junto a la aceña, y en una isla conversaban. Así nació, de aquellos diálogos, la maravillosa obra Los nombres de Cristo, un modelo clásico de la lengua castellana, que merece la pena leer no solo por su valor religioso sino también por su belleza literaria, donde en mi opinión el castellano luce en su mayor esplendor.

Ahora, recordando una vez más al Maestro agustino, en esta situación insólita que nos ha tocado vivir reflexiono sobre la condición humana y pienso que la pandemia ha conseguido de alguna manera romper nuestra sociedad; todo ello desde unas fuerzas que nos superan y hacen entender al hombre, eufórico de modernidad y engreído con su nuevas tecnologías, que no es tan autónomo como creía y que hay fuerzas superiores que no puede controlar.

Hemos tenido que romper muchas de nuestras relaciones sociales, que son necesarias para mantener una sociedad unida y fuerte. Vivimos solos o en grupos pequeños, y aun así en muchos casos no podemos tener manifestaciones de cariño o amistad, No podemos visitar a los familiares y amigos y si lo hacemos ha de ser con precauciones, que coartan la libertad , los impulsos afectivos más elementales. Con las calles de nuestras ciudades y pueblos están vacías cuando salimos para hacer las comparas, a pasear el perro o respirar el aire, vamos disfrazados con nuestra mascarilla y rehuimos a las demás personas, con miedo a que nuestros semejantes puedan contagiarnos, como huiríamos de un  animal dañino, o una fiera que pidiera atacarnos.

Confiemos en que esto sea un mal pasajero y que nos recuerde que formamos una sociedad en la que nos necesitamos unos a otros para ayudarnos a vivir en nuestra tierra, desterrando las oposiciones y luchas, rehaciendo esta sociedad que ahora está rota.