NAVIDAD 2020

Parece que no existe porque se han cambiado algunas rutinas.

Yo en el libro del Evangelio creo haber escuchado muchas veces la historia de una mujer embarazada que tuvo que salir con su marido de Nazaret  para ir a dar a luz en un establo calentado por animales  a Belén,  porque Herodes iba a matar a todos los niños que nacieran.

En Cisjordania y Gaza dentro del actualmente reconocido estado de Israel. Las cosas en la actualidad no parecen estar mucho mejor y lo más preocupante allí probablemente no sea el Covid.

El otro día hicimos una vídeoconferencia con los niños de Marruecos a los que le hicimos la casa y por supuesto no tenían mascarilla. Difícil tenerla y difícil encontrarse a alguien y difícil comer equilibrado o tener lo necesario para la escuela.

La situación que nos describen desde Capiatá en Paraguay donde mandamos contenedores desde el ropero parece también dantesca.

Podemos hablar de refugiados o de inmigrantes. Es una Navidad muy parecida  a las otras en la mayoría del mundo.

Los medios de comunicación como de costumbre siguen poniendo el peso de alimentar el miedo de los blanquitos privilegiados que somos nosotros.

La alegría de los pobres tiene más credibilidad que la de los ricos. Las nuevas definiciones de vida desde la burbuja, que aparecen en las nuevas filosofías, teologías, etc. A mí me suenan biológicas y dirigidas desde la dictadura del materialismo más absoluto y de la ignorancia universal que provoca el egoísmo.

Yo no soy feliz de postín. Tengo hijas, familia, amigos, y un trabajo que vivo como misión con los jóvenes y niños más desfavorecidos.

Hay mucho happy intrascendente, de Navidad de espubillón y nieve artificial.

La familia del pesebre a pesar de la pobreza y la amenaza consiguió la Navidad más feliz porque se creyeron, confiaron y nació un hijo. Sin embargo, las Navidades occidentales no dan hijos, no nacen nuevas esperanzas y muchos de los que vienen a salvarnos en patera son ahogados en el Mediterráneo.

Siempre me han considerado una persona positiva. Pero últimamente a veces parezco amargado al lado de los happy . Muchas veces dije que me dolía la felicidad, pero también lleva mucho tiempo doliéndome la frialdad, frivolidad y superficialidad.

Resistiré a que me impongan una alegría fingida. Tengo un sentido del humor selectivo, me río mucho con algunas personas. Otras no me hacen ni puta gracia.

¡Disfrutad de la Navidad aportando al global un granito de arena en conciencia!.