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Martes, 2 de marzo de 2021

Navidad en pandemia

Este año la Navidad tiene que ser diferente

Todos estamos convencidos de que este año la Navidad tiene que ser diferente. Sin llegar a afirmar, como algunos se han atrevido a hacer, que este año no puede haber Navidad, sí que hay que ver las condiciones en las cuales se puede o no se puede celebrar.

Tradicionalmente nuestra Navidad ha estado muy marcada por rasgos externos y ajenos a la Navidad misma: compras en abundancia, comidas excesivas, incluidos los dulces y turrones, villancicos, músicas y bailes, y la lotería con sus gordos general y del Niño incluidos.

Sin embargo, el hecho de que este año se nos aconseje salir menos, y se nos prohíba reunirnos más de seis o de diez personas, y sólo con familiares, limitando los viajes a miembros del mismo grupo conviviente, o a lo sumo a algunos de los allegados, nos invita a considerar, si será posible celebrar la Navidad y cómo habrá que hacerlo.

Y vendremos a descubrir que, con todas las limitaciones correspondientes, la Navidad en lo esencial sigue siendo posible y aun necesaria. Es el misterio del nacimiento del Dios hecho hombre, ocurrido ya hace más de dos mil años, y que sigue teniendo vigencia. A la asunción del cuerpo humano siguió la pasión y muerte y la resurrección y, así, la permanencia sin límites de tiempo alguno, y sin condicionamientos que puedan negar o rebajar la esencia del misterio.

Cristo vino, viene hoy, y volverá al fin de los tiempos. Pero, como recordamos un hecho histórico incontrovertible, y que ya nadie puede limitar o anular, cualquier humano puede celebrar el bienaventurado hecho del nacimiento del Salvador, con las gratas presencias, como la de los pastores y los Reyes, y con las humanas contrariedades como la muerte de los inocentes por causa de buscar acabar con el Rey anunciado, o la consecuente huida de Jesús, María y José al país extranjero y enemigo que era Egipto.

Pues bien, todos estos acontecimientos se pueden hoy recordar y celebrar, aunque sea solitariamente como tantas familias unipersonales, o en pareja única de convivientes, bien porque no hay hijos o familiares, bien porque los familiares tienen que permanecer alejados a causa de las limitaciones impuestas por la pandemia.

Sin embargo, estas condiciones limitantes pueden ser una ventaja para mantenernos fieles a lo esencial del misterio. Sin duda, siendo pocos o muchos, se puede hacer un Belén en casa, una celebración personal o familiar, se puede asistir a la Misa del Gallo (aunque sea a la misa que algunos llaman jocosamente del pollito por celebrarse a las seis o las siete de la tarde, cuando lo normal es celebrarla al amanecer del día de Navidad, es decir, a partir de las doce de la noche, o como mucho a partir de las once).

También puede haber, meritoriamente, un acercamiento a residencias de ancianos, a prisioneros en la cárcel, a enfermos en los hospitales o residencias, a pobres de solemnidad, tantos en estos momentos, que necesitan acercarse a centros de beneficencia, a comedores de los pobres o a recoger la comida mínima necesaria para poder alimentarse con lo esencial para sobrevivir.

En este sentido, es de alabar la original y caritativa idea del Padre Ángel, que otros años ha reunido a un buen número de pobres en la iglesia de San Antón, de Madrid, o en otros centros de acogida, como el Senado, y este año pretende repartir bolsas de alimentación invitando a los pobres a acercarse para recogerlas al edificio del Congreso. Un buen signo de dignificación de estas pobres gentes.

El padre Ángel sostiene que hay mucha gente buena, y que eso ha quedado demostrado con tanto voluntariado, aun de gente joven, que se ha ofrecido a ayudar a los necesitados, incluso acercándoles la compra o las medicinas a los que no podían salir de casa, en los momentos más duros de la pandemia. Como también sobresalen las ayudas del banco de alimentos, de la Cruz Roja, o de Caritas y otras instituciones de beneficencia y voluntariado.

Ésta es la Navidad. Y vaya que se puede, y hasta se debe celebrar. Nos ha nacido un Niño que es la salvación del mundo, de los hombres y de los pueblos. ¡Feliz Navidad para todos!