Advertisement
Domingo, 24 de enero de 2021

Entre la comedia y la tragicomedia: los nuevos ensayos de relación en los parlamentos españoles

En las últimas semanas hemos visto cómo han surgido nuevos modos de réplica, entre los diputados de grupos políticos adversos.¡Bienvenidos sean!, pues esto revela que la creatividad no ha perecido ahogada en ese eterna y baldía disputa entre los insultos y gritos de la derecha ( siempre capaz de una vuelta de tuerca más) y los inútiles intentos de “contestar” de los diputados de izquierda a diputados que no quieren ningún tipo de contestación, sino que las cámaras recojan sus acusaciones, poco o nada razonadas.

Los nuevos modos de réplica a los que me refiero han venido de la mano del presidente del Gobierno, por una parte y de la presidenta de la comunidad de Madrid, por otra. Recordémoslos.

El jueves pasado, en el último pleno del Congreso de los diputados, de repente, en la última intervención, escuchamos y vemos ¡al presidente del Gobierno gesticulando y haciendo juegos de palabras con los tópicos que desgastan, por repetidos, las tres derechas”: “¡el gobierno social-comunista-bolivariano en connivencia con el virus chino responsable de la pandemia y Bill Gates detrás de la estrategia de querernos inocular a todos un microchip…, etc. etc.”. O algo similar. Miles de lectores han reído a mandíbula batiente con la cómica intervención del presidente, que por fin, por una vez, se ha salido de su rol controlado, educado, adosado de masoquismo victimista y ha pasado al ataque desde las últimas victorias que su equipo y su gobierno ha conseguido en el Parlamento y en Europa. ¡El humor, como herramienta más inteligente de la especie humana ha vuelto al Congreso español!

La otra nueva modalidad de “comunicación” parlamentaria es la que ( según la prensa) sigue I.D. Ayuso últimamente en sus réplicas obligadas por las normas parlamentarias: al parecer mientras la diputada Isa Serra o cualquier otro diputado/a de la oposición expresa su crítica frente a cualquier decisión de la popular presidenta, ésta fija su atención en algún papel que se trae entre sus manos, o se queda con la mirada fija en algún punto impreciso del espacio, nunca en la del interlocutor que se dirige a ella, representando muy bien su deseo: el de no oír ni ver a la opositora/or. Mientras tanto, contesta como puede o quiere. Como no se podría afirmar que su mirada perdida es un acto consciente de intencionalidad perversa de desprecio a su rival parlamentario, sino que podría ser fácilmente un mecanismo psíquico de defensa, que necesita para cumplir su rol adecuadamente, no podemos condenarlo; que tire la primera piedra el que hablando con su compañero fija su mirada en el móvil y se pasa cinco minutos chateando, mientras su interlocutor aguarda, más o menos pacientemente, la saltarina atención de su socio o amigo. Pues eso: cada cual tenemos nuestras peculiaridades con nuestro prójimo.

Los ciudadanos que no soportamos los gritos, los insultos, la ausencia total de lógica discursiva (excepto en el humor) y que creo que en nuestro país aún somos mayoría, votaríamos por un árbitro que sancionara con tarjetas o puntos a aquellos diputados que insultan, gritan o no utilizan la lógica que necesita la construcción de un pensamiento.

Quizás con esa similar medida que aceptamos sin ningún “pero” en un campo de fútbol, disminuiría el ingente número de españoles que nos hieren los oídos y que, peor aún, ejercen de modelos educativos de nuestros hijos y nietos.