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Lunes, 25 de enero de 2021

Espera, esperanza, prosperar…

El pasado domingo, la Parroquia de San Miguel Arcángel de Peñaranda de Bracamonte acogió un pequeño acto de veneración a su Virgen, la de la Esperanza, en sustitución del tradicional besamanos. Tuve la suerte y el agrado de pasarme un rato muy breve por allí. Y reflexionar, aunque solo fuera por unos minutos, delante de Nuestra Señora de la Esperanza y todo lo envuelve una advocación mariana tan especial y más llena de significado de lo que pueda parecer. Y no hay mejor día para hablar de esperanza que hoy, 18 de diciembre.

Sé poco de la Esperanza peñarandina. Sólo datos objetivos, como su autor, el bejarano Francisco González Macías, o que recientemente ha “cumplido” 75 años acompañando a sus devotos a lo largo de la geografía salmantina. Pero estos fútiles datos no hablan realmente de la Esperanza. Tratan de explicar la parte “tangible” de la vecina insigne y se dejan en el tintero la parte más relevante, la que no se recoge en ningún sitio. Creo recordar haber preguntado a mi padre el significado de la palabra “esperanza” cuando era pequeño, por curiosidad o simplemente para ampliar mi paupérrimo léxico infantil. Seguramente recibí una respuesta objetiva y con un lenguaje adecuado para mi corta edad. Lo suficiente para empezar a entender las pinceladas verdes aterciopeladas y salpicadas de naturaleza silvestre dorada que arropaban a la dulce mujer lacrimosa. Y me pregunté a quién esperaba la dama de verde con un vergel de blancas flores creciendo a sus pies, anticipada por efluvios de incienso y mecida bajo palio para aliviar su dolor. Y comprendí un poco más de la Virgen y un poco más de las personas aglomeradas que abarrotaban la plaza. ¿Ellos esperaban a la Esperanza y ella los esperaba a ellos?  ¿O quizás ellos esperaban algo más de esperanza para prosperar en sus vidas? La Esperanza parecía llevar bordados anhelos, preocupaciones y peticiones anónimas entre los intrincados tallos y los exuberantes motivos vegetales. Y son todas estas puntadas bordadas en hilo dorado las que explican qué es la Esperanza para los que esperan pacientemente no ser desesperados por la vida que no se detiene a su gusto. Toda la devoción profesada delante de la imagen. Todas las personas indigentes de comprensión que han pasado frente a ella con cariño y cuentas pendientes. Y la Esperanza impertérrita y callada ante sus sempiternos pesares. Son las personas que han pasado delante de la Esperanza las que completan a la imagen de González Macías y cuentan más de lo que dicen cualquier archivo histórico guardado con celo en un cajón. Habría que reivindicar la historia de la Esperanza guardada en la memoria social para poder describirla por completo. Si la Esperanza hablara por su pueblo…