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Jueves, 28 de enero de 2021

La resolución de las mujeres

Amnistía Internacional

Lycia Saceda López

Activista y Defensora de los Derechos Humanos

Hace 20 años que las Naciones Unidas, por unanimidad del Consejo de Seguridad, instaron a los gobiernos a la protección de todas las mujeres y niñas en zonas de guerra. Conocemos esta resolución como la 1325. Hay que extremar dichas protecciones, pues mujeres y niñas son la mayoría de las víctimas de los diferentes conflictos armados que suceden en el mundo. Además de la dureza de vivir en guerra, tienen que soportar ser discriminadas por su género, siendo vejadas, violadas y agredidas sexualmente en incontables ocasiones, utilizadas para desmoralizar al enemigo, con embarazos no deseados e incluso siendo obligadas a ejercer la esclavitud ya desde muy temprana edad. Pero no nos engañemos, todas son esclavas, aunque no a todas se les llame así, pues deben cuidar de los enfermos, de los niños, de los ancianos, de los mutilados, asumir el rol de cabeza de familia, trabajar y, si tienen tiempo, procurar salvar sus propias vidas.

Sabemos que esto existe desde hace miles de años, no nos son ajenas las historias de las violaciones a las mujeres en guerras pasadas, y, aun así, se han considerado como inevitables. Pero no porque alguna vez se haya intentado evitar y no se haya conseguido, sino por la indiferencia social que históricamente se ha procesado hacia las mujeres, llegando el agresor a conseguir la impunidad en incontables ocasiones (si alguna vez se le llegaba a condenar).

Y es por esto por lo que la Resolución 1325 es histórica, pues arroja luz sobre la posibilidad de generar conciencias y reconocer que los efectos de una guerra son más graves en la mujer y que éstas tienen un papel clave durante la guerra y sobre todo posteriormente, cuando ha de reconstruirse todo, donde consiguen reconstruir muchas cosas, pero nunca a ellas mismas.

Aunque podemos afirmar que se han conseguido muchas cosas desde que los Estados miembros reconocieron los derechos de las mujeres y niñas, no ha sido suficiente. Podemos verlo en los alarmantes datos que la Conferencia sobre Mujeres, Paz y Seguridad de 2010 nos revelaba: el 90% de las víctimas en una guerra no son militares o soldados como antaño, ahora son personas de a pie, civiles, y en su gran mayoría,  mujeres, niños y niñas. Por otro lado, como se sigue llamando a la guerra a los hombres, esto hace que el número de desplazadas y refugiadas siga siendo mayoritariamente de mujeres. Desde 2010 esas cifras no han variado significativamente.

Cabe mencionar que esta resolución también recogía la necesidad de contar con más mujeres en todos los ámbitos gubernamentales, reconociendo a las organizaciones de mujeres defensoras de la paz y a otros colectivos sociales que buscan la igualdad y abogaban por una férrea defensa de los derechos de la mujeres y niñas; esto tampoco se cumplió aunque se consiguió demostrar empíricamente que la participación activa de mujeres era beneficiosa para alcanzar la paz o llegar a acuerdos, pero como ya nos adelanta ONU Mujeres, los datos reales son muy tristes.

Este año celebramos un aniversario, sí. Sin embargo, también hemos podido ver que el transcurso del covid-19 ha exacerbado todavía más las pobres estructuras sociales que comenzaron a alzarse hace 20 años. La pandemia que vivimos, por tanto, ha tenido mayor impacto en las mujeres, niños y niñas, principalmente en las zonas que aún siguen en guerra o lo estuvieron poco tiempo atrás. Todo ello ha provocado un retroceso y una vuelta a la violencia, una desatención médica básica y maternal y una carga de tareas desproporcionada (vimos anteriormente que ya lo era). El covid-19 ha hecho que el cuidado de enfermos haya crecido de manera exponencial y que las pérdidas de empleos de estas mujeres conviertan una situación horrible que todos vivimos, en una situación insufrible que aun así soportan.

Por tanto, debemos, ahora más que nunca, reivindicar que las mujeres somos necesarias para erigir una paz justa, y que esta justicia jamás llegará si seguimos por el camino de abandonar los sufrimientos, necesidades y preocupaciones de un gran colectivo.

La propia ONU afirma que el marco normativo de la 1325 “representa un cambio significativo en la manera en la que la comunidad internacional enfoca la prevención y la resolución de los conflictos, y convierte la promoción de la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres en una preocupación internacional de paz y seguridad”. Ahora solo nos queda materializar por fin este marco normativo por el que tantas mujeres y asociaciones luchan. Estas líneas van por vosotras, por todas aquellas que se mueven entre “noes” y “abstenciones” y aun así no se rinden.