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Miércoles, 27 de enero de 2021

Reflexión interna

“ Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontraras a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas” (Pablo Neruda)

Estoy convencido de que hay un relato en el mundo, y sólo uno, que ha a aterrorizado e inspirado a todos los humanos, de manera que vivimos un melodrama en episodios de continua reflexión y sorpresa. Los humanos están cautivos- en su vida, en sus pensamientos, sus ansias, sus ambiciones, en su avaricia y crueldad, y también en su bondad y generosidad- en una red del bien y del mal.

Pienso que este es el único relato que conocemos, y que transcurre a todos los niveles de sentimientos y de inteligencia. La virtud y el vicio fueron la trama y urdimbre de nuestra incipiente conciencia, y serán tapiz de la última; y esto es así a pesar de los cambios que podamos imponer al campo, al río,  a la montaña, a la economía y al trato social.

No hay otro relato: Al hombre, después de haber limpiado el polvo y las virutas de su vida, le quedarán sólo estas preguntas severas y escuetas: ¿Fue mi vida buena, o mala? He hecho el bien, o el mal?. Esto inevitablemente nos deja la enseñanza que, aunque estemos agobiados de problemas, enfermos y pobres, o seamos feos, cada cual tiene que cargar con su alma toda la vida, tal como quien lleva un tesoro en bandeja. Y evidentemente efectuar esa introspección, que te pregunte: ¿quién eres?.

Ahora mismo, en este preciso momento, somos el resultado de las experiencias que hemos vivido a lo largo de nuestra vida. O más concretamente de como las hemos interpretado y la actitud que hemos tomado frente a ellas. Si bien la mayoría de acontecimientos que forman parte de nuestro día a día transcurren sin hacer ruido, hay algunos hechos que nos marcan para siempre y dejan una huella imborrable en nuestra mente y en nuestro corazón.

Una larga enfermedad, un accidente de tráfico, ser despedidos del trabajo, la ruptura sentimental, o la traición en quien confiabas plenamente etcétera, son las más difíciles de afrontar, son precisamente las que más nos posibilitan evolucionar y madurar como seres humanos. Todo depende de cómo las veamos: como problemas con los que quejarnos y victimarnos o como oportunidades de superación y aprendizaje.

Por eso se dice que no hay mejor maestro que la adversidad. Aunque suela vivirse como un proceso, agrio, difícil, doloroso e incómodo muchas personas reconocen que gracias a sus conflictos existenciales han conectado con una fortaleza interior que desconocían. Y no sólo eso; en ocasiones, la experiencia del sufrimiento y el malestar les ha llevado a replantearse por completo su vida, a cuestionarse sus creencias y sus valores, y a cambiar así su manera de ver y relacionarse con el mundo.

Y lo cierto es que esta aptitud y nuevo enfoque optimista, es un mensaje universal que se repite desde hace miles de años. Sin embargo, los seres humanos tenemos un peculiar rasgo común, tendemos a olvidar lo que con más entusiasmo deberíamos recordar, y no ser esclavos de esa negligencia.

Al menos hasta que nuestras circunstancias deriven en insoportables; sólo entonces nos atrevemos a reflexionar y a promover algún cambio en nuestra forma de afrontar la existencia. Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa; la última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal que debe afrontar frente al destino para decidir su propio camino. Y es precisamente esa libertad interior y espiritual la que nadie nos puede arrebatar, la que confiere a la existencia una intención y un sentido.

                Fermín González salamancartvaldia.es                          blog taurinerías