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Lunes, 25 de enero de 2021

¿Nos adentramos un rato en la iglesia de Macotera?

 

 

No podemos definir la fecha en la que se construyó la iglesia, Sabemos que su patrocinador fue don Fadrique Álvarez de Toledo, segundo Duque de Alba, esposo de doña Isabel de Zúñiga de Pimentel, hija del Duque de Arévalo, de Plasencia y de Béjar, y que inició su mandato en 1488 y finalizó en 1531, por lo que las obras de edificación del templo se debieron realizar dentro de ese periodo. Tenemos datos documentados que las tribunas se labraron en los años 1550/1552, y se culminaría la obra con la colocación del artesonado.

Se trata de un monumento enorme de  muros de sillería bien labrados, con dos ventanas rasgadas, estrechas, que iluminan su interior. Los ábsides dan cara al oriente y la torre, a occidente, posición del templo que simboliza la vida y la muerte: el origen y el fin de la vida humana.

Su interior presenta una panorámica amplia, que nos permite contemplar el altar y su culto desde cualquier rincón de la iglesia u otro elemento, por lo que se define de “planta de salón”. Y esta característica de nuestra iglesia se debe a la singularidad de la presencia de los dos arcos escarzanos, desiguales y muy atrevidos, que dividen la iglesia en tres naves sin necesidad de utilizar columnas y pilares en los que apoyarse. Una verdadera obra de arquitectura, que asombra a propios y extraños, y aún más, cuando se les informa de la longitud de cada uno de ellos: 21,50 metros, el próximo a la entrada principal; y 20,50, el de la trasera.

Se apoyan en las pilastras, que separan las tres capillas, en la cabecera; y, en las que limitan los tres tramos de la tribuna, a los pies.

Caminan adornados con las características bolas hispano flamencas, que, igualmente, se repiten en la cornisa por la parte superior del arco.

Si dirigimos nuestra vista hacia adelante, nos tropezamos con las tres capillas: la Mayor, profunda, que da entrada un arco escarzano, que recibe el nombre de Toral, ornado con bolas, y se apoya en dos grandes columnas adosadas, con basa alta y lisa, fuste y capitel; y rematada, en su parte exterior, por un ábside semicircular, reforzado con dos estribos laterales, que contrarrestan el empuje de su bóveda de crucería y terceletes, en cuya clave, figura el escudo del Duque.

La capilla del Cristo de los Misereres, introducida por un arco algo apuntado, abrazada por un ábside también semicircular, poco profundo, y fortalecido por estribo, y cubierta por bóveda también de crucería. (El espacio comprendido entre los dos ábsides y sus estribos fue aprovechado para construir la sacristía nueva).

A la capilla de Nuestra Señora del Rosario, le da entrada un arco escarzado, apoyado en repisas, con su ábside semicircular, que abraza el retablo de la Virgen, bajo bóveda de crucería, propia del estilo gótico.

Con estas pinceladas, queremos certificar que nuestra iglesia, en lo concerniente a su arquitectura, es un edificio de estilo gótico (arco apuntado u ojival y bóvedas de crucería) y hispano flamenco, con la decoración de sus arcos escarzanos con las bolas, típicas de este estilo.

 

La tribuna

 

La tribuna es la joya del templo. Esta obra maravillosa tardó en esculpirse dos años: 1550 a 1552; y trabajaron, en ella, entalladores musulmanes, y renacentistas, dirigidos por los maestros, Pedro Sánchez, Juan de Carmona y Sebastián García; y un tornero, que hizo las rejas de la balaustrada de la tribuna, por encargo de los maestros, y cobró, por su trabajo, mil ciento cuatro maravedís; los tres artistas percibieron setenta y un mil novecientos sesenta y dos maravedís; en madera gruesa para labrar las vigas y en menuda, se emplearon diecinueve mil cuatrocientos cincuenta y seis maravedís.

El tramo correspondiente a la nave central, muestra ocho racimos de mocárabes: dos estrellados y el resto, octogonales. Todo conserva el color negruzco de la madera, oscurecida esta por los años y por el humo de los cirios; pero esta maravilla se completa con el detalle de la cornisa renacentista y la magnífica decoración de la viga.

Toda la viga es un desordenado desfile, en el que participa la más compleja variedad de seres naturales, humanos y espirituales: jarrones, tabernáculos, máscaras, cabezas de serafines alados, una calavera alada, una cabeza de toro, jarrones de los que salen figuras humanas, un medallón con una cabeza de carnero, niños a caballo o en carros, escudos, medallones con los bustos de san Pedro y san Pablo: en las esquinas: los bustos de David y de Moisés. En el tramo central, en su mitad, aparecen dos tenantes, sujetando el escudo de la Virgen del Castillo, compuesto por un jarrón de azucenas y un castillo, Patrona del templo parroquial;

En el friso, hay una serie de cabezas de serafines alados, que se miran, alternativamente, y, sobre ellos, pende una hermosa cornisa de mocárabes, sobre los que descansa la viga que ensambla la balaustrada.

 

El artesonado

 

El artesonado resulta ser una obra magnífica de la carpintería morisca. Está todo entallado y henchido de lacerías, que forman caprichosas estrellas y pentágonos entrelazados; el centro de cada dibujo lo ocupa una gran flor.