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Lunes, 25 de enero de 2021

Ana Mangas, para educar, trazo apasionado

“El educador tiene que ser un guía, yo no creo en la clase magistral, mi alumnado investiga, crea y yo le voy orientando, le voy guiando”
Ana Mangas conversa sobre arte y docencia con Charo Alonso y Carmen Borrego | Fotos: Carmen Borrego

Si yo supiese dibujar –y para la artista y docente salmantina, todos sabemos– dibujaría una casita y un jardín en los que Ana Mangas, toda pasión y entrega, fuera mi maestra, y en los renglones del cuaderno florecerían no las leyes educativas, ni los protocolos imposibles, sino el amor al aprendizaje, la alegría, la tarea diaria del rigor y de la belleza. Aprender y enseñar como un abrazo compartido.

Charo Alonso: Trabajas en un espacio muy especial.

Trabajo en una escuela de innovación y vanguardia educativa, sí. Es muy nueva, nace como rebeldía ante el modelo de escuela tradicional. Un grupo de profesores y de familias deciden crear una escuela donde se trabaje con proyectos, donde no haya libros de texto, el aprendizaje cooperativo sea una herramienta importante en el aprendizaje y que sea una escuela inclusiva donde se abarque una educación para todos y todas, de ahí nace Escuela IDEO. Nace en Las Tablas, en un edificio de oficinas. Yo me incorporé al proyecto cuando ya se había puesto en marcha.

Ch.A.: ¿Se trata de un centro concertado?

No, es un privado, un espacio donde la educación artística está en todos los niveles, no solo en los cursos que marca la ley. Y la Educación Física se da todos los días en Infantil y Primaria y cuatro días en Secundaria y Bachillerato. Ambas formaciones son pilares para nosotros, porque potencian y desarrollan las capacidades para otras cosas. Nos organizamos así, además, no nos vendemos como colegio bilingüe, aunque nuestro alumnado tenga ocho sesiones semanales de Inglés, Inglés, nada de Science ni de Phisical Education porque el Inglés hay que darlo en inglés. De nada me sirve que un alumno esté en science con unos niveles de inglés que no competen a su nivel de aprendizaje.

Ch.A.: Apostáis por un modelo educativo diferente.

A.M.: Tenemos un aprendizaje muy personalizado para cada alumno y vamos en esa línea. Todas y todos pueden aprender, no importa de dónde vengan ni cómo vengan. Es una escuela en la que seguimos aprendiendo todos. La formación del profesorado es también muy importante, nosotros estamos obligados a cincuenta horas de formación que, o bien la damos profesores que estamos allí, en el cole, o recibimos formación de fuera: “visual thinking”, gamificación, aprendizaje cooperativo… Aprendemos con todos, en equipo. Es un centro inclusivo, con niños con muchas dificultades y es un espacio donde van felices y disfrutan. Ahora está situado en un antiguo monasterio de la orden donde estudió Beatriz Galindo, La Latina, que se quedó sin vocaciones. Tiene una construcción antigua siendo moderno, y yo estoy enamorada del claustro, para mi asignatura imagínate y más en estos tiempos.

Ch.A.: ¿Cómo llegas a este proyecto?

Vengo de la enseñanza concertada donde insistía en poner en marcha un bachillerato artístico. Siempre encontraba la misma respuesta: ¡Que no tiene salidas! Me parece tan antigua esa opinión –que no es verdad por cierto–… Con el Bachillerato Artístico puedes hacer Periodismo, Geografía, Historia, Comunicación Audiovisual, Bellas Artes, Historia, Derecho… de las humanidades, todas. 

Carmen Borrego: La gente está muy confundida con el Bachillerato Artístico, a mí me parece durísimo, no solo hay que estudiar las troncales, además hay que  añadir mucho trabajo práctico… Muchas horas…

Muy confundida, cuando me voy a Madrid igual, nuestro alumnado demandaba este bachillerato ¡Y se iba! No a todo el mundo le gusta lo científico, por eso cuando me ofrecieron trabajar en IDEO y levantar un bachillerato artístico allí fui. Las troncales, como dice Carmen, las tienes: Lengua, Historia, Inglés, Filosofía, pero las específicas son duras y bonitas: Dibujo Artístico, Volumen, Técnicas Plásticas, Cultura Audiovisual, Imagen y Sonido. Y nosotros, que trabajamos con proyectos, pues el doble. Nuestras materias, las artísticas, no tienen tanto de memorizar, pero tienen que preparar debates, defender su obra, a mí no me vale que hagan una cosa y luego no me digan por qué la han hecho. El trabajo que hacen siempre tiene el referente de un artista y lo tienen que buscar… Eso lleva tiempo y mucha investigación, pero reconozco que les encanta. Y hay mucha diferencia con respecto a cuando yo estaba dando clases en Secundaria, claro.

Ch.A.: A la Secundaria van obligados y el Bachillerato lo eligen, y más el artístico.

En Secundaria luchas más para que se emocionen con lo que hacen y aquí esa emoción, ya la traen. A mí eso me encanta de mi trabajo. Yo hice Magisterio antes de Bellas Artes porque me encantaba ese mundo, quizás porque lo he mamado: mis tíos se dedicaban a la educación, estaban metidos en el grupo Koiné, defendían la idea de enseñar a través del arte. Lo he mamado desde niña, a menudo recuerdo a mis hermanos –y a mí misma– con un lápiz en la mano y una libreta. Mi madre siempre nos ponía a dibujar, íbamos a San Eloy, donde tuve de maestros a Zacarías González, a Gonzala San Román… Mis hermanos y yo hemos vivido una educación muy artística, que me ha marcado.

Ch.A.: Tu madre es una mujer admirable. ¿Por qué no primero Bellas Artes?

Yo cuando acabé Magisterio no quería opositar porque quería seguir aprendiendo, y tuve la suerte de que el año anterior habían abierto Bellas Artes. Cuando terminé COU, si hubiera querido ir allí en un principio hubiera tenido que salir fuera y mi madre no podía pagarme una educación fuera. Hice Bellas Artes y tenía muy claro que quería dedicarme a educar, hice el doctorado con Álvarez Villar, un profesor de Historia con el que aprendí muchísimo. En ese tiempo de doctorado me llamaron de las Teresianas y empecé a trabajar. Recuerdo que, por mi carácter rebelde, aunque me imponían un libro de texto, yo no quería usarlo. Quería que aprendieran de otra manera, trabajando juntos, investigando. Yo era muy revolucionaria, estaba todo el día colgando trabajos de los alumnos en los pasillos, nos metíamos en las clases de otros profesores y trabajamos juntos. ¿Por qué no se podían compaginar la Biología y la Plástica? ¿O la Lengua y la Plástica? Me fui a Madrid porque mi marido trabajaba allí, aunque yo me resistía porque a mí Salamanca me gustaba mucho. Enseñé en otro colegio luchando por el Bachillerato Artístico y cuando me dieron la oportunidad de estar en Escuela IDEO dije “Este es mi momento”.

Ch.A.: Reconoce que es más fácil ese planteamiento en un espacio diferente.

Lo sé, IDEO parte de gente que cree en una educación innovadora. Por ejemplo, hacemos proyectos anuales en los que interviene todo el cole, desde Infantil hasta Bachillerato. Es cierto que los de segundo están un poco en su burbuja porque tienen que examinarse de la EBAU. ¡Si la EBAU fuera de otra manera! Esa es mi lucha ahora, cuando doy clase en la Pontificia a los alumnos de Pedagogía Creativa, muchas veces se lo digo, y a mis compañeros de la uni, también, esto había que cambiarlo. Acceder a la Universidad mediante un examen en el que se aprenden las cosas de memoria es horrendo, cuando podía ser más tipo americano, yo voy a la Universidad, me hacen una serie de preguntas de por qué quieres entrar, un cuestionario… Yo llevo muy mal este examen.

Ch.A.: Todos lo llevamos mal, Ana, pero es como la reforma de las leyes educativas, se hacen sin consultar a los docentes. ¿Estamos resignados?


Somos poco reivindicativos, yo creo, nos acostumbramos a lo que nos imponen y ahí lo hacemos. No somos un gremio como los médico que enseguida sale a la calle, es verdad que hay manifestaciones de la escuela pública, pero a los que estamos trabajando en otros niveles no se nos oye tanto. En Sanidad y Educación no valen las leyes con apellido, sino el consenso de todos.  A mí me da pena, creo que los educadores deberíamos ser muy rebeldes, y que sin esa rebeldía estamos limitando el acceso a la educación a muchísima gente. He sido rebelde y veía que mi alumnado aprendía con mi sistema. Siempre me han dejado hacer para que mi alumnado aprendiera de otra manera, que es de lo que se trata, y siempre he sido rebelde, siempre.

Ch.A.: Una rebelde que trabaja en equipo y que transmite muy bien sus ideas.

Sí, yo soy de equipo, y ahora en mi Centro hay mucho equipo y no solo en cada nivel, el cole es equipo. No digo familia, que son cosas distintas. Yo puedo trabajar con el profesorado de Infantil, los alumnos vienen a clase de Bachillerato y ven cómo los mayores trabajan. Tienes una idea, la cuentas en el equipo y nadie va solo. Eso sí, hay mucha gente que no quiere esto. Aprovechamos muy poco lo que podemos aprender del otro. Yo necesito trabajar con otros, creo que el mundo artístico necesita mucho de la Filosofía, por ejemplo, o con la de Lengua, que somos uña y carne las dos. A ti te encantaría.

Ch.A.: Ana, no, a mí me resulta personalmente muy difícil trabajar en equipo, y después, creo que nuestra situación es muy diferente.

Yo creo que también la gente se estanca, Charo. La gente se crea su burbuja, no quiere cambiar, tiene puestas orejeras y no me cambies este ritmo porque si me lo cambias, me desorganizas todo. Yo soy al contrario, yo tengo mis programaciones cada año, pero si mi alumnado es distinto y tengo que cambiar, lo cambio. Entiendo la burocracia, tú tienes que programarte lo que vas a dar, lógico, pero si a esto le he dedicado tres sesiones y necesita seis, lo cambio. El aprendizaje requiere tiempo, y cada alumno tiene su tiempo para aprender. Creo que cada cosa tiene su tiempo y tengo mi programación y la doy, pero si en el bloque cinco hay una cosa que surge y me interesa y estoy en el dos, cambio. El docente tiene que transformar y retocar la programación porque lo que tu pretendes es que el alumnado aprenda. Yo uso muchos recursos como el cine, todos los meses tenemos en el cine Doré una peli porque trabajamos con Educafilmoteca, que nos permite cerrar una sala y proyectar una peli para el alumnado. En época de pandemia lo hacemos online, el otro día vimos “Carmina o revienta” y tuvimos en la pantalla a Paco León y todos emocionados hablando con él, se habían preparado unas preguntas, habían visto la peli. ¡Lo que aprendieron ese día!

Carmen Borrego: Yo acabo de estrenarme en la educación y me encanta, y sí encuentro libertad y equipo. Estoy aprendiéndolo todo, feliz…
Es que no nos podemos quedar en los ejercicios típicos. Si quiero que mis alumnos saquen los conectores de un texto voy a pensar cómo puedo hacerlo. El educador tiene que ser un guía, yo no creo en la clase magistral, mi alumnado investiga, crea y yo le voy orientando, le voy guiando. No tienen que hacer lo que yo hago. A mí también me dice el profe de Matemáticas que le resulta complicado, pero siempre hay que vincularlo todo a su mundo porque a ellos el aprendizaje les va a resultar así más atractivo. 

Ch.A.: Yo no estoy tan segura, Ana, hay cosas que no puedes llevar a sus intereses, por ejemplo, detestan trabajar con textos escritos, prefieren lo digital, la imagen, el de mates y yo estamos en las mismas.

Lo sé, y no creas que yo trabajo tanto con lo digital. Yo creo que lo artístico necesita de la textura, del tacto, del color, de esa sensación que yo siento cuando estoy haciendo algo con el carboncillo, con la pluma, con el rotulador que no la tengo con un formato digital aunque tenga esos recursos. Hay que buscar la textura visual que sientes y que hueles. Conmigo primero tienen que sentir el ruido que hace el carboncillo, el rotulador o el óleo cuando se deslizan sobre el papel. Y lo de justificar la obra hace que se acostumbren a tener una expresión oral acorde a cada nivel, pero que sepan utilizar terminología adecuada, que no me empiecen con muletillas… Las TIC son una herramienta, pero no son por donde tienen que aprender, para nada. Estamos además perdiendo a mucho alumnado que no tiene poder adquisitivo para tener una tablet, el chaval a lo mejor dibuja estupendamente, y yo me niego a que se quede fuera nadie por motivos económicos, porque la educación es para todos.

Ch.A.: Aunque cuestione algunas cosas, me emociona vuestro entusiasmo, Carmen, Ana, y vuestro empuje.

Hay que emocionarse, si tienes emoción es mucho más fácil, pero hay que emocionarse con el aprendizaje. Hay que facilitarles herramientas. A mí me dicen los chicos: “Nos lo estás contando tan bonito que me apetece mogollón hacerlo”. Es verdad que yo me emociono muy fácilmente sobre todo con lo que tenga que ver con el mundo del arte y quizás eso lo comunico. 

Ch.A.: Te conocí como artista con aquellos dibujos que hiciste de la obra de teatro sobre Inés Luna, es una forma maravillosa de ver la vida.

A mí me encanta dibujar, libreta y papel están siempre en mi bolso. Para mí es muy fácil, si algo me gusta, el sintetizarlo en una imagen, y de una manera simple porque es un apunte rápido en el que plasmas con un trazo y un color muy plano, algo que le va a llegar a la gente que no ha podido ir a ver la obra de teatro, por ejemplo. Para mí el “visual thinking” es una herramienta en la escuela, tengo mucho alumnado al que le cuesta memorizar, aprender las cosas viendo solo texto, que es lo que tú decías, y muchas veces les digo que lo transformen todo en imágenes. Para hacer “visual thinking” no es necesario saber dibujar. Geometrizas todo lo que ves, lo haces simple, todo el mundo tiene muy claro cómo dibujar un árbol, pero… Dibuja un viaje… Tienes que hacer una metáfora, y trabajar en cómo se combinan texto e imagen, si lo logras, es una forma de ver la realidad y de aprender.

Ch.A.: Pero no sé dibujar… ¿Cómo puedo aprender y enseñárselo a mis alumnos?

¡Conmigo! Tienes la idea de que no sabes dibujar, y no es así. Eso se lo he oído decir a maestros, que ya es grave… Si es un niño quien le escucha, uff, cómo me va a enseñar a mí. Ese miedo que tenemos de adultos es porque en nuestra infancia le hemos enseñado a alguien con toda nuestra ilusión un dibujo y nos han dicho, ay, en vez de decir, qué interesante, qué has querido poner aquí… hay que tener una mente abierta al aprendizaje y a aprender. Y si quieres hacerlo, puedes hacerlo, si te emocionas con lo que haces transmites no sólo la materia, sino la emoción.

Y de emoción se trata y se traza, y de eso saben mucho Ana Mangas y Carmen Borrego, enzarzadas en un feliz intercambio de técnicas y de experiencias. Para ellas, el debate educativo es trazo y pincelada, alegría compartida, tutoría necesaria. Más allá, del eco de los cambios legislativos, la imposición, los usos y costumbres. Borrones de alegría, emoción y atrevimiento. Ana, dibújame un corazón, un libro, un arco iris de pasión, una escuela que sea tuya y mía, nuestra.