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Jueves, 21 de enero de 2021

El pato cojo 

Tiempos de incertidumbre, en que los tramposos tratan de revertir resultados, de revertir el curso limpio de la vida; una vida que, como propugnara Federico García Lorca en ‘Poeta en Nueva York’, da sus frutos para todos; frente a todos aquellos que tratan de impedir como sea que los frutos sean solo para ellos, dejando a los demás en todas las orfandades.

Tiempos de pato cojo, en los que los cínicos se escudan en negacionismos falaces y ventajistas, en su provecho siempre; en que las vacunas le sobrarán al primer mundo, pero le seguirán faltando a los que están fuera de él; como si esta fuera –y volvemos a Federico García Lorca, en su “Grito hacia Roma”– la voluntad de la tierra.

Tiempos precarios en que los sectarios echan de continuo leña al fuego, para avivar dolorosas divisiones históricas en la sociedad, porque tratan de recuperar, como sea, da igual la democracia, sus prebendas y ventajas. Y vociferan y firman manifiestos y hacen lo que haya que hacer, con tal de llevarse el agua a su molino.

Tiempos de espejismos, en que algunos gritan libertad cuando, en realidad, lo que están gritando es privilegios. Da igual a los millones de compatriotas a los que haya que quitarse de encima; como ocurre en afirmaciones impúdicas que atentan contra la elemental dignidad de los seres humanos.

Tiempos de magias, en los que a los hangares se les da el nombre de hospitales, sin despeinarse apenas, y en los que las cifras posiblemente se utilicen según conveniencias, lo mismo que los perimetrajes de lugares, provincias o comunidades y cierres de establecimientos.

Tiempos, tiempos, sí, de tantos patos cojos, sobre los que podríamos seguir redactando enumeraciones hasta el infinito, nada más que nos decidiéramos a mirar en todas las direcciones de la realidad que vivimos.

Nos salvan, menos mal, los sanitarios que cumplen con su esforzada labor en bien de todos. Nos salvan los docentes que, en un dificilísimo trimestre, en que ha habido que tomar tantas precauciones para evitar contagios víricos, han desarrollado y siguen desarrollando su tarea, sin gritos ni exabruptos, en favor de nuestros niños, adolescentes y jóvenes.

Nos salvan todos los sectores de nuestra sociedad que, esforzadamente, realizan sus labores y tareas en bien de todos, para que haya víveres y alimentos, convivencia cívica, y esté cubierto todo tipo de necesidades que podamos tener.

Son también –y esta es la lógica responsable que respeta la mayoría de la población– tiempos de sobriedad, de evitar los excesos dañinos, de guardar esos mínimos gestos, de continuo publicitados, para conservar la salud, la nuestra y la de todos.

Y, en un país que utiliza lo que sea –hasta una palabra– para atizar discordias y disensiones, los ‘allegados’ también caben en la íntima convivencia de los días navideños, pues son –y casi todos los tenemos– esos seres próximos y entrañables, marcados por la amistad y por los afectos.