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Martes, 26 de enero de 2021
Alba de Tormes al día

Exposición de Antonio Oteiza para conmemorar los 450 años de la fundación teresiana de Alba de Tormes

‘A Zaga de tu huella’ mostrará al público los bronces de Oteiza con escenas de la vida de San Juan de la Cruz

Del 12 de diciembre al 31 de enero, el claustro del convento de San Juan de la Cruz será el escenario de la muestra `A zaga de tu huella’ con una veintena de grabados pertenecientes al escultor Antonio Oteiza basadas en escenas de la vida de San Juan de la Cruz. La muestra está organizada por los Carmelitas Descalzos de Alba de Tormes y el Ayuntamiento de la villa ducal, en colaboración con la Diputación de Salamanca y la parroquía y la asociación cultural de Fontiveros. 

Los bronces de Oteiza procedentes de Fontiveros (Ávila), cuna de San Juan de la Cruz, fueron realizados por el artista en los años 1990 – 1991 con motivo del IV centenario de la muerte del santo.

Toda la obra que Antonio Oteiza realiza en Ávila es una experiencia de amor, que él manifiesta en la disponibilidad y la entrega, que ya tiene pero que se aviva y potencia con el espíritu sanjuanista. Oteiza interpreta en múltiples ocasiones la iconografía de los místicos abulenses, San Juan de la Cruz, Santa Teresa, San Juan de Ávila, por cercanía espiritual hacia ellos. Esta experiencia creativa generó una obra escultórica de indudable valor. Casi toda fue realizada en la ciudad de Ávila, exceptuando alguna de ellas, que se realizaron en la residencia del teologado de Ávila existente en la ciudad salmantina. Oteiza estuvo a caballo entre Ávila y Salamanca, residiendo cierto tiempo en ambas ciudades, la presencia creadora y la magnífica obra que generó Oteiza, no ha sido del todo conocida y divulgada.

Antonio Oteiza

Antonio Oteiza nace en San Sebastián el 26 de junio de 1926, hijo de Carmen Embil Giner y José Oteiza Lasa. Misionero, capuchino y artista. Se ha descrito a sí mismo como “capuchino aventurero”. Ha utilizado el arte cómo medio evangelizador. Actualmente está destinado en el convento del “Cristo de El Pardo”, en Madrid, manteniendo una gran actividad a sus 94 años.

A los diez años, se traslada con su hermano Ignacio a vivir a Orio, donde estudia en el Colegio la Salle de Zarauz, a cinco kilómetros de Orio. En 1945 entra en el noviciado de los Capuchinos, en Bilbao y comienza a estudiar Filosofía (1946-48) y Teología (1949-52), siendo ordenado sacerdote en Madrid por el obispo Eijo Garay en 1953. Destinado como misionero en Báyamo (Cuba), pasa 5 años en Venezuela y recorre el Orinoco; allí conoce la cultura de los indios Guayo y los indios Motilones, en la Sierra de Parijá, entre Colombia y Venezuela.

Antonio inicia su carrera como artista realizando sus primeras obras en la década de los 50. 

De vuelta a Madrid en 1961, plantea a sus superiores dedicarse al arte religioso. Recibe clases durante un mes de manos del escultor Víctor de los Ríos y del pintor de San Fernando Amadeo Roca. Monta un taller en el convento capuchino de Cuatro Caminos (Madrid) y allí crea sus primeras obras, perfectamente figurativas, como corresponde a los criterios de una formación académica. Allí realiza piezas como “San Francisco y el lobo”, “San Francisco y las tórtolas” y dos acerca de Pau Casals. En estas se aprecia la confluencia o síntesis formal entre las formas redondeadas orgánicas y los planos geométricos nítidos.

Antonio va definiendo lentamente su propio estilo. Trabaja madera y piedra. A mediados del mismo año se le da permiso para estudiar arte en La Escuela Internacional de Perusa (Italia). A su vuelta, en 1963, Antonio expone en Vitoria con el jesuita Santiago Montes. Durante estos años participa en el movimiento de renovación del arte religioso que promueve el concilio Vaticano II. 

En octubre de 1964 Antonio se ve obligado a desmantelar el taller de Cuatro Caminos, pues es destinado a La Coruña, donde se instala en el convento de Capuchinos de Gijón. Allí reanuda la práctica de la cerámica, en la Fábrica de Loza del barrio del Natahoyo. En Gijón quedan muchos trabajos suyos, que ascienden a casi 20 obras. 

En 1969 pasa un año en Aránzazu con su hermano Jorge, donde trabaja en la obra de la Basílica. Su hermano Jorge es elegido para encabezar la obra junto al arquitecto Saénz de Oiza, los escultores Lucio Muñoz y Eduardo Chillida, los pintores Carlos Pascual de Lara y Néstor Basterrrechea y fray Javier M. de Eulate, autor de las vidrieras. Es la única vez que los dos hermanos trabajarán juntos. 

En 1970 Antonio vuelve a partir rumbo a Recife (Brasil). Durante tres meses remonta el curso del Amazonas en barca, desde Belén a la cordillera de los Andes, donde escribe “Aventurero sin equipaje por el Amazonas”. En enero de 1971 es párroco de Angasmarca, en los Andes peruanos, experiencia que le marca y que refleja en su libro “Cartas parroquiales de Angasmarca”. Vuelve a España atravesando el Pacífico, con lo que completa la vuelta al mundo.

Desde que dejó América atrás, ideaba volver, pero aún no sabía que se iba a a convertir en un aventurero incansable, por los sitios más recónditos de la geografía americana. El riesgo, el miedo, lo desconocido, la propia muerte son límites que él mismo desafía con tal suerte, que en varios cuadernos recogió datos importantes para luego narrarnos día a día, sus vivencias en el río Amazonas. Indudablemente a partir de ahora empieza la obra de su vida, que perdura hasta el día de hoy.

Horario y días de visita

Sábados y Domingos

Mañanas: de 10,00 a 13,30

Tardes: de 16,00 a 19,00