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Jueves, 21 de enero de 2021

Puta mili. O no

¿Quién no recuerda las rapadas de pelo, el uniforme, los madrugones para estar en la comandancia a la hora, los continuos pases de lista, las guardias con los sargentos, las imaginarias, y las tardes en la cantina...?

 

 

Recientemente se puso en contacto conmigo Lucas, un amigo de la mili ¡Qué ilusión me hizo! 30 años han pasado desde aquella época. Lo cierto es que hemos ido tirando de la cuerda para ir localizando a algún que otro compañero de nuestro reemplazo: Miguel, Javier... pues en aquel año y medio de servicio militar para los que íbamos como voluntarios, vivimos intensamente nuestras batallas personales.

¿Quién no recuerda las rapadas de pelo, el uniforme, los madrugones para estar en la comandancia a la hora, los continuos pases de lista, las guardias con los sargentos, las imaginarias, y las tardes en la cantina...? Aquello supuso un paréntesis en mi vida, tuve que paralizar los estudios, pero fue un “cambio de aires” y un tiempo también aprovechado para sacar el carné de conducir y, sobre todo, un tiempo en el que conocí gente fantástica, fueron meses de instrucción en los que se vivía un intenso compañerismo, disciplina, complicidad, sacrificio y otros muchos valores. Nosotros fuimos una de las últimas promociones que hizo la mili obligatoria.

Muchos hablan de ‘la puta mili’ quizá por sus malas experiencias, por la sensación de pérdida de tiempo, el parón de los estudios e incluso en algunos casos la pérdida de sus trabajos. Yo, si pudiera elegir, volvería a hacerla, pues gané mucho más de lo que perdí. Quizá la edad ayudó, diecisiete años, a esa edad puedes con casi todo.

Muchas anécdotas, vivencias (buenas y malas) y sentimientos han vuelto a aflorar con una simple llamada, y también unas tremendas ganas de poder reunirnos de nuevo cuando toda esta locura-covid termine. Las amistades que forjamos entonces son de esas que, aunque pasen muchos años sin vernos, se reavivan con un pequeño contacto. Eso que dice Eduard Punset “encontramos la felicidad en el camino que recorremos mientras la buscamos” es totalmente cierto, y las amistades de aquella época son profundas, nos aportaron mucha felicidad y tienen el potencial de seguir haciéndolo.

A mi cabeza vuelve eso que nos decían durante la instrucción ‘aquí no se corre, aquí se vuela’, por eso de hacer la mili en el ejército del aire, y que a mí me hacía mucha gracia. Recuerdo la entrada: te pelan, te vacunan y te visten de azul… a partir de ahí ya éramos todos iguales, pero iguales de verdad, y con la sensación de que lo más importante que tenías era el compañero de al lado. Una vez que jurabas bandera ya te pasaban a un oficio: carpintería, peluquería, enfermería, otros de camareros, automoción… y yo fui a oficinas, donde curiosamente aún sigo; no sé si lo llevo en la sangre, pues ya desde muy joven me tocó llevar la gestión del negocio familiar y ahora pues sigo echando cuentas.

Ahora, cada uno en su puesto, estamos viviendo tiempos inciertos, nadie sabe realmente lo que pasará y eso da lugar al miedo, pero pienso que este también forma parte de lo que es la vida. Creo que ahora más que nunca necesitamos energía positiva, y pienso que antes de que nos queramos dar cuenta volveremos a reunirnos. Todo esto se marchará poco a poco o quizá de repente, tal como llegó y se fue la mili.