Ya no da más de sí

 

Se trata de una frase, que tiene multitud de usos. Cuando íbamos creciendo o engordando de muchachos, y se nos iba quedando la ropa chica, y no nos sentíamos cómodos ante los demás, el remedio, que nos inventábamos, era tirarnos del elástico y de las mangas del jersey; y la madre nos reprendía: “no estires, que no da más de sí”.

Los tiempos de hoy son otros: lo chico, lo roto, lo deshilachado, lo extravagante “es lo que mola”, lo que luce, la moda, lo que no incomoda. “Lo que da de sí”.

Igual ocurría en la escuela. Si a un chaval le costaba digerir las letras y los números, el maestro se justificaba ante los padres: “es que este chico no da más de sí”. Como podía ocurrir con el aprendizaje de un oficio, con la realización de una tarea, con una conducta, con una reflexión, con cualquier circunstancia de la vida. “No da más de sí”.

Y esta reflexión se puede proyectar a un pueblo, a una sociedad, a una publicación, a cualquier acontecer de cualquier país o comunidad: “es que ya no da más de sí”.

Y yo que empiezo a ser viejo, a tener despistes, a cometer errores, a no acertar en muchas cosas, que incluso llegan a reprocharme por teléfono. Así me ha ocurrido un montón de veces. Y me dicen “que ya no doy más de sí”.

Y, a pesar de que puede ser cierto, que ya empiezo a chochear, no me resigno. Y lo mismo deben hacer los niños, los hombres, las instituciones, los pueblos, las empresas, los negocios, la sociedad…, con dificultades y con estrecheces. No renunciar nunca, porque nos lo impiden nuestro afán de subsistencia, nuestra autoestima y nuestra lealtad con nosotros mismos.

Por eso, cuando nos llegue la frase “ya no das más de sí”. Sigue en la lucha, ya que solo al final de nuestra vida tiene su verdadero sentido: “ Ya no das más de sí”.