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Sábado, 23 de enero de 2021

Concluir 

Buenos días señor Manuel.

Buenos día, rey.

Recordará usted que la semana pasada escribíamos en-SIN DISCREPANCIA- de el periplo de pueblos que recorrí siendo muy joven, casi un niño, en los que mi padre ejerció de –médico-,  y que posiblemente “marcaron” he hicieron posible las expresiones y el-léxico-, que en numerosas ocasiones jalonan mis escritos. Contábamos también el paso por los-Tejares-, de los señores-Francisco Casado y el señor-Emiliano- en Villaflores. Pues bien, hoy nos “toca” investigar lo acaecido en – El Cerro y Poveda de las Cintas. ¿Le parece bien señor Manuel?

De perlas, amigo Anselmo. De paso yo también recordaré un lenguaje, forjado a través de muchas generaciones, y que lamentablemente se ha ido perdiendo.

Vamos a ello. “ Desde Villaflores y ya con 8 años de edad nos fuimos hasta El Cerro, un pueblo  en aquella época “perdido” en la raya de Salamanca con Cáceres; donde puedo asegurarle que en un principio fue un cambio brutal para la familia, pues parecía que habíamos llegado a otro país… que manejaba en su hablar diario palabras desconocidas para nosotros… abardar, cascabullo, achanar, bardazo, barrón, changarro, depriesa, diendo, empanderetado, escarrancharse, hubiendo, meyoría, mortancino, y miles y miles más; a las que pronto la familias se fue adaptando. A ello ayudó mucho, las buenas gentes del lugar y la singular y esplendorosa Naturaleza del entorno. Particularmente esto me afecto mucho, a mis 8 años de edad ya iba de caza (no se lo digan a nadie), con mi padre, y otras con Juan un cerrúo lígrimo con el que había pronto congeniado a pesar de la diferencia de edad. Un día estando en estos menesteres a Juan le salió un jabalí, le disparó, pero falló. Disculpándose después me dijo muy serio y convencido… ¡Ese jabalí va “jerío”!... Desde aquel día quedé “enganchado” a esto del léxico especial para siempre”… y a la caza también”.

Desde El Cerro (y siempre sintiendo la nostalgia), en nuestro periplo nómada nos fuimos otra vez a la planicie de las tierras de labor de la Comarca peñarandina que ya conocíamos bien. Dado que Poveda de las Cintas es lindera con Villaflores. Yo ya tenía 12 años de edad y una vez allí volví a la rutina y la querencia a los tejares. Pues continuaban siendo lugar de reunión local de los desocupados y estudiantes en vacaciones. A los 12 años de edad yo comprendía las palabras que en ese lugar se desgranaban  y propalaban. En Poveda había dos sendos –Tejares-el del señor “Cachucha” y el del señor Félix. Yo era amigo de los hijos de ambos y parejos en edad.

Pero antes de pasar a contaros historias íntimas en esos tejares; quiero deciros que en Poveda también tenían una-Fragua-, la del señor Constancio Fiallegas y era lugar de reunión multitudinaria de los agricultores, estudiantes y desocupados; sin faltar tampoco las fuerzas “vivas” del pueblo, médico, maestro, cura, aguacil, pues por aquel entonces estos profesionales hacían vida día y noche allí en el pueblo. Sin los medios actuales de comunicación  las pocas noticias eran saboreadas y exprimidas hasta el infinito. Nunca faltaba tampoco algún “comadre” varón muy dado a conversaciones triviales de larga duración. En este santo lugar aprendí mucho; no solamente sobre los nombres singulares; las “bigornías” las “herraduras” (ver foto), y mil artilugios más… sino también bastante “gramática parda”. Nunca he olvidado como el señor Constancio me contaba sobre el uso de “las volanderas” ¡pura poesía! Pues se ponían en  el “buge” de las ruedas de los carros de labor: “Para que al chocar ente ellas cuando los carros en carrera frenética por las calles del pueblo para llevar el grano a las paneras arrastrados por aquellas mulas briosas, conducidas por el impetuoso mulero “sacasen” música celestial al chocar entre ellas”…

Pasando ya de lleno a platicar de los dos-Tejares-, le diré señor Manuel sin “jactancia ni alabancia” alguna, que en ellos pasé largos tatos de las vacaciones y me curaron muchos minutos de aburrimiento vacacional; además recuerdo que en el del señor-“Cachucha” tuve una historia singular cuando con mis amigos de correrías Cesáreo y Simón y siempre Hubaldo estábamos en torno a los Hornos de cocer los ladrillos y tejas. Yo tenía una navaja mediana en las manos y cortaba un palo verde de negrillo, Cesáreo y Simón se entretenían tirándose piedras. A mi espalda había un viejo horno derruido de unos tres metros de profundidad. En esto, que veo venir una piedra suelta hacia donde yo estaba y en reflejo defensivo di un paso atrás… cayéndome al fondo del habitáculo de culo. ¡Ni siquiera me dio tiempo a soltar la navaja de las manos! Hubo un gran susto para todos; pero afortunadamente no tuve rotura ni pinchazo. Eso sí; durante al menos una semana ¡no pude sentarme!

Yo tenía preferencia por el –Tejar- del señor Félix pues me dejaba pintar las tejas y ladrillos húmedos antes de ponerlos a secar al Sol.  Puedo asegura que con mis dibujos pinté cientos de ellos… pasados más de ¡50! años, un día glorioso y desconcertante un albañil del pueblo-Ramiro, me llevó a casa la primera teja ¡con mis garabatos juveniles!... (Ver foto), posteriormente fueron apareciendo cada vez que derribaban una casa vieja o la retejaban, varias tejas pintadas más; que conservo (ver foto), como oro en paño.

Me queda contarle antes de –CONCLUIR-, algo más: “En Poveda estaba también el Taller donde se hacían los carros, del señor Anastasio Pinto. Persona seria. Allí aprendí mucho y variado sobre el-léxico- y las palabras olvidadas; la viga, la caña, los radios, las cuñas, los ventriles, los espigos, los bujes (donde el señor Constancio Fiallegas, el herrero ponía las “volanderas” que hacían música celestial), y las tapialejas. De las que guardo recuerdo especial ya que pude pintar una de ellas por deferencia agradecida del pintor de carros artísticos el gran –Zaballos-, de Macotera, que me dejó el hacerlo. Colmando mis aspiraciones artísticas del momento. Y de la que lamentablemente ignoro su paradero. Hubiera sido ¡inmenso! el haber podido recuperarla, como las tejas”…  

Vamos a-CONCLUIR-SEÑOR Manuel.

Sí, concluyamos. Ya es hora.

PUES ESO.